Brasil se moviliza contra Rousseff

Más de un millón de brasileños piden por todo el país la dimisión de la presidenta por la corrupción. El principal socio del Gobierno está estudiando salir de la coalición, lo que provocaría la caída de Rousseff

Unas 100.000 personas se reunieron ayer frente al Congreso Nacional en Brasilia para apoyar el juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff
Unas 100.000 personas se reunieron ayer frente al Congreso Nacional en Brasilia para apoyar el juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff

Más de un millón de brasileños piden por todo el país la dimisión de la presidenta por la corrupción. El principal socio del Gobierno está estudiando salir de la coalición, lo que provocaría la caída de Rousseff

Al menos un millón de personas (al cierre de esta edición no había datos oficiales definitivos) salieron ayer a las calles de todo Brasil para pedir la salida del Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff. En un nuevo episodio de la grave crisis política que vive la mayor economía de América Latina, los manifestantes tomaron masivamente las calles de 400 ciudades como Sao Paulo, Río de Janeiro o Brasilia para protestar por los escándalos de corrupción que salpican ya a los más altos estamentos del crucial país.

Al término de una semana en la que el ex mandatario Luiz Inacio Lula da Silva fue acusado de lavado de dinero y de falsedad ideológica por la Fiscalía de Sao Paulo, los brasileños enviaron un contundente mensaje de rechazo al Gobierno. «Hemos llegado al máximo de nuestra indignación. El caso del presidente Lula, que ahora quiere librarse de la cárcel ocupando un ministerio y ganando aforamiento, ha aumentado el número de indignados», explicó a LA RAZÓN Adriana Baltazhar, una de las líderes en Río de Janeiro del movimiento Sal a la Calle. «La gran diferencia entre ésta y las anteriores manifestaciones es el gran número de personas presentes. Veo la caída del Ejecutivo en los próximos tres meses», vaticina.

Las referencias a varios partidos implicados en el escándalo de Petrobras y a grandes empresas involucradas, como la constructora Odebrecht, reflejan el hartazgo de los brasileños no sólo con una sigla política, sino con una red de corrupción que se revela sistémica. «Queremos que nuestro país tenga un futuro mejor. Nosotros somos el futuro, somos las próximas generaciones, y tenemos que luchar», dijo Matheus Cardozo, un joven de 15 años con vestimenta rockera que, junto a dos amigos, portaba imágenes con el rostro de Rousseff bajo un signo de prohibición. «No creemos en el Gobierno. Ya tenemos muchas pruebas de que es corrupto. Si Brasil continúa así, no avanzaremos».

Sao Paulo, capital económica del país y feudo de la oposición, fue de nuevo la ciudad que más personas congregó. Una impresionante marea vestida de verde y amarillo tomó la avenida Paulista en un ambiente pacífico y festivo para cantar canciones contra Lula, Rousseff y el resto de imputados de la «operación Lava Jato». Las protestas fueron multitudinarias en otras urbes como Belo Horizonte o Porto Alegre, incluso en Recife y Salvador de Bahía, donde el Partido de los Trabajadores de Lula y Rousseff cosechan sus mejores resultados electorales.

La estrella del evento fueron unos pequeños muñecos inflables de Lula vestido de presidiario, que miles de personas en todo el país portaban junto a pancartas en las que se pedía la salida del Gobierno. En contraposición, el juez Sergio Moro, que dirige la «operación Lava Jato», que desvela los desvíos de Petrobras y firmó la orden para interrogar a Lula la semana pasada por su implicación en la trama, fue vitoreado y aplaudido.

Aunque había cierto temor, incluso en el Ejército, de que el creciente clima de polarización social derivara en enfrentamientos entre detractores y defensores del Ejecutivo, no fue registrado hasta media tarde de ayer ningún incidente grave.

El cerco judicial a Lula por su presunta implicación en la trama Petrobras –se sospecha que recibió siete millones de euros de origen ilícito y dos inmuebles cuya propiedad niega– ha provocado un terremoto político en Brasil y ha dado fuelle a la oposición para lograr que el «impeachment» (juicio político) prospere en el Poder Legislativo. «Vamos a la búsqueda de una salida para este ‘impasse’ a través de la Constitución», prometió ayer el senador Aécio Neves, presidente del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y perdedor en la última elección presidencial.

Rousseff, quien medita dar a Lula un ministerio para que su mentor y antecesor pueda beneficiarse del fuero y escapar así a la Justicia ordinaria, dijo el viernes que no piensa dimitir. Sin embargo, su principal aliado, el Partido de Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) de su vicepresidente Michel Temer, amaga con abandonar la coalición gubernamental, lo que supondría un aislamiento casi insostenible del Ejecutivo.