Argentina da oxígeno a Maduro

EL chavismo recupera a un aliado. El nuevo presidente aceptará el régimen venezolano, aunque su apoyo estará más condicionado al respeto a los derechos humanos

Nicolás  Maduro y su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, en un acto celebrado esta semana en Caracas
Nicolás Maduro y su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, en un acto celebrado esta semana en Caracas

Twitter se convirtió en el primer marco de acción entre Argentina y Venezuela después del triunfo del peronista Alberto Fernández en las elecciones presidenciales del pasado domingo, en fórmula conjunta con la ex mandataria Cristina Fernández de Kirchner, una aliada del chavismo y de Nicolás Maduro.

El dirigente venezolano lo felicitó desde Caracas, y el argentino le respondió sin calificarlo de «presidente», como al resto de los mandatarios latinoamericanos: «América Latina debe trabajar unida para superar la pobreza y la desigualdad que padece. La plena vigencia de la democracia es el camino para lograrlo», escribió Fernández en su Twitter en respuesta a Maduro.

Juan Guaidó también se sumó al intercambio tuitero. La cabeza del Parlamento venezolano, considerado por el gobierno argentino como legítimo presidente del país petrolero, se limitó a dar la enhorabuena a los electores: «Felicitamos al pueblo argentino por la jornada democrática del pasado domingo, donde resultó electo Alberto Fernández». Dos días después, el martes, Guaidó afirmó que «hemos estado en constante comunicación con todos los mandatarios de la región para trabajar en el proceso de una solución a la crisis venezolana. No será diferente con el presidente electo Fernández», afirmó.

Pero todas esas relaciones ahora están en vilo. Mauricio Macri ha estado frontalmente en contra de la dictadura de Maduro, recibió a Guaidó como presidente legítimo de Venezuela, admitió a su embajadora Elisa Trotta como la única represetante de Caracas ante la Casa Rosada y permitió que la migración venezolana encuentre algunas facilidades de trámites, como aceptar como válidos pasaportes vencidos, ya que el Estado venezolano no los renueva a los expatriados. «Olvidémonos de ese reconocimiento a Guaidó, a su embajadora, a las críticas directas contra Maduro y de una Argentina integrante del Grupo de Lima», advierte Mariano de Alba, abogado especialista en relaciones internacionales, desde Washington. A su juicio, lo que viene serán llamadas indirectas a encontrar salidas negociadas a la crisis interna venezolana, «a que la situación tiene que cambiar».

Cree, sin embargo, que no habrá un acercamiento del peronista con el líder chavista. «El tuit que escribió Fernández denota de cierta forma que no va a ser una relación como la que tenía Cristina Kirchner con Maduro. Primero, porque para la izquierda más moderada el informe Bachelet (sobre violaciones a derechos humanos en Venezuela) es contundente. Y también porque hay mucho recelo, cautela, en retratarse con Maduro». Después de todo, «la foto con Maduro es muy costosa», añade Pedro Urruchurtu, politólogo formado en la Universidad de Georgetown.

No obstante, este académico advierte sobre el Grupo de Puebla, una iniciativa «progresista» de líderes de la región que se conformó en julio pasado y busca, por un lado, hacer frente al Grupo de Lima –que ya perdió a México también con la llegada de López Obrador al poder–, y por otro impulsar al izquierdismo para que resurja en los países donde no gobierna. Alberto Fernández es uno de sus integrantes –junto a Rafael Correa, José Luis Rodríguez Zapatero, Ernesto Samper y otros–, y ahora es el primer presidente en ejercicio entre ellos.

El internacionalista Félix Arellano opina que Alberto Fernández afronta una prueba de fuego: mostrarse independiente de Cristina o quedar como un títere. El ex embajador de Venezuela ante la ONU Emilio Figuereo ahonda en ese dilema: «Creo que el margen de maniobra de Fernández será mucho menor al esperado, vistos los resultados de una diferencia de seis puntos y no de 15 como se esperaba tras las primarias. El partido de Macri quedó como la primera minoría del Congreso en la Cámara de Diputados y el nuevo presidente va a heredar unas condiciones económicas muy difíciles sin tener mayoria parlamentaria. Además, puede haber tensiones con la alianza peronista, como La Cámpora, por ejemplo, que es más radical».

Varios analistas coinciden en que viene un repliegue en las presiones contra Venezuela desde la Casa Rosada. Después de todo, el nuevo Gobierno peronista debe hacer frente a su propia crisis de deuda, a las negociaciones que deja ya firmadas Mauricio Macri, a las tensiones en Mercosur con un Jair Bolsonaro desde Brasil atacando a la izquierda argentina, y a unos acuerdos alcanzados con la Unión Europea que desde el kirchnerismo han sido muy criticados. Aun así, incluso una neutralidad será como un oasis para el chavismo gobernante.

Quienes pudieran tener más preguntas son los migrantes. Alba Jaimes llegó a Buenos Aires hace tres años, huyendo de Venezuela. «Yo le digo a los argentinos que vengo del futuro, yo sé lo que es el socialismo, yo sé la mentira», se lamenta esta analista de seguridad que ahora vende arepas y empanadas.

Fernando Márquez consiguió trabajo en su área, como ingeniero, tras dos años haciendo trabajos particulares. Llegó sin nada, y ya ha logrado que buena parte de su familia se mude. «Ninguno tenemos ya pasaporte vigente, pero el Gobierno ha reconocido nuestra situación. Espero eso no cambie porque quedaríamos expuestos».

Urruchurtu cree que AlbertoFernández recibirá al embajador de Maduro, que desconocerá a la de Guaidó y que restaurará relaciones con el palacio de Miraflores, sede del gobierno venezolano. Mariano de Alba admite que los expatriados pueden ser los más afectados, aunque no descarta que se imponga un criterio distinto: separar el problema migratorio de la diatriba política y asumir medidas puntuales para esa población, sin que eso pase por exigir que haya un cambio de Gobierno en Caracas.