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Antonis Samaras: «El populismo es una enfermedad que siempre trae desastres»

El ex primer ministro de Grecia expresa, en exclusiva, el balance de su Gobierno y su opinión sobre Alexis Tsipras, que sumió al país en un «corralito» este mismo verano.

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Por primera vez desde que salió del Gobierno, el ex primer ministro griego Antonis Samaras concede una entrevista a un medio de comunicación. Samaras, que tomó las riendas de uno de los países más complicados de la zona euro –y en plena crisis, en 2012–,opina que en Grecia no hubiera hecho falta un tercer rescate si su Gabinete siguiera al frente del país. El político y economista reconoce que está «profundamente decepcionado» con su sucesor, Alexis Tsipras, y el «populismo que representa».

–Ha sido muy criticado en los medios por ser el «hombre de la troika». Pero, ¿qué más podría haber hecho durante su Gobierno?

–Estábamos acelerando la consolidación fiscal y las reformas. ¡Logramos el más rápido recorte del déficit jamás realizado, más de siete puntos porcentuales del PIB en dos años y medio! Implementamos las reformas más competitivas y mejores que jamás se hayan intentado en Grecia en más de 50 años. Hicimos todo esto no porque la «troika» nos lo pidiera, sino porque se tendría que haber hecho en Grecia hace mucho tiempo. Lo cierto es que Syriza no cree en la consolidación fiscal, ni en mejorar la competitividad ni en las reformas. Y la verdad es que durante nuestro Gobierno resistimos a algunas demandas de la «troika» mucho más de lo que ha hecho Syriza. En realidad, en varias ocasiones hemos implementado recortes de impuestos en contra de los deseos de la «troika». Y fuimos capaces de hacerlo porque estábamos superando nuestros objetivos. Mientras, en los últimos nueve meses, el Gobierno de Syriza ha tenido que imponer medidas severas porque perdieron completamente el control de los objetivos fiscales. Es decir, Syriza ha debilitado la posición de Grecia y ha sido forzado a asumir condiciones que nosotros habíamos evitado, resistido o nunca nos sugirieron.

–¿Cree que si la «troika» hubiera dado más tiempo, Grecia no habría necesitado un tercer rescate?

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–Mi Gobierno nunca pidió más dinero o más tiempo. Sólo acentuamos el hecho de que para que las reformas funcionaran totalmente, deberían de alguna manera ser adaptadas al ciclo político. Después de hacer tanto durante dos años y medio, no podíamos ser forzados a hacer más, al tiempo que nos acercábamos a la perspectiva de unas elecciones anticipadas. En cualquier caso, no podemos cambiar lo que ya ha pasado. Debemos concentrarnos en lo que pasará a partir de ahora...

–Cuando usted dejó el Gobierno, la economía griega comenzaba a crecer; ahora la recesión ha vuelto por la inestabilidad política. ¿Volverá la confianza?

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–Espero que vuelva. Pero difícilmente puede ocurrir esto mientras los populistas sigan al frente del país...

–¿Cuál es su opinión sobre su sucesor, el actual primer ministro griego, Alexis Tsipras?

–Insisto en que Tsipras ha destruido las positivas perspectivas para Grecia que mi Gobierno había creado: estábamos saliendo de la crisis fiscal y él nos volvió a meter. Nuestra economía ya estaba en recuperación, después de seis dolorosos años de recesión, y él nos ha traído una mayor recesión. De acuerdo con el FMI, nuestra deuda estaba volviendo a ser sostenible y él ha socavado su sostenibilidad. Estábamos saliendo a los mercados de deuda a por préstamos tradicionales como un país «normal» y nos trajo de vuelta a un programa muy ajustado. En suma, durante nuestro mandato, Grecia se estaba recuperando de la peor crisis en décadas y nos ha vuelto a meter en «cuidados intensivos» en tan sólo unos meses de consejos desacertados y políticas irresponsables. Por supuesto, estoy sumamente decepcionado con él, con el populismo que representa, con todas las escandalosas promesas que hizo para lograr el poder y con todas esas mentiras en las que se basa para seguir en el poder. Pero somos un país democrático. Y lidiamos con nuestros oponentes de un modo democrático.

–¿Alguna vez pensó que iba a ver un «corralito» en Grecia? ¿Cómo hubiera manejado usted la situación?

–En nuestros días, la salud del sector bancario mejoraba constantemente, los depósitos privados aumentaban, nuestros bancos habían pasado los «test de estrés» necesarios y el pasado noviembre ya se encontraban completamente capitalizados. La perspectiva de la llegada al poder de Syriza creó una fuga de depósitos en nuestros bancos. Durante los primeros meses de Tsipras esta salida de depósitos aumentó de manera continuada. En 2012, conseguimos sobrevivir a un gran recorte de la deuda pública –el PSI–, que dañó los activos de nuestros bancos, pero sin llegar a tener que implantar controles de capital. Y cinco meses de Gobierno de Syriza fueron suficientes para provocar lo que habíamos evitado con éxito hasta entonces.

–Durante los siete primeros meses de Gobierno de Tsipras, no pudo de hecho llevar a cabo sus importantes promesas de campaña. ¿Por qué ahora habría de ser diferente?

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–¡Exacto! Sus percepciones han cambiado en cierto modo. Se ha dado cuenta de que «Grexit» es una posibilidad totalmente inaceptable para Grecia. Pero no tiene ni remota idea de cómo evitarlo. Todavía confía en políticas de izquierdas que han fallado en todo el mundo hace mucho tiempo: intensos impuestos y un gran Estado basado en el favoritismo y el clientelismo político. Cuando un populista declarado trata de aceptar la realidad, lo más probable es que tenga un aterrizaje muy duro. El problema es que Grecia no se merece eso.

–¿El Gobierno, con una coalición con los nacionalistas, durará al menos cuatro años? ¿Por qué los votantes de izquierdas han aceptado esta coalición con tantas diferencias vitales?

–No, no creo que dure tanto. Los votantes han comenzado a abandonarle. ¡Tsipras ya ha perdido 320.000 votos en comparación con los de hace ocho meses! Lo que aún amarra a los partidos de coalición no son las convicciones políticas, sino una sed de poder y control. Y esto apenas puede mantener ningún Gobierno unido durante mucho tiempo.

–¿Piensa que la UE y sus líderes han abandonado a países de la eurozona en crisis como España, Grecia y Portugal? ¿Esperaba un mayor respaldo político y económico desde Europa? Personalmente, ¿se siente decepcionado al respecto?

–Bueno, le daré una respuesta más general: la Unión debe apoyar más a Gobiernos con una sobradamente probada reforma fiscal. Cuando damos la impresión –incluso si es superficial– de que estamos «acomodando» a los populistas, ponemos la zancadilla a los gobiernos reformistas. Y esto podría lanzar el mensaje incorrecto.

–¿Cómo valora la gestión de los refugiados por parte de la UE?

–Debemos distinguir entre refugiados e inmigrantes ilegales. Los refugiados provienen de Estados fallidos, zonas de guerra, buscan asilo y deben ser protegidos siempre. Y nuestra Unión debería compartir el coste. Así, para los refugiados tenemos la política de reubicación. No debe importar por dónde entran en suelo europeo, deben ser relocalizados a lo largo de las fronteras nacionales. En cuanto a los inmigrantes ilegales, si no son elegibles para el asilo deberían ser repatriados. O sea que tenemos «relocalización» para refugiados y «repatriación» para inmigrantes ilegales. Ambas políticas deben ser conducidas por la UE y a nivel de los Veintiocho. Y nuestra Unión está tan sólo aprendiendo ahora cómo encarar tales crisis, que tienen dimensiones humanitarias y presentan retos sociales formidables.

–¿Siente que la UE ha dado a Grecia ayuda suficiente? ¿Dónde están los valores europeos como la solidaridad en esta crisis humanitaria?

–Grecia tiene 11 millones de habitantes, con alrededor de 1,4 millones de desempleados... y ya ha recibido más de 1,3 millones de inmigrantes ilegales durante los últimos años. Por encima de esto, ¡Grecia ha recibido más de 300.000 refugiados e inmigrantes ilegales en tan sólo los últimos seis meses! Vienen en oleadas, a través de peligrosas rutas marítimas. Estamos rescatando cientos de vidas a diario, estamos siendo tan compasivos y humanos como nadie, pero estamos muy por encima de nuestras capacidades para lidiar con un problema de tales proporciones. Hay mucho que hacer, disuadir el tráfico y perseguir a los traficantes, pero algo está claro: Grecia no puede enfrentarse a este problema sola. Necesitamos una política europea coherente y efectiva. Es un problema muy por encima de cualquier Estado miembro.

–Si el partido Amanecer Dorado (AD) ha doblado sus votos en Lesbos y Kos, debido a la crisis de refugiados, ¿podría una tendencia similar propagarse con la crisis a lo largo de toda Grecia?

–De hecho, en las últimas elecciones AD perdió votantes comparado con los comicios de enero, e incluso perdió muchos más comparado a las generales de 2012, por lo que AD no está en alza. Está perdiendo terreno en Grecia. Pero no hay duda de que, si la crisis de refugiados-inmigrantes se descontrola, eventualmente dañará la cohesión social en muchas formas. Algunas más desagradables que otras, pero todas muy dolorosas.

–¿Ve en el auge de partidos como Podemos en Europa, que ofrecen soluciones fáciles, una amenaza para el continente?

–El populismo es una enfermedad. Las soluciones fáciles que promete siempre traen consigo desastres estrepitosos, de proporciones sin precedentes, a largo de las fronteras con efectos duraderos: polarizando a las sociedades, paralizando a las economías y envenenando a las democracias. Sí, es una gran amenaza. Y tenemos que combatir sus mentiras con la verdad. Sus políticas irresponsables, con reformas audaces, y sus mensajes divisorios, con unidad, perseverancia y decisión. El populismo es una enfermedad, pero al menos es curable.