Un hombre mata a tres personas en Lieja al grito de «¡Alá es grande!»

Benjamin Heman, de 36 años, aprovechó un permiso penitenciario en Lieja para atacar a dos policías al grito de «Alá es grande» y después disparar contra un joven antes de caer abatido.

Servicios de emergencia en el lugar del tiroteo  en Lieja /  REUTERS/
Servicios de emergencia en el lugar del tiroteo en Lieja / REUTERS/

Benjamin Heman, de 36 años, aprovechó un permiso penitenciario en Lieja para atacar a dos policías al grito de «Alá es grande» y después disparar contra un joven antes de caer abatido.

La tragedia volvió ayer a cernirse sobre Bélgica, esta vez en el boulevard d’Avroy de la ciudad francófona de Lieja, situada al sur del país. Ayer por la mañana, un individuo identificado como Benjamin Heman hirió por la espalda a dos agentes de policía con un cuchillo. Tras arrebatarles sus armas, las remató en el suelo y disparó a un conductor de 22 años que también falleció. Después el atacante se atrincheró en un colegio cercano con una rehén, una mujer de la limpieza, trabajadora de este centro. Tras un intercambio de disparos, Heman fue abatido por los agentes, que consiguieron salvar a la rehén y que ninguno de los escolares sufriera daño alguno. Cuatro policías resultaron heridos de diferente consideración. Al cierre de esta edición, uno de ellos había abandonado el hospital mientras que la vida de otro pendía de un hilo, al haber sufrido un disparo en la arteria femoral.

Hasta aquí los hechos. Ahora comienzan las historias y las preguntas, porque Benjamin Heman era un joven de 36 años que se encontraba disfrutando de un permiso penitenciario. Era un viejo conocido de las autoridades belgas, ya que había estado involucrado en delitos de carácter menor como hurto y tráfico de drogas. Los mandos policiales no han querido confirmar si antes de perpetrar su ataque contra la Policía gritó «Allahu Akbar» (Alá es grande), pero un vídeo conseguido por el periódico «La Libre Belgique» así lo muestra. A pesar de los interrogantes, la principal sospecha reside en que se trata de un ataque yihadista y como tal fue asumido por la Fiscalía Federal, al mando de la investigación.

La hipótesis más plausible es que este delincuente menor fue radicalizado en la cárcel en la que cumplía condena, tal y como lo han atestiguado algunos compañeros de celda que han hablado con la Prensa. Dicen que en su celda han encontrado un Corán y una alfombrilla para rezar.

A pesar de que las autoridades belgas negaron en un principio que Heman se encontrara en ningún fichero de sospechosos yihadistas, los medios informaron de lo contrario. Según la cadena belga RTBF, el joven de 36 años figuraba en un fichero de radicalizados desde el año pasado. Más adelante, esta versión de los hechos fue confirmada en parte por el primer ministro, Charles Michel, que ayer por la tarde acabó reconociendo que el nombre de Heman había aparecido en dos informes de Seguridad del Estado y otro de la Policía, aunque de manera indirecta.

El primer ministro también matizó que la identidad del agresor no estaba en la base de datos de la Ocam, la unidad encargada de evaluar la amenaza yihadista. «Ninguna de las tres autoridades consideraron que estas informaciones merecieran una calificación particular», aseguró el jefe de Gobierno belga.

El ministro de Justicia, Koens Geens, confirmó que el atacante se había beneficiado de un permiso penitenciario de dos días concebido como modo de facilitar su reinserción social, ya que su salida de la cárcel estaba prevista para 2020. Debía haber regresado a prisión precisamente ayer. Heman fue detenido en 2013 y en estos años jamás había estado en libertad condicional, aunque había disfrutado once veces de autorización de una salida de un día y otras trece de un permiso de dos días. El ministro de Justicia destacó ayer la dificultad de prever que un acto de estas características pudiera producirse en una nueva salida de prisión.

Según la prensa belga, el joven nació en Rochefort (localidad cercana a Namur), tenía un carácter violento e inestable y no mantenía contacto con su familia. El país se pregunta ahora si un individuo de estas características puede beneficiarse de un permiso penitenciario. Michael Dantinne, profesor de Criminología en la Universidad de Lieja, reconocía ayer a la cadena RTBF la «extrema dificultad» de medir la radicalización de un preso.

Mientras se aclara lo sucedido, Bélgica llora a sus víctimas. La ciudad de Lieja intentará hoy volver poco a poco a la normalidad. El centro en el que intentó refugiarse el atacante permanecerá cerrado durante la jornada de hoy y un equipo de psicólogos se ha movilizado para atender a los estudiantes, que quedaron ayer en estado de «shock» tras lo sucedido.