«Hay una confrontación a muerte entre las facciones del chavismo»

María Corina Machado / Dirigente opositora. Tras el bloqueo «sine die» del revocatorio contra Nicolás Maduro, Machado asegura que la presión popular conseguirá poner fin a la «tiranía» del oficialismo que ha destrozado el país

Las mujeres tomaron ayer las calles de Caracas. En la imagen, Lilian Tintori (esposa de Leopoldo López) y María Corina Machado
Las mujeres tomaron ayer las calles de Caracas. En la imagen, Lilian Tintori (esposa de Leopoldo López) y María Corina Machado

Tras el bloqueo «sine die» del revocatorio contra Nicolás Maduro, Machado asegura que la presión popular conseguirá poner fin a la «tiranía» del oficialismo que ha destrozado el país

Sin pelos en la lengua y con una aplastante determinación, María Corina Machado alzaba la voz como diputada contra los primeros gobiernos de Hugo Chávez una y otra vez hasta que fue apartada de la primera línea de la política, a pesar de haber sido la parlamentaria con más votos en las elecciones de 2010. Esta ingeniera industrial y fundadora de la asociación civil Súmate forma parte de la línea dura de la oposición venezolana, partidaria de echar a Nicolás Maduro mediante la presión popular. En 2011 se postuló en las primarias de la coalición opositora (la Mesa de la Unidad Demócratica, MUD) para liderar el antichavismo, pero perdió ante Henrique Capriles. En 2012 fundó Vente Venezuela, un movimiento político de corte liberal. Y en 2014 fue inhabilitada para ejercer cargos públicos acusada de conspiración contra Maduro y de traición a la patria. Venezuela, asegura en esta entrevista telefónica con LA RAZÓN, no vive una batalla política ni electoral, sino una lucha «existencial». La decisión del chavismo de congelar el referéndum para revocar al presidente augura un final de año tenso en el país suramericano.

–¿Hasta dónde está dispuesto a aguantar el pueblo venezolano?

–La permanencia de Maduro cada día en el poder no se cuenta en horas, sino en muertos. Niños que mueren de hambre y de enfermedades que habían sido erradicadas, como la difteria. Llevamos ya 23 casos de muerte por esta enfermedad sólo en el estado de Bolívar, donde acabo de estar. La devastación que existe en el país no se ve ni en los países africanos. Es insostenible. La sociedad pasa hambre. Las madres no tiene qué dar a sus hijos para comer. Y se están rebelando.

–¿Hay unidad en el país sobre la necesidad de un fin de ciclo?

–El revocatorio en 2016 es una línea roja. La Iglesia católica, las universidades y las academias han llamado a las cosas por su nombre y han mantenido un posición firme. Hay una Venezuela que entiende la magnitud de la lucha que estamos dando. Ésta no es una lucha política ni electoral, es una lucha existencial frente a un régimen totalitario. La sociedad camina firme y erguida, y le exige bien claro al dictador que o cumple la Constitución y se celebra este año el revocatorio o nosotros la haremos valer por la fuerza de la presión popular, con la fuerza institucional de la Asamblea Nacional y el acompañamiento democrático de la comunidad internacional para hacerle entender que su tiempo se acabó y que se tienen que ir. La Constitución ampara en uno de sus artículos el derecho a la desobediencia cívica para hacer respetar la propia Constitución. Así se rebelan los pueblos frente a las tiranías.

–¿Aceptarían un referéndum revocatorio para 2017, como sugiere el Gobierno?

–Hemos aguantado hasta ahora porque hemos apostado por una vía institucional, que es el referéndum revocatorio, pero sólo si se celebra este año. No vamos a permitir la traición de pretender prorrogarlo a 2017 con el fin de que pueda salir Maduro, pero permanecer la dictadura. Eso no lo vamos a aceptar. El régimen pretende, como ha anunciado, bloquear la ruta institucional del revocatorio y se encontrará una sociedad movilizada, organizada y dispuesta a hacer valer su derecho constitucional para que se respete la soberanía popular.

–¿La vuelta a las calles será una excusa para el Gobierno venezolano para abrir un enfrentamiento directo?

–Ése es el chantaje del sistema totalitario, que te da dos opciones: o eres violento o eres inofensivo. Nosotros no somos ni violentos ni inofensivos, somos eficaces. No tenemos armas, sino convicción. La desobediencia cívica es un acto de conciencia, nunca de violencia. Las dictaduras se sostienen, sobre todo, por la obediencia, pero cuando los ciudadanos dejan de obedecer al dictador, las dictaduras se acaban.

–¿Y qué significa en Venezuela desobedecer?

–El periodista que a pesar de la censura dice la verdad, el médico y la enfermera que denuncian el caos en los hospitales, el militar que no acata la orden de reprimir a la mamá que protesta en la calle porque no tiene qué comer. No nos van a callar. Más de un 90% de la población clama por un cambio político. Este régimen se ha quitado todas las caretas. Es una dictadura militarista, corrupta y mafiosa. Ha dejado de ser un proyecto político para convertirse en una organización criminal, y los venezolanos tenemos el derecho y el deber de actuar con firmeza.

–¿Existe un grupo dentro del chavismo que amenace la presidencia de Maduro?

–La realidad es que el régimen es un pacto de mafias. Y los pactos de mafias en ocasiones lucen fuertes, pero son muy frágiles. La información sobre sus delitos que tenían unos y otros y que usaban como mecanismos de contención ha salido a la luz pública, con lo cual ahora se ve que este entramado de corrupción y degradación moral se desmorona. Hay funcionarios que están saliendo de Venezuela y mostrando la cara del régimen y su relación con el narcotráfico. No sé cuál es el grupo que ahora tiene más fuerza porque la realidad es que la situación es volátil y dinámica, pero lo que es evidente es que la confrontación entre las distintas facciones es a muerte.

–¿La intervención de la OEA en la crisis venezolana ha sido eficaz?

–La posición de Luis Almagro al frente de la OEA ha sido muy firme y tiene la confianza de los venezolanos para ser una voz de interlocución entre todos los actores del país, pero para buscar un diálogo hacia la transición a la democracia.

–¿Todos en la MUD piensan igual? Hay dirigentes que son más comprensivos con el Gobierno...

–Eso siempre ocurre cuando enfrentas un régimen totalitario. Hay mecanismos de presión, de cohesión y de amenaza. Este régimen no sólo no tiene escrúpulos sino que, además, tiene todo el dinero del mundo. Es un régimen absolutamente populista que vendió la idea a la población de que se podía vivir sin trabajar y que había dinero para todo el mundo; lo que pasa es que terminaron siendo más corruptos que populistas y se llevaron todo.

–El «papa negro», el venezolano Arturo Sosa, ha dicho que ni el Gobierno ni la oposición de Venezuela tienen un plan para resolver la crisis del país. ¿Qué le parece esta reflexión?

–Los venezolanos tenemos un proyecto de nación muy claro, que es una república democrática liberal, en la cual dejemos atrás el centralismo, el populismo, el estatismo y el clientelismo para crear una sociedad responsable y productiva, que apueste por el talento, una sociedad que apuesta por la transparencia y la independencia en la administración pública. Y, por supuesto, una sociedad que tras 200 años, deje atrás el militarismo, en la que el poder militar esté subordinado al poder civil.