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América en el diván

Los recientes y trágicos sucesos de California, Ohio y Texas han elevado, una vez más, las preocupaciones alrededor de la violencia armada y los crímenes de odio. Estas tragedias nos tienen a todos preguntándonos qué ha cambiado ahora en América. ¿Cómo podemos arreglarlo? No hay una única solución para reparar a una nación dividida. No obstante, quizá deberíamos mirarlo de arriba a abajo: qué está haciendo el Gobierno y qué podemos hacer como sociedad.

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Todos hemos oído a expertos acusando a Trump de racismo y de dar luz verde al supremacismo blanco. Están en lo cierto. Recordamos la protesta del nacionalismo blanco en Charlottesville, en 2017, cuando los supremacistas invadieron el centro de la ciudad pertrechados con armas y antorchas y cantando proclamas antisemitas y racistas para protestar por la retirada de la estatua de Robert E. Lee, un general confederado. Los Estados Confederados y su bandera son símbolos de racismo en América y la razón de por qué estas estatuas fueron erigidas bastante después de la Guerra Civil está en que son también esfuerzos de los blancos del sur para mantener su supremacía.

En respuesta a estos sucesos violentos y racistas, Trump tristemente declaró que «había buenas personas en ambos lados». Estas desafortunadas palabras dieron un espaldarazo a los supremacistas que, desde entonces, se han sido envalentonando. Antes incluso de Charlottesville, la retórica de campaña de Trump denunciando una crisis en la frontera ha pintado una imagen de los inmigrantes latinos como «violadores y asesinos». Incluso tras tragedias anteriores, Trump ha mencionado tibiamente el control de armas, como la comprobación de sus antecedentes, pero siempre en la misma frase menciona la reforma migratoria. Es como si intentara mostrar el crecimiento del terrorismo nacional como un problema de la invasión extranjera, culpando a los «otros», los latinos.

¿Es posible culpar al presidente por incrementar la violencia y los actos de odio? Quizá. El presidente tiene la obligación de usar un tono adecuado. Sin embargo, nosotros como sociedad tenemos una responsabilidad también. Todos los atacantes eran jóvenes y, obviamente, perturbados. Encontraron una comunidad y un refugio en internet donde otras personas pensaban lo mismo que ellos y los alimentaron con odio. Antes de la aparición de las redes sociales conectar a estos individuos habría sido más difícil. Nuestra sociedad tecnológica nos ha dejado mirando a nuestros teléfonos y sin darnos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor. La juventud de hoy se siente cada vez más aislada y nosotros hemos visto aumentar la depresión y ansiedad de los jóvenes. A pesar de sus amistades en Facebook, los jóvenes se sienten sin amigos y solos. Nuestro sistema de salud mental nos ha fallado también, nosotros como comunidad hemos fallado al vernos arrastrados al abismo de los «tuits», «likes» y el odio. Europa se enfrenta a los mismos retos, ya que también ha experimentado el ascenso del terrorismo nacional. La diferencia es el fácil acceso a armas, lo cual permite estos tiroteos más comúnmente.

No es una sola causa, no es una solución fácil. No obstante, es necesario poner un tono exigente a los altos niveles, empezar con el presidente y en nuestras comunidades y hogares. Las leyes deben ser aplicadas para parar el fácil acceso a las armas, para regular el discurso de odio en internet y quizá necesitemos todos levantar las cabezas de los teléfonos y reconocer y tratar las enfermedades mentales antes, y/o inspirar a los jóvenes a encontrar una comunidad y un propósito.

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