Cameron pide a la Unión un divorcio «constructivo» amistoso

El «premier» bitánico resiste la presión de los 27 y reitera que será su sucesor quien active el proceso de desconexión entre Londres y la UE.

El «premier» bitánico resiste la presión de los 27 y reitera que será su sucesor quien active el proceso de desconexión entre Londres y la UE.

Angela Merkel vuelve a marcar de nuevo el paso en la UE y el mensaje, al menos por el momento, es contundente. La Unión, si bien no cierra las puertas a Reino Unido, no está dispuesta a otorgarle una relación a la carta en la que pueda beneficiarse del mercado único pero sin establecer la libre circulación de personas. «Quien quiera dejar esta familia no puede abandonar todas sus responsabilidades y mantener sus privilegios», aseguró Merkel ante el Parlamento alemán poco antes de viajar a la cumbre comunitaria, en la que los líderes europeos tenían como misión principal que David Cameron les diera explicaciones ante un proceso con múltiples aristas y que siembra desconcierto en las capitales europeas. «Debe haber una diferencia palpable entre un país que quiere ser miembro de la UE o no», aseveró la canciller mientras recordaba que países como Noruega se benefician del mercado común a cambio de respetar la libre circulación de trabajadores y contribuir al Presupuesto europeo.

El «premier» británico llegó ayer al edificio del Justus Lipsius –en principio será la última vez que pise el lugar de encuentro habitual entre los líderes europeos– ante una gran expectación y con cierto ánimo conciliador. «Quiero que el proceso sea tan constructivo como sea posible. Y espero que el resultado no sea negativo porque aunque nos vayamos a ir de la UE no debemos dar la espalda a Europa. Estos países son nuestros vecinos, nuestros amigos, nuestros aliados, nuestros socios. Y, de verdad, espero que busquemos la relación más factible en términos de comercio, cooperación y seguridad, porque va en nuestro beneficio y el suyo. Ése es el espíritu en el que yo creo que tendrán lugar las conversaciones de hoy», aseguró horas antes de la cena, dedicada a pedir respuestas a Cameron e intentar aportar luz sobre el escenario que se avecina tras la ruptura del club.

Los plazos siguen preocupando, pero tras la reacción inicial, en las capitales europeas ha calado el mensaje de que, si bien no se puede esperar eternamente, lo lógico es otorgar algo más de tiempo de reflexión a Reino Unido para esperar a que amaine la tormenta en medio de las presiones independentistas de Escocia y los atolladeros en los que se ven sumidos los dos principales partidos, los «tories» y los laboristas.

Berlín es el principal defensor de esta manera de gestionar la crisis frente a la postura defendida por el presidente francés, François Hollande, con un mensaje mucho más enérgico a la hora de ejercer una mayor presión sobre los plazos. Se espera que el sucesor de Cameron sea elegido en el próximo mes de septiembre. Mientras, se desconoce hasta cuándo están dispuestas a esperar las capitales europeas, si bien se mantiene la máxima sobre la que parece no haber dudas: no habrá negociaciones ni formales ni informales hasta que Cameron no haya activado el proceso de partida a través del artículo 50 del Tratado de Lisboa, que prevé dos años iniciales para la desconexión.

«No estamos en Facebook donde el estado puede ser complicado: o estás casado o divorciado», aseguró ayer el primer ministro luxemburgués Xavier Vettel mientras criticaba a Cameron por haber sumido a la Unión Europea en la mayor crisis de su historia por un «cálculo político nacional». El primer ministro belga también avisó de que «no pienso aceptar un chantaje infinito de Gran Bretaña», mientras advertía de que no se puede tolerar que Reino Unido se dedique a jugar con Europa durante meses. Hollande prefirió no apelar a su entrada a la reunión a los plazos, pero hizo valer las turbulencias vividas en Reino Unido como el mejor antídoto contra los deseos rupturistas.

Mientras tanto, es necesario poner coto a la incertidumbre que reina sobre Reino Unido. En los habituales chascarrillos europeos, incluso algunos diplomáticos han apostado alguna cena en un buen restaurante a que Reino Unido postergue sine die la activación del artículo. Las dudas sobre el proceso, también en los detalles puramente técnicos.

Tras la cena, Cameron insistió en que será su sucesor quien a partir de septiembre active el artículo 50 y negocie la futura relación entre Londres y Bruselas. Asimismo, el «premier» británico reconoció que seré difícil permanecer en el Mercado Único sin aceptar la migración. «Obviamente es un desafío difícil, porque la UE ve el mercado único como un mercado único de bienes, servicios, capitales y personas, y esas cosas van juntas», señaló.

Mientras, Merkel insistió en que no ve «ninguna manera de revertir» el brexit, y señaló que no es el momento de hacerse ilusiones, sino de asumir la realidad. «No veo ninguna manera de revertir esto. Todos, también de cara a las relaciones futuras [con el Reino Unido] haríamos bien en tener en cuenta la realidad. No es el momento de las ilusiones, sino de contemplar la realidad», señalo.

De momento, ciertas cosas han cambiado. El día de hoy estará dedicado a debatir sobre el futuro de la Unión tras la salida de Londres, aunque en los encuentros ya no se contará con la presencia del actual «premier» británico. Las posturas están en la actualidad profundamente divididas y el eje franco-alemán, una vez más, parece no remar en la misma dirección. Mientras Francia aboga, por un lado, por una mayor integración en las políticas de defensa y seguridad, Alemania sigue mostrando su reticencia a dar pasos en falso en medio de la tormenta política y se abre paso, una vez más, la posibilidad de un bloque comunitario más flexible y que daría alas a la Europa de varias velocidades.

Ante lo delicado de la situación, el presidente permanente del Consejo, Donald Tusk, ya ha convocado una nueva reunión también a Veintisiete en el mes de septiembre. Quizás entonces el panorama político se encuentre algo más despejado.