El órdago de Cameron tiene un precio

Si Reino Unido finalmente abandonara la Unión Europea, el mercado único se contraería en un 15%

Ya es un hecho. Los británicos podrán decidir su futuro dentro o fuera de la comunidad de los Veintisiete. El anuncio del referéndum ha coincidido con el 40 aniversario de la entrada del Reino Unido en la UE. Pero, dejando nostalgias aparte, la noticia no ha sorprendido a nadie.

Ya es un hecho. Los británicos podrán decidir su futuro dentro o fuera de la comunidad de los Veintisiete. El anuncio del referéndum ha coincidido con el 40 aniversario de la entrada del Reino Unido en la UE. Pero, dejando nostalgias aparte, la noticia no ha sorprendido a nadie. El rumor sonaba desde hace años. Es más, la relación con Bruselas siempre ha supuesto un problema para el inquilino de Downing Street. Especialmente, para los conservadores.

De alguna manera u otra, los políticos siempre habían podido capear el temporal o poner algún tipo de excusas para dejar "el muerto"al inquilino siguiente. Pero en el caso de David Cameron, el asunto no se podía retrasar por más tiempo. Por dos cuestiones, principalmente. Primero, porque la presión de sus filas más euroescépticas había llegado a un punto insostenible y las dos últimas revueltas internas habían minado sobremanera el liderazgo del "premier"en la Cámara de los Comunes. Segundo, porque la integración de la zona euro está cambiando las reglas del juego y aunque el Reino Unido maneja libras tiene mucho que decir por el peso que supone su economía. Así que con o sin el beneplácito del pueblo, había llegado el momento de actuar. El problema es que no son pocos los que han advertido que el órdago se ha echado mirando sólo las cartas políticas, sin sopesar todas las consecuencias que podría tener la jugada para la economía.

En un intento por calmar los ánimos, el primer ministro británico ha dicho que, una vez consiga el pacto con el resto de los líderes europeos y transforme Europa en un bloque "más competitivo y flexible"no tendrá ninguna duda para hacer campaña a favor de la permanencia. El pacto, eso sí, pasa por repatriar una serie de poderes que aún no ha especificado.

Con la excepción de Ángela Merkel, que ha sido la primera en apelar a una actitud dialogante con el líder "tory", el resto de mandatarios han mostrado sus dientes y han dicho que no están dispuestos a negociar una "Europa a la carta". Pero todos saben que al final se sentarán a la mesa porque, al fin y al cabo, Londres siempre ha sido una ficha clave.

Según un análisis del think tank Open Europe, si el Reino Unido fuese a abandonar la UE, el mercado único se contraería en un 15%, con hasta 261.400 millones de libras en exportaciones anuales europeas (más que los 165.250 de 2001) y afrontaría potenciales costes extra, mientras que el Presupuesto comunitario sería unos 14.000 millones de euros menor. En un momento en que la Eurozona busca fuentes de crecimiento externo, el déficit anual de Reino Unido con la Unión Europea, de 52.000 millones de libras, resulta importante.

Además, no hay que obviar el papel que ejerce el país para equilibrar las negociaciones de libre comercio. Sin el Reino Unido en la UE, el bloque de los países del Norte, de ideología más liberal, perdería fuerza frente al bloque del Mediterráneo –de tendencia más proteccionista-. Alemania, por tanto, tendría difícil bloquear las propuestas de "reciprocidad"que se incluyen como uno de los principios de la política comercial de la UE, lo que pondría en grave peligro sus exportaciones.

Por otra parte, está el tema de la contribución británica a las arcas europeas, que creció en tres cuartas partes entre 2006 y 2012, de los 3.9 mil millones a £ 7,4 mil millones (€ 4,8 a € 9,2 mil millones). Aunque las transferencias fueron "bajas"en 2008 y 2009 debido a que sufrió una recesión mayor que otros estados miembros, las cosas se normalizaron luego en 2010 y 2011, donde los pagos fueron mayores debido a la recuperación –pequeña, todo hay de decirlo- que vivió el país. Según los últimos datos oficiales, el presupuesto comunitario de 2011 fue de 129.000 millones de euros. La contribución británica fue de 11.300 millones de euros.

Las negaciones del pasado mes de noviembre para abordar los números de los próximos siete años terminaron sin ningún acuerdo. Pero, en esta ocasión es Cameron el más interesado en agilizar los trámites y llegar a un pacto, ya que ya que si no hay nuevo presupuesto antes de marzo o abril, el de 2013 continuará en 2014 sobre una base de mes a mes, y el Reino Unido podría terminar pagando una cantidad muy superior a la que "premier"tiene en mente.

El líder "tory"quiere una congelación en términos reales -o un aumento limitado a la inflación- y se niega en rotundo a cualquier cantidad que supere los 993.600 millones de euros. Además, no quiere que se toque el llamado 'cheque británico', el descuento negociado por Margaret Thatcher en los años 1980 para compensar al Reino Unido por las subvenciones agrarias que reciben otros países de la UE, de las que apenas se beneficia.

Y sus amenazas podrían acabar en veto. Una vez más. En diciembre de 2011, Londres ya se negó a participar en un nuevo tratado que consolidaba la disciplina presupuestaria en la zona euro. En un principio, en la City se descorcharon las botellas de champán, pero luego los expertos advirtieron de las consecuencias que llevaba un aislamiento.

Con el anuncio del referéndum ha pasado exactamente lo mismo. En la City, todos aplauden la intención del "tory"de preservar el acceso al mercado único, privilegio comunitario del que este país no puede prescindir. Pero no hay consenso respecto a la consulta popular.

Por una parte, están los que apoyan el plebiscito. Son reacios a una mayor integración política y fiscal del Reino Unido en la UE y no quieren tener las manos atadas con la burocracia de Bruselas. Por otra parte, están los que temen que la decisión de Cameron perjudique la economía británica y ahuyenten la inversión. "El euro no se ha movido, la libra esterlina no se ha movido...¿De verdad me pide una opinión acerca de algo que puede o no puede suceder en política dentro de cuatro años?", me comentaba un broker esta semana. El líder de los liberal demócratas, Nick Clegg, compañero de coalición en el Ejecutivo, sostiene que el discurso "va en contra del interés nacional"porque "crea una incertidumbre que golpeará la creación de trabajos y el crecimiento".

Lo que respecta al mercado único, con 500 millones de consumidores, ofrece a sus miembros, entre ellos el Reino Unido, un intercambio sin barreras de bienes y servicios y la libre circulación de personas y capital. Según la Organización Mundial del Comercio, el 50% de las exportaciones británicas fue a parar en el 2011 a países de la UE. Se calcula, además, que unos tres millones de empleos dependen del intercambio comercial con la UE. Todos los hogares del Reino Unido "ganan"entre 1.500 libras y 3.500 libras al año gracias al mercado único.

En caso de Londres lo abandonara tras su consulta popular, los aranceles y las barreras comerciales engullirían miles de millones, posiblemente más de los 5.600 millones de euros que Reino Unido aporta ahora como contribuyente neto a las arcas europeas. Las consecuencias podrían ser todavía peores, pues el país ya no se beneficiaría de los acuerdos de libre comercio que la UE tiene con países como Corea del Sur.

Una salida británica del mercado común también tendría grandes consecuencias económicas para el bloque europeo. Por ejemplo, para países como Irlanda, para el que el vecino Reino Unido es su principal socio comercial. Y no es el único caso: más del 11% de las exportaciones de Alemania, el motor económico de la UE, tienen como destino suelo británico.

El propio Cameron apostó durante su intervención en el Foro de Davos por un acuerdo con Estados Unidos, que según sus palabras podría suponer un crecimiento de 50.000 millones de libras (60.000 millones de euros) para las economías de la UE. Pero, debido a su compromiso con el plebiscito, para los inversores del exterior, Reino Unido podría perder la atracción de ser el puente con Europa.