50 preguntas para acorralar a Donald Trump

La situación legal del presidente se verá amenazada si Robert Mueller descubre que miente.

La situación legal del presidente se verá amenazada si Robert Mueller descubre que miente.

Sabíamos que Robert S. Mueller, el fiscal especial que investiga el «Rusiagate», quiere interrogar al presidente Donald Trump. Pero lógicamente desconocíamos la sustancia de ese cuestionario, quizá el más anticipado en la historia reciente de Estados Unidos. Hasta que «The New York Times» publicó ayer la lista completa de las preguntas, y con ella la penúltima tormenta de la legislatura. Primero porque se trata de una filtración obvia, cuya propia naturaleza será aprovechada para cuestionar los métodos de la Fiscalía. Pero también por el tuétano del hipotético interrogatorio, que va de lo político a lo personal y de Rusia a los conflictos con su equipo, sus hipérboles y el incesante río de trolas.

Se trata de nada menos que 50 preguntas, inmediatamente glosadas por unos medios ávidos de novedades. Las hay de todo tipo. Por ejemplo, dedicadas al que fuera director del FBI, y antiguo segundo de Mueller, James Comey, otra vez de actualidad tras la publicación de su explosivo libro de memorias. También a Michael T. Flynn, ex consejero de Seguridad Nacional.

En ambos casos el equipo de investigadores pregunta por las impresiones personales del presidente respecto a la capacitación y moralidad de sus subordinados, pero también por reuniones concretas. ¿Qué sabía Trump de las llamadas telefónicas de Flynn al embajador ruso en EE UU, Sergei I. Kislyak? O bien, ¿cuál fue el propósito de la cena del 27 de enero de 2017 con Comey y de qué hablaron? Y ¿cuál fue el propósito de la reunión del 14 de febrero de 2017, de nuevo con Comey, y qué se dijo entonces? Nótese que el testimonio de Trump será contrastado con las notas de Comey, que, siguiendo la costumbre del FBI, anotaba el contenido de sus reuniones no bien abandonaba la compañía del presidente.

Hay más, por ejemplo, cuestiones relacionadas con sus mensajes en las redes sociales. ¿Cuál era la intención, qué quiso decir con aquel mensaje del 12 de mayo de 2017? Recuerden, «James Comey ya puede rezar porque no haya cintas de nuestras conversaciones antes de que se le ocurra ir a la Prensa». La traducción es exacta, por cuanto Trump acostumbra a escribir con un tono coloquial propio del «New York Post», pero desde luego sí lo es el sentido de su... ¿amenaza? Sí, y a nada menos que al entonces director del FBI.

Pero Mueller no sólo dedica sus indagaciones a los cargos caídos en desgracia ante Trump. También hay hueco para aquellos que, mal que bien, todavía resisten. Caso del fiscal general, Jeff Sessions, al que el presidente ha reprochado una y mil veces que se recusara en el «Rusiagate», dejándole sin parachoques. Como recuerda el «Times», el presidente llegó a humillar al fiscal en una tormentosa reunión que acabó con su dimisión, que no le fue aceptada. Al parecer, continúa el periódico neoyorquino, los colaboradores de Sessions habrían ofrecido a Mueller sus impresiones y recuerdos de la citada reunión.

Respecto a Rusia, claro, hay preguntas muy específicas. Destacan las referidas a la célebre reunión en la Torre Trump. Organizada por uno de los hijos del magnate, Donald Trump Jr. A la que asistieron los tres principales estrategas de su campaña: Trump Jr., Jared Kushner y Paul Manafort. Enfrente, una abogada rusa, Natalia Veselnitskaya. Se había ganado su confianza tras asegurar que poseía información potencialmente dañina para la demócrata Hillary Clinton.

Veselnitskaya no era la única que alardeaba de dosieres explosivos. Otro asociado a la campaña de Trump, George Papadopoulos, también presumía de conocer a rusos al corriente de los secretos sucios de la entonces candidata demócrata. Lo mejor, que Papadopoulos mencionó el asunto incluso antes de que piratas informáticos «hackearan» los servidores del Partido Demócrata. Tras trascender su reunión con Veselnitskaya, Trump Jr. aseguró que habían tratado las adopciones en Rusia. Poco después admitió que no, que en realidad hablaron de Clinton.

Ni que decir tiene, Trump ha disparado en Twitter: «Qué vergüenza que las preguntas sobre la caza de brujas rusa hayan sido 'filtradas' a los medios. No hay preguntas sobre colusión. Oh, ya veo... usted tiene un crimen inventado, falso, colusión, que nunca existió, y que arrancó con una investigación de información clasificada filtrada ilegalmente. ¡Precioso!». Unos comentarios que aparentemente contravienen los consejos de sus abogados, convencidos de que se juega demasiado y conviene mantenerse expectante. A fin de cuentas, el primero que hable y cometa un renuncio, y el FBI, por mucho que se haya puesto en marcha una campaña para desacreditarlo, tiene mucho menos que arriesgar que una Casa Blanca cercada por sus propias inconsistencias.

Recuérdese, en caso de duda, que ayer mismo «The Washington Post» publicó una lista de las cosas engañosas y directamente falsas pronunciadas por Trump desde que es presidente. Nada menos que 3.001 en 466 días. O sea, ¡6,5 falsedades al día! Si finalmente declara, y mantiene el hábito delante de Mueller, y no domeña su peligrosa tendencia a fantasear y/o adornarse, la Presidencia, ahora sí, corre peligro.