El fujimorismo parte a Perú en dos

El ajustado resultado de las presidenciales evidencia una brecha social ante la posible vuelta al autoritarismo

Keiko Fujimori, con las manos en la masa

Unos 23 millones de peruanos, tres más que en la elección anterior, decidieron ayer quién será el sucesor de Ollanta Humala en la presidencia de la República a partir del 28 de julio. La larga y tensa campaña, posiblemente la más ajustada de la vida democrática de este país, llegó a su fin al realizarse el desempate complementario entre Pedro Pablo Kuczynski, ex ministro de Economía y líder de Peruanos Por el Kambio (PPK), y Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular (FP) e hija mayor del ex presidente Alberto Fujimori, preso por delitos de corrupción y crímenes de lesa humanidad.

El fin del proceso electoral peruano, convocado oficialmente por Humala en noviembre del año pasado, trajo sorpresas de última hora. Por primera vez en siete meses de campaña electoral, Keiko Fujimori era desplazada del primer lugar de las encuestas sobre intención de voto. Además, al cierre de esta edición, se conocieron los sondeos a pie de urna que confirmaban esta reciente tendencia. Cabe recordar que la hija del ex dictador ganó la primera vuelta con el 39,85% de los votos, muy por delante de PPK, que obtuvo un 20,99%. Sin embargo, dos de las principales empresas de análisis electoral coincidían tras el cierre de los colegios electorales en dar el triunfo, aunque por un margen muy estrecho de diferencia, al economista y ex ministro del régimen de Alejandro Toledo. Según Ipsos Perú, PPK obtenía un 50,4% mientras que Fujimori un 49,6%. Gfk le daba un 51,2% a Kuczynski y un 48,8% a la candidata de Fuerza Popular.

Literalmente, el pueblo peruano está dividido en dos, una mitad que no tiene reparo en regresar al poder al fujimorismo, y otra mitad, integrada no sólo por simpatizantes de Kuczynski, sino por gente de otros partidos y ciudadanos sin ideología que consideran que en esta elección está en juego la continuidad de la democracia en el país.

Para hoy, la ONPE (Oficina Nacional de Procesos Electorados) ya debe haber dado sus primeros resultados oficiales, pero precisamente por la estrechez entre la intención de votos de los dos candidatos, el jefe de ese organismo Mariano Cucho, hizo un llamamiento a la población para que tenga cuidado con los sondeos a pie de urna y espere a los resultados oficiales.

La jornada en Perú comenzó con los clásicos desayunos electorales presidenciales. En su casa, Keiko Fujimori se puso el delantal y preparó algunos potajes. Decenas de periodistas de todo el mundo lanzaron preguntas a la líder fujimorista, pero una fue la que se escuchó con más fuerza y tuvo que ser respondida por la candidata: ¿qué pensaba de que dos días antes hayan encontrado un móvil en la celda del ex asesor de su padre, el siniestro Vladimiro Montesinos? Keiko se excusó por no dar una respuesta muy extendida debido a que no quería politizar la jornada electoral, pero agregó que le parecía «extraño» que dos días antes de las elecciones «se haga ese tipo de requisas». Finalmente, pidió a las autoridades que investiguen el tema. Muy lejos de ahí, Kuczynski llegaba al populoso distrito de La Victoria para desayunar con sus vecinos el tradicional pan con chicharrón. El aspirante presidencial pidió a los peruanos que acudan a votar «con alegría y pensando en la democracia, que es lo único que nos va a salvar de la corrupción, el narcotráfico y la zozobra».

Mientras tanto, los diferentes medios de comunicación daban cuenta de algunos problemas y retraso en la instalación de mesas, debido a la ausencia de los ciudadanos elegidos por las autoridades electorales para ser los miembros de mesa titulares e incluso suplentes. A las 16:00 (hora local) se cerraron los locales de votación, pero las personas que ya habían ingresado a éstos pudieron ejercer su derecho. A las 10:40 de la mañana, Fujimori llegó al centro educativo Virgen de la Asunción, del distrito limeño de Surco, para ejercer su derecho al voto. La candidata llegó hasta el aula en la que se encontraba su mesa de sufragio e hizo una pequeña cola antes de ingresar. Esos diez minutos fueron aprovechados por sus simpatizantes para darle palabras de aliento y sacarse algunas fotografías con ella.

Veinte minutos más tarde, Kuczynski salió de su casa rumbo al colegio El Olivar, ubicado apenas a nueve manzanas de su vivienda en el distrito limeño de San Isidro. El economista y ex ministro fue ovacionado por sus simpatizantes, quienes corearon el lema «democracia sí, dictadura no», una frase clásica de las marchas en contra del fujimorismo.

Los escenarios son sólo dos: si Keiko gana, tiene una mayoría calificada en el Congreso (73 parlamentarios) que le permitirá tomar todas las medidas que considere necesarias y aprobar leyes a su antojo. Esto ha incrementado el temor del sector antifujimorista, que considera que podría repetirse el autoritarismo del Gobierno de su padre. Si gana Kuczynski, necesitará hacer alianzas electorales para poder gobernar con tranquilidad y cierto respaldo en el Legislativo. La adhesión final a Kuczynski de líderes políticos de diferentes sectores se resume en una frase: «Al menos sabemos que él se irá en 2021, con Keiko no sabemos qué pasará». Mientras, Humala se prepara para dejar el cargo con una eximia aprobación de 11% y una de las desaprobaciones presidenciales más altas de la historia: 85 %.

Con las manos en la masa

Es tradición en Perú que los candidatos a las elecciones posen ante la Prensa el día de los comicios antes de acudir a sus respectivos centros de votación. Lo curioso es que algunos lo hacen preparando un desayuno a sus invitados. Keiko Fujimori cocinó unos huevos fritos a su familia, entre ellos, su esposo Mark Vito, sus hijas, su madre Susana Higuchi, y su hermano Kenji. A Keiko se le quemó el pan con huevo que preparó en una sartén y eso hizo pensar a muchos en la famosa frase peruana de «en la puerta del horno se quema el pan». ¿Premonitorio?