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El Parlamento vuelve a humillar a Boris Johnson

“Mr. Speaker” rechaza debatir de nuevo el acuerdo del Brexit. Los Comunes inician hoy la tramitación del texto. La oposición presentará enmiendas para obligar a convocar un nuevo referéndum o seguir dentro de la unión aduanera

“Mr. Speaker” rechaza debatir de nuevo el acuerdo del Brexit. Los Comunes inician hoy la tramitación del texto. La oposición presentará enmiendas para obligar a convocar un nuevo referéndum o seguir dentro de la unión aduanera

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El «premier» británico, Boris Johnson, sufrió ayer una nueva humillación después de que el presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, rechazara su petición para votar el acuerdo del Brexit cerrado con Bruselas. Hasta ahora, el líder «tory» ha perdido todas las propuestas presentadas en Westminster desde que se mudara el pasado mes de julio a Downing Street. Un portavoz del Ejecutivo mostró su «decepción» al haberse bloqueado una «nueva oportunidad» para cumplir con la «voluntad» que el electorado manifestó en el histórico referéndum del 23 de junio de 2016 sobre la permanencia de Reino Unido en la UE.

Con todo, la derrota de ayer estaba más que asumida. El Gobierno no puede plantear una votación sobre una misma cuestión dos veces. Y, en este sentido, el llamado «Mr. Speaker» recalcó que las circunstancias no habían cambiado desde la sesión extraordinaria celebrada el pasado fin de semana. «Mi decisión es que la moción [del Gobierno] no se debatirá este lunes, porque sería repetitivo y desordenado hacerlo», declaró Bercow.

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Lo cierto es que había gran expectación ante lo que se había bautizado como «supersábado». Sin embargo, sus señorías aprobaron –por 322 votos a favor frente a 306 en contra– la enmienda presentada por el ex «tory» rebelde Oliver Letwin, ahora independiente, que dio un drástico giro a los acontecimientos.

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La ratificación de pacto queda ahora sujeta a la aprobación de la normativa británica con la que se debe implementar la salida del bloque comunitario. Y es que, para garantizar un Brexit ordenado, aparte de la ratificación del acuerdo –tanto en Westminster como en el Parlamento Europeo– se necesita además convertir en ley británica el convenio, un proceso que requiere del visto bueno tanto de la Cámara de los Comunes como también de la Cámara de los Lores.

En este sentido, el Gobierno de Johnson intentará tramitar la ley por un procedimiento de urgencia, dado que su objetivo continúa siendo el de sacar a Reino Unido del bloque el 31 de octubre, que es cuando termina la actual prórroga concedida por los Veintisiete. El portavoz del Gobierno en los Comunes, Jacob Rees-Mogg, aseguró que quiere que el acuerdo de salida concluya su paso por la Cámara Baja este jueves, tras lo cual sería evaluado por la Cámara de los Lores.

Así, hoy intentará forzar la votación por segunda vez de la ley en la Cámara de los Comunes. En caso de contar con el apoyo de sus señorías, se daría por hecho la ratificación del acuerdo de salida, aunque aún faltaría el visto bueno de la Cámara Alta. Sin embargo, está previsto que la oposición presente diferentes enmiendas para plantear desde la convocatoria de un nuevo referéndum hasta dejar a todo Reino Unido dentro de la unión aduanera.

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Esta última sí podría contar con el respaldo de la mayoría de la Cámara Baja. Y de salir adelante, se cambiaría la naturaleza del acuerdo que Johnson ha cerrado con Bruselas, por lo que el Gobierno presionaría para forzar la convocatoria de elecciones anticipadas para antes de que finalice el presente año.

El diputado «tory» rebelde Oliver Letwin asegura que al presentar su enmienda el sábado solo trataba de evitar llegar a un escenario de Brexit caótico «por defecto» el 31 de octubre. En teoría, es cierto que de nada sirve aprobar el pacto, si no se tiene a tiempo la legislación necesaria. Sin embargo, los euroescépticos denuncian que se trata de otra «artimaña» de los parlamentarios proeuropeos para retrasar todo el proceso e incluso intentar evitar en última instancia la salida del bloque.

Bruselas observará con atención cada detalle y esperará primero cómo se desarrollan los acontecimientos en Westminster esta semana clave antes de pronunciarse sobre la petición de la prórroga que Johnson ha tenido que realizar a regañadientes por imperativo del Parlamento.

Al no haberse ratificado el sábado en el Parlamento británico el acuerdo que cerró con Bruselas, la llamada Ley Benn le obligaba a solicitar una nueva ampliación de plazos. La normativa contemplaba todos los detalles, incluso cómo debía ser la redacción de la misiva pidiendo una nueva extensión hasta el 31 de enero de 2020.

En cualquier caso, el «modus operandi» vino con polémica. Johnson mandó tres documentos a Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo. El primero, una fotocopia de la Ley Benn sin la rúbrica del primer ministro. El segundo, una nota de Sir Tim Barrow, representante de Reino Unido en Bruselas, especificando que eso es lo que quiere el Parlamento, pero no el Gobierno. El tercero, otra misiva, esta vez sí firmada por el primer ministro, explicando que una nueva prórroga sería una equivocación.

El equipo legal del Ejecutivo asegura que se está cumpliendo con la Ley Benn porque, aunque le obliga a pedir nuevos plazos, en ningún momento le impide cambiar su política, que es sacar al país del bloque europeo a finales del mes de octubre.

El Tribunal de Escocia debía haberse pronunciado ayer al respecto, pero finalmente pospuso su decisión. Aunque en un principio se temía que la polémica podría terminar una vez más en el Tribunal Supremo, máxima instancia judicial de Reino Unido, parece que hay consenso entre los expertos de que el primer ministro ha cumplido con la normativa. Aunque en Bruselas tampoco agradaron las formas, también se asume que se solicitó una tercera prórroga.

En definitiva, con el psicodrama Brexit todo ha llegado ya a un punto tan técnico y rocambolesco que resulta complicado entender qué está pasando con un divorcio que se antoja eterno.