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El Gran Juego de Trump en el Caribe

La amenaza del uso de la fuerza puede ser clave para inclinar la balanza a favor de la oposición venezolana

  • «Está rodeado de escorpiones»: Así describió esta semana John Bolton la situación en la que se encuentra Maduro tras el 30 de abril / Efe
    «Está rodeado de escorpiones»: Así describió esta semana John Bolton la situación en la que se encuentra Maduro tras el 30 de abril / Efe

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05 de mayo de 2019. 03:36h

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Julio Valdeón 5/5/2019

La postura de la Casa Blanca ha sido clave para la evolución de la crisis en Venezuela. Pocas veces en las últimas décadas EE UU se había significado con tanta decisión en favor de los opositores democráticos en un país sometido a las arbitrariedades de un sátrapa. Pero la determinación tiene un precio. Todo lo que no sea la caída de Nicolás Maduro podría anotarse en el debe de un Gobierno estadounidense permanentemente situado en el vórtice de la polémica. Entre las dudas por el futuro del país suramericano y las controversias respecto a los últimos pasos dados por la oposición hay quien acusa a Juan Guaidó de haberse apresurado en exceso. Una opinión que no comparte Roger Noriega, ex embajador de Estados Unidos y ex adjunto al secretario de Estado, actualmente colaborador del «think tank» American Enterprise Institute. Preguntado por la postura de elementos como Vladimir Padrino López, ministro de Defensa y pieza esencial del régimen, el ex embajador ante la Organización de Estados Americanos comenta que «Padrino López es leal a sí mismo y a Rusia. Creo que espera huir a Rusia algún día, después de que Maduro pierda el poder. Padrino también estableció relaciones con el Gobierno de Turquía justo después del falso golpe de Estado de Erdogan. Engañó a los enemigos a fin de que revelasen su deslealtad. Creo que Padrino mantuvo a los rusos informados de sus acciones, porque sabía que los rusos y los cubanos ya estaban al tanto de sus negociaciones con Guaidó. Los hombres como Padrino, que dominan el liderazgo militar, no renunciarán a su fortuna y poder hasta que haya un uso creíble de la fuerza. Saben que Estados Unidos no ha tomado en serio el uso de las armas, incluso aunque fuera como parte de una misión humanitaria. Claro que eso puede cambiar a medida que la Administración de Trump reconsidera todas las opciones».

De momento, la Casa Blanca envía señales contradictorias. Así, mientras el secretario de Estado, Mike Pompeo, y el consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, parecen sugerir que EE UU está más que dispuesto a intervenir militarmente, la CNN informaba ayer mismo de que el presidente baraja enfriar las amenazas vertidas por sus subordinados. Bolton se mostraba más cauteloso esta semana, expresando en privado su preocupación por la solidez de los planes de Guaidó para tomar el poder y obtener el apoyo del Ejército»

Dentro y fuera de EE UU abundan las voces de quienes acusan a Washington, y también a buena parte de la UE, de ignorar el principio que aconseja reconocer como gobierno a quien ostentan el poder. Una doctrina basada en el principio de efectividad, cuya virtud es la de evitar intervenciones en los asuntos internos de los Estados. En opinión de Noriega, «la doctrina Estrada es anterior al avance del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos. Venezuela está poniendo a prueba el principio de no intervención, que es insuficiente en el caso de un narcoestado que afecta la seguridad de sus vecinos de manera indirecta, pero significativa. La doctrina Estrada también es insuficiente cuando se considera el problema de las violaciones de derechos humanos y una crisis de refugiados que desestabiliza a los Gobiernos vecinos».

Respecto a si fue demasiado arriesgado romper la vieja tradición, el diplomático y analista explica que «el reconocimiento de Guaidó se basa en la propia Constitución de Venezuela y en la realidad de que Maduro fue un usurpador y robó el poder político a través de unas elecciones corruptas. Creo que los diplomáticos regionales deben ser reconocidos por haber tomado una decisión trascendental basada en principios. Queda por verse si pueden lograr la caída de Maduro sin la amenaza creíble del uso de la fuerza militar. Eso sería un logro extraordinario». Al preguntarle por los países que todavía apoyan el narcoestado, responde que «los Gobiernos de Chávez y Maduro han comprado literalmente la lealtad de ciertos países y quizás incluso de diplomáticos en particular. Cuando estos Gobiernos regionales se den cuenta de que Maduro va a perder, pueden cambiar sus decisiones y elegir ser parte de una solución democrática».

El cauto optimismo de Noriega no parece ser unánime. Más allá de las voces de quienes, como la senadora Ilhan Omar, condenan sin ambages las acciones de la oposición, minoritarias y escoradas al ala más izquierdista del Partido Demócrata, la mayoría duda de si asistimos al acto final de una inmensa tragedia o si el tirano resistirá, incluso reforzado ante el agotamiento de sus enemigos. Noriega está convencido de que la novela chavista apura sus últimos renglones, de que la revolución democrática es ya inevitable.

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