Política

Condenados al limbo europeo

A siete meses del referéndum de independencia en Escocia, Bruselas evita andarse con paños calientes. En un aviso a navegantes, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, expresó ayer lo que se viene escuchando en la capital europea desde hace meses: que un país haya sido Estado miembro de la UE durante años no significa que lo vaya a seguir siendo una de sus partes si se declara independiente. Mensaje que desmonta el argumentario de los independentistas escoceses, catalanes o flamencos, que dan por garantizada su pertenencia al «club» comunitario. El único caso en el que un cambio de fronteras no ha inteferido en la membresía en la UE fue el de Alemania, que cuando se reunificó en 1990 no necesitó emprender ningún procedimiento de adhesión adicional.

En cambio, si el 18 de septiembre los 5,3 millones de escoceses deciden en las urnas abandonar Reino Unido tras tres siglos de unión, el nuevo Estado será relegado a la casilla de salida en su proceso de integración europea y en el resto de institucionales internacionales. Según un informe del Gobierno británico, Escocia deberá renegociar los 14.000 tratados internacionales que ha suscrito Londres. En el caso de la UE, Edimburgo deberá llamar a las puertas de Bruselas y obtener el estatus de país candidato, lo que no significa necesariamente que se abran negociaciones. Es el Consejo, que reúne a los Estados miembros, quien debe dar el plácet por unanimidad. Con que un país se oponga, la apertura de negociaciones puede dormir el sueño de los justos. Así le ocurrió a Serbia por culpa del veto holandés o a Macedonia por el rechazo griego. Una vez comenzaran las negociaciones de adhesión, Escocia debería superar 35 capítulos que van de la agricultura a la competencia pasando por la pesca o la energía. Del mismo modo, haber superado este paso no implica obligatoriamente la adhesión. El ingreso de un nuevo Estado miembro requiere el visto bueno de la Eurocámara y de todos los Parlamentos nacionales. Por todo ello, parece poco realista que Escocia llegue a este punto, pues Reino Unido y, sobre todo, España frustrarían las esperanzas de Escocia desde el principio. En recientes declaraciones al «Financial Times», el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, advirtió de que «si Escocia se independiza siguiendo los procedimientos legales e institucionales, pedirá su adhesión. Y si ese proceso ha sido legal, se podrá considerar su solicitud. Si no, no».

Otros separatismos en Europa

Los catalanes en España

La deriva soberanista del presidente de Cataluña, Artur Mas, y sus aliados independentistas se ha convertido en un problema de primer orden en España. Con el apoyo del Parlamento, Mas está decidido a violar la Constitución y convocar un referéndum el próximo 9 de noviembre.

Los flamencos en Bélgica

A tres meses de las elecciones generales en Bélgica, se aguarda con expectación el resultado de los independentistas flamencos, que fueron el partido más votado en Flandes en 2010. Las posteriores negociaciones para formar gobierno agravaron las tensiones entre Flandes y Valonia.

Los corsos en Francia

El Frente de Liberación Nacional de Córcega (FLNC), con vínculos con las mafias locales, recurre al terrorismo para reclamar la independencia de un isla en la que apenas el 20% de la población desea dejar de ser francesa. Su principal reivindicación es el uso del corso como idioma oficial.