Kurdos y EI desbordan la estabilidad turca

Una cadena de atentados y protestas separatistas sorprende al Gobierno en funciones, amenazado por los yihadistas.

Desde el pasado 20 de julio, Turquía se sumerge en un clima de inestabilidad que no deja de recrudecerse según avanzan las horas. En el último suceso violento de los que están poniendo en jaque a las autoridades del país, dos soldados fallecieron y cuatro resultaron heridos en un atentado con coche bomba en la provincia de Diyarbakir, al sureste del país, que fue perpetrado por militantes kurdos del PKK contra un vehículo militar. El grupo rebelde dio por finalizado el proceso de paz negociado con las autoridades turcas en 2012, e implementado un año más tarde, después de que el Gobierno iniciara, hace tres días, una serie de bombardeos contra sus posiciones en el norte de Irak. «El alto el fuego ha perdido su razón de ser», afirmó en un comunicado el HPG, brazo armado del PKK.

El Ejecutivo de Ahmet Davutoglu ha suspendido las vacaciones del personal de seguridad asignado a labores antiterroristas buscando frenar la oleada de ataques, que también golpearon a Estambul. Dos hombres armados abrieron fuego contra tres comisarías del barrio de Okmeydani en la capital el pasado sábado e hirieron a tres policías y a un civil. En la misma jornada, unos desconocidos dispararon contra otra comisaría en Diyarbakir sin causar víctimas. En torno a 600 personas han sido detenidas en los últimos días en redadas llevadas a cabo en más de una veintena de provincias, según datos ofrecidos por el primer ministro, y las investigaciones para atrapar a los responsables de las últimas agresiones podrían aumentar esa lista.

El conflicto separatista kurdo en Turquía ha vuelto a inflamarse con el atentado suicida de hace una semana en un centro cultural de la localidad de Suruç, en el que fueron asesinadas 32 personas. Los rebeldes kurdos acusaron a las autoridades turcas de asistir con excesiva tibieza al avance del Estado Islámico, emprendiendo la reciente campaña de ataques contra miembros de las Fuerzas de Seguridad. Por su parte, y con renovado vigor, fruto del acuerdo firmado con Estados Unidos por el que Washington podrá contar con la base aérea de Incirlik en su lucha contra el Estado Islámico (EI), Ankara emprendió hace tres días una campaña de bombardeos contra los terroristas del EI en Siria, dirigida además contra enclaves del PKK en el noreste de Irak.

Renuente a sumarse a la coalición internacional que, bajo el liderazgo norteamericano, apoya desde el aire los combates contra los milicianos del califato, el gobernante AKP ha virado esta semana su rumbo, lo que le ha granjeado importantes apoyos. La Casa Blanca condenó el sábado los últimos ataques producidos por el PKK y reconoció el derecho del país a defenderse de los rebeldes kurdos. En una conversación telefónica con el titular de Exteriores, Mevlut Cavusoglu, la líder de la diplomacia europea, Federica Mogherini, expresó su apoyo a los esfuerzos realizados por Turquía contra los extremistas, si bien advirtió de que «los grupos terroristas no deben echar a perder el proceso [de paz] y el alto el fuego debe preservarse». También la canciller alemana, Angela Merkel, llamó al primer ministro, Ahmet Davutoglu, y le garantizó el apoyo germano en la lucha contra el terrorismo, al tiempo que le instó a «no desistir del proceso de paz con los kurdos, sino a aferrarse a él a pesar de las dificultades».

La crisis de seguridad ha agitado la ya reinante confrontación política que se desató con la entrada en el Parlamento del Partido Democrático de los Pueblos (HDP) a principios de junio. A pesar de que no existen vínculos probados entre la formación y los milicianos del PKK, su programa electoral favorable a la causa kurda ha convertido a sus militantes en blanco de encendidas críticas y de acusaciones que podrían derivar en un proceso judicial. El Movimiento Nacionalista (MHP), tercera fuerza política en la Cámara Baja, ha solicitado a la Corte Suprema de Apelaciones que emprenda acciones legales contra el HDP, al considerar que sus reticencias a condenar los atentados los sitúan del lado de quienes los han cometido. «Quedarse impasible ante aquellos que se oponen y actúan contra la Constitución y la Ley de Partidos, así como aquellos que proveen de un blindaje político a la violencia y al terror, significaría, indirectamente, apoyar al PKK», denunció el líder del MHP, Devlet Bahçeli. El copresidente de la formación aludida, Selahattin Demirtas, respondió así en su cuenta de Twitter: «Uno de los objetivos de las operaciones aéreas y terrestres es golpear al HDP en unas elecciones anticipadas. Pero carecéis incluso de las habilidades para llevar a cabo una simple conspiración». Ambos contendientes tendrán que verse las caras el miércoles en la Asamblea Nacional, en una reunión convocada con motivo de las incursiones en Irak y en Siria, país donde Ankara pretende establecer una «zona de seguridad».