Política

John Kerr: «El Brexit se encalla en los Comunes. Necesitamos un segundo referéndum»

El autor del Artículo 50 del Tratado de Lisboa fue quien redactó la cláusula de salida de la Unión Europea, pero nunca pensó que Reino Unido pudiera activar este mecanismo que fue concebido para los nuevos socios del Este

Lord John Kerr / Foto: Isabel Infantes
Lord John Kerr / Foto: Isabel Infantes

El autor del Artículo 50 del Tratado de Lisboa fue quien redactó la cláusula de salida de la Unión Europea, pero nunca pensó que Reino Unido pudiera activar este mecanismo que fue concebido para los nuevos socios del Este.

Lord Kerr (Grantown-on-Spey, 76 años) asegura que los británicos siempre se habían caracterizado por ser «pragmáticos, aburridos y predecibles». «En todos los años que estuve trabajando en Bruselas, no recuerdo que en ningún momento dijéramos algo sorprendente. Y de repente ahora tenemos todo este caos», explica mientras recorre con LA RAZÓN los majestuosos pasillos de Westminster, donde estos días se vive la crisis más importante de la historia reciente de Reino Unido. Nadie sabe exactamente qué va a ocurrir con el Brexit. Y en este sentido, el que fuera diplomático para Margaret Thatcher o Tony Blair, es toda una autoridad, ya que se le considera el autor del artículo 50, la cláusula de retirada de la UE que nadie pensó nunca que se fuera a utilizar. Ahora, desde su escaño independiente en la Cámara de los Lores, defiende que la opción para solventar el actual escenario es convocar un nuevo plebiscito.

¿Por qué se redactó el artículo 50? ¿Se arrepiente ahora?

Nunca fue una demanda británica. La idea surgió alrededor de 2002. En ese momento, nadie podía imaginar que ninguno de los Estados miembros occidentales fuera a utilizarlo. Nuestra preocupación era más por las nuevas democracias del Este que se estaban planteando entrar en el bloque. Temíamos que una nueva democracia frágil pudiera derrumbarse y, una vez dentro de la UE, pudiera crear confrontación. Consideramos entonces que debía haber una cláusula sencilla para que, llegados a este escenario, pudiera existir una salida ordenada. No creo, por tanto, que la redacción del artículo 50 fuera una equivocación. Pero jamás nadie pudo imaginar que pudiéramos llegar a la situación en la que nos encontramos ahora.

¿Cree que Reino Unido acabará revocando el artículo 50? El Tribunal de Justicia de la UE ha dicho que puede hacerlo de manera unilateral.

Estoy encantado con la decisión del tribunal. No me sorprendió en absoluto. Es lo que yo siempre había dicho. Bajo el artículo 50, el país que quiere salir del bloque debe notificarlo de manera oficial mediante una carta. Theresa May la mandó en marzo de 2017. Pero cualquier Gobierno puede cambiar de idea. Nadie dice que no puedas cambiar de opinión. Por lo tanto, la «premier» aún está a tiempo de retirar la carta. El tribunal ha dejado claro que puede hacerlo sin necesidad de tener el consentimiento del resto de los Estados miembros y también recalca que los términos de la membresía no cambiarían. Hay muchos que dicen ahora que si cambiamos de opinión, nos harán adoptar el euro o unirnos al espacio Schengen. Eso no tiene sentido. El tribunal se ha mostrado muy claro al respecto. Por lo tanto, Reino Unido puede acabar revocando el artículo 50, pero políticamente es complicado si no se celebra antes un segundo referéndum, que creo que es la opción por la que terminaremos apostando.

¿Considera entonces que la celebración de un nuevo plebiscito es la única vía para solucionar este caos?

No la única vía, pero creo que se está convirtiendo en la más probable. Es cierto que estamos ante una situación sin precedentes. Tenemos un Gobierno incapaz de pasar el acuerdo de Brexit en la Cámara de los Comunes. Y ahora el escenario se ha complicado aún más después de que en la última cumbre europea haya quedado claro que Bruselas no está dispuesta a renegociar el pacto. May aplazó el voto en Westminster con la esperanza de conseguir más garantías con el «backstop» [salvaguarda para evitar una frontera dura en Irlanda]. Pero ha vuelto a casa con las manos vacías. Es inconcebible que se vaya a redactar un texto vinculante que entre en conflicto con otro ya escrito. Ahora la primera ministra no está dispuesta a plantear una nueva votación hasta mediados de enero, algo que preocupa a muchos, entre ellos a mí. El tiempo está avanzando y la fecha fijada para la salida es el 29 de marzo. Si para entonces no tenemos acuerdo, no hemos retirado la carta del artículo 50; o no nos aseguramos una extensión, dejaremos el bloque automáticamente sin pacto.

¿Cómo se podría plantear un nuevo referéndum considerando que están las elecciones europeas en mayo?

Sería posible celebrar un nuevo referéndum antes de mayo, aunque en la práctica lo veo muy complicado. Hace falta una legislación, que la Comisión Electoral apruebe el tipo de pregunta. En definitiva un proceso que podría durar alrededor de dos meses. Y luego se necesita tener una campaña. En julio el Parlamento Europeo debe elegir al presidente de la Comisión. Esto no se podría hacer si no hay un Estado miembro representado. Pero creo que se puede encontrar una solución para que pudiéramos estar representados, bien celebrando en Reino Unido elecciones europeas o bien mediante otro mecanismo. Sería un reto para abogados, pero que puede solucionarse con voluntad política. En definitiva, no creo que la celebración de europeas sea un obstáculo para convocar un nuevo referéndum. Se debería solicitar eso sí la extensión del artículo 50 y los Veintisiete tendrían que aprobarlo por unanimidad. Pero si se pide una extensión hasta mayo, junio o incluso septiembre, creo que se conseguiría sin dificultades. Lo más lógico sería, primero pedir una extensión, luego celebrar un referéndum y, si finalmente nos quedamos, retirar la carta. Eso llevaría a muchos a abrir las botellas de champán.

En el referéndum de 2016, el 51,89% apostó por la salida y el 48,11% por la permanencia. ¿Qué ocurriría si los resultados vuelven a ser así de ajustados? La legitimidad volvería a quedar cuestionada.

En 2016, se tendría que haber definido un umbral para la participación y para determinar qué es lo que se debía considerar mayoría. En Reino Unido, no tenemos Constitución escrita y, cuando se convocó el referéndum, David Cameron en ese momento estaba muy seguro de que se iba a ganar. Ahora sería políticamente imposible tener diferentes reglas para un nuevo plebiscito. Creo que, en esta ocasión, el referéndum sí sería decisivo porque si gana de nuevo el Brexit, la extensión del artículo 50 expiraría y tendríamos que abandonar el bloque. Si su pregunta es si un nuevo referéndum crearía caos en la sociedad, la respuesta es no. No acabaríamos como en París. Somos británicos, aburridos y no ponemos entusiasmo a las cosas.

Tampoco hay garantías de que ganara la permanencia.

Las encuestas sugieren que la permanencia ahora saca una ventaja de ocho puntos. En parte porque hay más jóvenes que en 2016 que pueden votar y porque han fallecido más personas mayores que votaron en su día por el Brexit. Aunque la clave de todo es que la gente ha entendido qué significa realmente una salida. Ha entendido que no puedes tener los mismos beneficios de un club si no aceptas las reglas.

A los que piden un nuevo referéndum les acusan de ser antidemocráticos y no respetar la decisión de 2016.

Respetamos el resultado de 2016. Pero pongámoslo de esta manera. En 2016 el Partido Conservador votó para que May fuera su líder. Y esta semana se ha celebrado una nueva votación porque muchos «tories» habían cambiado de opinión. ¿Fue eso antidemocrático? No. No se puede decir que consultar de nuevo a la gente sea antidemocrático. Porque de ese modo no habría elecciones generales cada cierto tiempo. La gente tiene derecho a cambiar de opinión.

El líder de la oposición laborista, Jeremy Corbyn, quiere forzar elecciones anticipadas antes que apoyar un nuevo referéndum.

Unas elecciones generales serían la manera tradicional para solucionar este tipo de problemas, pero no van a pasar porque todos los «tories» rebeldes que habrían votado esta semana contra el acuerdo del Brexit si hubiera habido votación, respaldarían al Ejecutivo en caso de una moción de confianza contra el Gobierno. Los conservadores no quieren elecciones porque van detrás en las encuestas. Los laboristas lo intentarán, pero no lo conseguirán.

Se habla también mucho del modelo «Noruega Plus».

Es una solución atractiva, sí. Pero tampoco la veo posibilidades porque tiene tres grandes inconvenientes. El primero, para los «tories» y especialmente para May, controlar la inmigración era el mensaje principal que dejó el Brexit y, si nos quedamos en el EEE, se tendrá que aceptar la libertad de movimiento. Segundo, para solucionar el problema de la frontera de Irlanda, nos tendríamos que quedar dentro de la unión aduanera y eso impediría negociar nuestros propios tratados comerciales, que es una de las grandes demandas de los «tories» «brexiteers». Y tercero, está el problema del tiempo. Llegar hasta este escenario podría llevar alrededor de cuatro años. No es tan fácil de hacer.

El escenario es muy complejo. La UE va a publicar el miércoles los planes para un Brexit sin acuerdo. ¿Están preparadas la UE y Reino Unido para una salida sin pacto?

No creo que nadie lo esté. En ese escenario, Reino Unido sería el más perjudicado. May es muy honorable. No creo que espere hasta el último momento para convocar una nueva votación en Westminster esperando que, por miedo a un Brexit sin acuerdo, los diputados acaben aceptando su plan. Eso no va a pasar. Y May no quiere correr riesgos. Ahora tiene mucha presión política por parte de los «brexiters» de su partido, pero no llegará una salida sin pacto. Definitivamente, creo que para mitad de enero se valorará la posibilidad de un segundo referéndum.

¿Las negociaciones se podrían haber llevado mejor?

No creo que hayamos negociado bien. May nunca logró poner a su Gabinete de acuerdo respecto a cuál quería que fuera la futura relación con el bloque. Nunca definió su objetivo. Y no la culpo porque era la única manera de mantener el partido unido. Pero los negociadores no sabían exactamente lo que el Gobierno quería y no se ha conseguido un buen acuerdo. Lo único positivo es que si había otros que se estuvieran planteando seguir los pasos de Londres, hemos dado una gran lección de que salir de la UE no es tan fácil como algunos decían.

Usted es escocés, ¿cree que un Brexit facilitaría la convocatoria de una nuevo referéndum de independencia en Escocia?

Sin finalmente hay Brexit, el apoyo a la independencia se incrementará, pero no hasta el punto de llegar a una mayoría y el SNP no va a convocar un referéndum hasta que no tenga garantías de que lo pueda ganar. Tienen muy en cuenta lo que pasó en Quebec.

Y en Irlanda, ¿ve posibilidades de que un Brexit pudiera llevar a un referéndum de reunificación de la isla?

El problema es que el Sinn Fein, históricamente, no quiere ocupar sus escaños en Westminster por lo que, llegado el momento, tendría complicado demostrar que la opinión pública en el norte y en el sur ha cambiado. Es cierto que bajo el Acuerdo de Viernes Santo, si los irlandeses y norirlandeses quieren un referéndum de reunificación, Londres debe convocarlo. Creo que ahora mismo esto es más una cuestión académica. Pero, en efecto, Irlanda del Norte tiene una situación muy singular respecto al resto de Reino Unido y el DUP [socio de May] quiere evitar que la provincia quede con un estatus diferente.