El triunfo de ser el tercero

Por detrás de la CDU y el SPD, cinco pequeños partidos serán clave para determinar la configuración del nuevo Gobierno alemán.

Katrin Goering-Eckardt y Cem Oexdemir, líderes de Los Verdes
Katrin Goering-Eckardt y Cem Oexdemir, líderes de Los Verdes

Por detrás de la CDU y el SPD, cinco pequeños partidos serán clave para determinar la configuración del nuevo Gobierno alemán.

Mañana 61,5 millones de alemanes están llamados mañana a las urnas, pero el futuro gobierno podría estar en manos de un escaso 37% del electorado, 22,7 millones. Un porcentaje que, según la última encuesta de Forsa, será el que se decante por votar a los llamados «partidos pequeños», en referencia a unas formaciones que, contrariamente a su peso político, pueden convertirse en la pieza clave de la balanza del Ejecutivo. Atrás queda ese tiempo en el que la Unión Cristianodemócrata (CDU) y el Partido Socialdemócrata (SPD) se repartían cómodamente la mayoría de escaños en un Bundestag, cuya legislación sólo permite el acceso a quienes obtengan al menos un 5% del total de los votos. Dos grupos que se repartieron el poder desde la fundación de la República Federal de Alemania, hace más de medio siglo, aunque casi nunca lograron la mayoría absoluta y dependieron del respaldo de los pequeños.

Mañana, un total de 42 partidos, que abarcan desde formaciones marxistas a neonazis, convergen en las elecciones pero, por primera vez, únicamente cinco tienen probabilidades de entrar en el Bundestag y romper, con toda seguridad, el tablero político germano. Son el Partido Liberal (FDP), la Izquierda (Die Linke), los Verdes (Die Grünen), la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU) y Alternativa para Alemania (AfD). Tres de ellos son veteranos en el Parlamento alemán. El FDP volvería al hemiciclo después de que en las últimas federales no consiguiera reunir el mínimo de votos, y el partido de extrema derecha AfD, en el que será el mayor punto de inflexión de estos comicios, se hará un importante hueco con el detonante de ser asimismo el primer grupo de nueva creación que logra llegar al Parlamento en sus primeras generales.

La gran pregunta

La pregunta ahora es qué partido se hará con la tercera plaza. Un puesto clave, ya que quien lo ocupe podría convertirse en primera fuerza de la oposición y aunque nadie quiere coaligarse con AfD, la última encuesta de Forsa da por hecho que los populistas –con un 11% de los votos–, serán de golpe la tercera fuerza del país, aunque sea a mucha distancia de los dos grandes partidos. Una posición que tendrá un rol fundamental en las próximas rondas de negociación. Motivo de más para que el candidato del FDP, Christian Lindner, haya emprendido durante la campaña una auténtica cruzada ante AfD presentándose como la única opción para aislar a los populistas. El líder de los liberales ha supuesto una auténtica revolución dentro de su partido y le ha abierto la posibilidad de regresar al órgano legislativo. Tras ser borrados del Bundestag, la premisa del joven y carismático Lindner fue «reinventarse o desaparecer», y apostó para su formación por un aire de frescura que la alejó de su añeja imagen de representante de las corporaciones para convertirlo en el de los emprendedores. Algo que, junto a una campaña agresiva y novedosa, le ha llevado hasta su actual 9,5% en intención de voto.

Por debajo de los liberales, La Izquierda y Los Verdes, con un 9,5% y un 7%, respectivamente. Ambos han perdido fortaleza. Tras las elecciones del 2003, la posibilidad de que estos dos partidos formaran gobierno junto al SPD pareció cercana, pero ahora las cuentas no salen y para su sorpresa, muchos de sus votantes han virado hacia la derecha. El programa de La Izquierda, que propone –entre otros puntos– un impuesto del 5% sobre a los patrimonios que superen el millón de euros, plantea un cambio total de paradigma político para el que es difícil encontrar aliados. Con todo, esta formación se mantiene fuerte, principalmente en el este de Alemania. Algo que no ha sucedido con los ecologistas, que han perdido adeptos por una crisis de identidad nacida de su incapacidad de definir su mensaje político. La situación se ha complicado aún más desde que la canciller Angela Merkel hiciera suyas algunas demandas de Los Verdes como el apagón nuclear, el compromiso a favor de la protección del clima o la aprobación del matrimonio homosexual. Por su parte, la CSU se presentará una vez más como socio de Merkel, ya que ambos pertenecen a la misma corriente ideológica, aunque la rama bávara del partido de la canciller es muy conservadora y nacionalista.

No obstante, todas las miradas apuntan a AfD. La formación que nació en 2013 como un partido euroescéptico y adalid del descontento de muchos contribuyentes con los rescates europeos, se convirtió gradualmente en una formación antiinmigración y ultraderechista empujada por la llegada de más de un millón de refugiados a Alemania y por el terrorismo yihadista. La primera fuerza ultranacionalista que llegará al Bundestag desde 1945 tendrá un papel definitorio a partir de mañana. Sin duda, tal y como lo corroboran todos los sondeos, Merkel ganará las elecciones, pero probablemente pierda su mayoría. Entonces, otras muchas voces se interpondrán en su empeño por formar gobierno.