«El reparto de poder entre países y familias políticas en la UE está superado»

Así lo afirma Amélie de Montchalin, secretaria de Estado de Asuntos Europeos de Francia.

Amelie de Montchalin / Reuters
Amelie de Montchalin / Reuters

Así lo afirma Amélie de Montchalin, secretaria de Estado de Asuntos Europeos de Francia.

La secretaria de Estado de Asuntos Europeos, Amélie de Montchalin, representa las esencias del macronismo. Joven, 32 años, pero altamente preparada –estudió HEC en la Harvard Kennedy School y trabajó en BNP Paribas durante la crisis del euro y en la aseguradora AXA– fue la elegida por el presidente francés para reemplazar a Nathalie Loiseau.

Habla pausada pero segura sobre el rol que quiere jugar Francia en la nueva legislatura europea. El primer desafío es el reparto de los puestos de poder en la UE. Para Montchalin las elecciones europeas han arrojado un nuevo mapa político. El duopolio entre populares y socialdemócratas ha dejado de funcionar y se requieren nuevas mayorías en el Parlamento Europeo (PE). «El esquema de países y familias políticas está superado, teniendo en cuenta que hay cuatro partidos políticos que pesan en el PE y eso exige más diversidad», reivindica Montchalin en una entrevista en el Quai d’Orsay con cuatro periódicos españoles y dos agencias de noticias entre los que estaba LA RAZÓN.

Uno de los primeros objetivos de Macron es impedir que el alemán Manfred Weber, del PPE, sea el próximo presidente de la Comisión Europea (CE). En París se cree que si se gana esta batalla, llegarán después otras victorias. Montchalin evita pronunciar nombres, pero insiste en que el nuevo presidente de la CE «debe tener una mayoría de diputados detrás de él». Los populares han logrado mantenerse como primera fuerza en la Eurocámara, pero han dejado de ser un partido hegemónico. Por eso carece de la fuerza necesaria para imponer su candidato. Necesitan pactar. Montchalin niega que Francia tenga una agenda para proponer a un candidato francés –suena en los pasillos de Bruselas el negociador jefe del Brexit, Michel Barnier–, pero abunda en la idea de que «el presidente de la CE debe ser alguien que tenga el margen de maniobra para hacer cosas más ambiciosas y nuevas, que puedan ser respaldadas por el Parlamento Europeo». Rechaza un equilibrio de «países o banderas» y pide una batalla de «ideas y visiones para Europa». «El equilibrio que buscamos es de hombres y mujeres porque si seguimos la lógica norte, sur, este, oeste o las familias políticas, al final nos habremos organizado para no hacer nada», critica. Para Montchalin existe una oportunidad única para que centristas-liberales, populares, socialistas y verdes se pongan de acuerdo. «Son cuatro partidos europeístas que quieren construir cosas y quieren avanzar» en Europa. Defiende, por lo tanto, que los «top jobs» –como se refieren los franceses a los principales cargos institucionales de la UE– sean ocupados por representantes de estos partidos.

«La mejor manera de luchar contra el euroescepticismo y el populismo es demostrar que Europa sirve para mejorar la vida cotidiana de los ciudadanos», afirma convencida para después situar la reforma del espacio Schengen y de el Convenio de Dublin entre las asignaturas pendientes. «Tenemos dos prioridades. La primera es que nuestras fronteras exteriores sean seguras, no podemos tener una política migratoria si no sabemos quién entra en nuestro país. La segunda es que nos falta un derecho de asilo común», explica. Para esta tarea, París cuenta con el respaldo de Madrid. «Existe un acuerdo muy fuerte con España en la necesidad de reformar Frontex y reforzar las fronteras exteriores», detalla la secretaria de Estado. Montchalin quiere construir un sistema que se base en la «responsabilidad y la solidaridad» de los Veintisiete.