Europa es capital

Desde la trinchera política en la que vivimos desde hace tiempo en España no se ve mucho horizonte, pero conviene levantar un poco la cabeza y ampliar la perspectiva. Las elecciones europeas han sido cruciales

Desde la trinchera política en la que vivimos desde hace tiempo en España no se ve mucho horizonte, pero conviene levantar un poco la cabeza y ampliar la perspectiva. Las elecciones europeas han sido cruciales.

Los españoles hemos batido el récord de participación en las últimas elecciones europeas. Somos el país que más sube respecto a la cita de 2014: más de 20 puntos. El efecto arrastre de las municipales y autonómicas es innegable, pero no es menos cierto que el Brexit y el riesgo de que eurófobos y populistas camparan a sus anchas en nuestra Eurocámara nos motivó a tomar parte en los comicios mayores del planeta –a excepción de India–. Y ello a pesar de que no se puede decir que el «tema europeo» tuviera peso alguno en la campaña. Incluso en el debate que organizó RTVE con los candidatos al Parlamento de Estrasburgo, fue el asunto catalán el que monopolizó gran parte de las agarradas más sonadas. Esto no es nada nuevo. Desde los primeros comicios celebrados el 10 de junio de 1987, en este país las europeas se han votado en clave nacional. No es que votemos exactamente lo mismo que en unas generales, aunque sí lo hacemos teniendo en la cabeza cómo puede afectar nuestra papeleta al panorama político doméstico. Una circunstancia que no se explica por una supuesta aversión a la UE, ya que los españoles somos de los más europeístas desde siempre. Y seguimos siéndolo: el Eurobarómetro de otoño pasado nos colocó en la cuarta posición de las naciones que más sienten los colores.

Aun así, existe la creencia de que las disposiciones de Bruselas no nos afectan tanto. Nada más lejos de la realidad. Desde que triunfara la moción de censura socialista en junio de 2018, el Gobierno de Sánchez ha aprobado 58 leyes y decretos de los cuales 32 son trasposiciones de directivas comunitarias. Esto significa que el 61,5% de la actividad legislativa de Sánchez ha tenido una relación directa con la política europea. Se trata de cosas que afectan a nuestra vida diaria y a nuestro bolsillo, como los permisos de paternidad, la prohibición paulatina de ciertos productos de plástico o la eliminación del roaming. Otra razón por la que nos deberían importar los resultados del pasado domingo es económica. En 2017 recibimos de la UE 14.075,41 millones de euros, de los cuales un 54,13% acabó en el sector agrícola, otro 32,6% fue a políticas estructurales y de cohesión y en torno al 10% sirvió para proyectos de Investigación y Desarrollo. Y una curiosidad que poca gente conoce: la prolongación de la línea 8 del Metro madrileño hasta el aeropuerto fue financiada en un 80% por Europa.