Europa se acostumbra a vivir bajo el síndrome yihadista

El Estado Islámico ha decidido incrementar los ataques terroristas contra Europa y utiliza para ello tanto células como «actores solitarios»

Las banderas de Alemania y de la UE ondearon ayer a media hasta en señal de duelo por el ataque de Múnich
Las banderas de Alemania y de la UE ondearon ayer a media hasta en señal de duelo por el ataque de Múnich

El terrorismo yihadista tiene sus propios fines estratégicos, como la implantación de un «Califato» a nivel mundial, para lo que se fija unos objetivos tácticos (supeditados a los estratégicos), entre los que figuran la desestabilización de las sociedades occidentales a través de la implantación del terror a todos los niveles. Lo están consiguiendo, y lo ocurrido el viernes en la ciudad alemana de Múnich es prueba de ello.

La sociedad europea, con una amenaza que los expertos califican de «líquida», pues se manifiesta de forma especial cuando se producen atentados o hechos que pueden parecer acciones terroristas (en el intervalo, la tensión se relaja), vive bajo el síndrome del peligro yihadista. Es un sentimiento que crece día a día, ya que los pistoleros tratan de transmitir, y muchas veces lo logran, la falsa imagen de que son imposibles de detectar y que, en cualquier caso, una vez cometido el crimen, se suelen suicidar con el fin de causar el mayor número de víctimas.

En la tarde-noche del viernes, la duda en las redacciones periodísticas, aumentada por la falta de datos que ofrecían las autoridades policiales alemanas (lo que se ha demostrado como un acierto, pues ha permitido aclarar los hechos en un tiempo razonable), era si estábamos ante un atentado perpetrado por un «actor solitario» o por una célula de tres terroristas, que, para colmo, habían logrado fugarse. O, lo que era un escenario tan preocupante o más que los anteriores, una iniciativa criminal de la extrema derecha de ideología nazi.

Mientras, la opinión pública europea asistía atónita ante lo que creía una nueva acción terrorista del yihadismo (o una reacción contra los islamistas, que a algunos, aunque no lo digan, les parecería estupenda) y con el temor, lógico por otra parte, de que cualquier día las víctimas pueden estar más próximas, incluso afectarles personalmente.

Es un «éxito», por más que duela reconocerlo, del yihadismo. Su siniestro mensaje ha llegado y ha calado en el ánimo de los ciudadanos: «No viviréis tranquilos hasta que logremos nuestros objetivos», que no son otros que la destrucción de la sociedad occidental tal y como la conocemos –la de las libertades democráticas y la de origen cristiano– y sustituirla por un régimen islamista a base de la aplicación más rigorista de la religión musulmana: la sharía. Están implantando el miedo, que es tanto como decir que están constriñiendo libertades.

En ese empeño, el Daesh, el Estado Islámico, ha decidido incrementar al máximo, en la medida de sus posibilidades, los ataques terroristas contra Europa y utiliza para ello tanto células organizadas como «actores solitarios» (mal llamados «lobos», término utilizado para los terroristas de extrema derecha.

Los cabecillas siguen una táctica cuidadosamente diseñada cuya finalidad primordial, además de implantar el terror, es la de enfrentar a la población con sus gobernantes elegidos democráticamente. En un vídeo difundido por los yihadistas tras el atentado de Niza, los terroristas venían a decir a los ciudadanos galos que, mientras su país siga participando en la coalición internacional contra ellos, continuarán los atentados. Por ello, les conminaban a que les hagan desistir de dicha colaboración.

La solución para este problema no es sencilla, en opinión de los expertos. La opinión pública de Francia es un ejemplo de ello, empieza a interiorizar que sus gobernantes no tienen soluciones fiables para combatir la amenaza. Es lo peor que puede ocurrir, y peor aún que ese sentimiento se extienda a otros países que el Daesh pueda elegir a partir de ahora para iniciar o incrementar los atentados.

En España ya lo han intentado, pero las Fuerzas de Seguridad lo han evitado. La pelota, valga la expresión dado el asunto de que se trata, está en el tejado de los gobernantes: o transmiten a los ciudadanos que, con los medios e información de que disponen, tienen la voluntad decidida de vencer a los terroristas, más allá de las reuniones y coordinaciones, o, como pasó el viernes en Múnich, la sociedad se sentirá cada día más insegura, que es en lo que definitiva buscan los yihadistas.

Europa, según las citadas fuentes, está librando las primeras batallas de lo que, aunque no lo quieran llamar por su nombre, es una guerra subversiva que tiene como argumento fundamental la implantación de una religión mediante la eliminación de la existente, con lo que ello conlleva en todos los aspectos que se puedan imaginar.

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