Juan Manuel Santos, en deuda con la izquierda

El líder colombiano debe su reelección al voto progresista y al diálogo con las FARC

Santos calcula que un acuerdo de paz hará crecer el PIB un 7,5%
Santos calcula que un acuerdo de paz hará crecer el PIB un 7,5%

El presidente Juan Manuel Santos siempre cuenta la anécdota de que cuando su padre le preguntaba de pequeño qué quería ser de mayor, siempre respondía: «Presidente de Colombia». Y llegó el día que el sueño se cumplió por partida doble y fue reelegido, aunque el mandatario apenas tendrá tiempo para disfrutar la luna de miel con su electorado, consciente de sus grandes desafíos.

Aunque las encuestas vaticinaban un empate técnico con Óscar Iván Zuluaga, candidato del Centro Democrático, el resultado final terminó por darle el triunfo por más de cinco puntos, o 900.000 votos de ventaja. Resultado impensable hace sólo tres semanas, cuando los colombianos dieron en primera vuelta el triunfo a Zuluaga por casi 500.000 votos. Una acelerada estrategia en busca de apoyos de la izquierda y anuncios desde La Habana sobre avances en el diálogo de paz con las FARC han terminado por dar el triunfo al mandatario, que ahora gobernará Colombia hasta 2018. «Tendremos que dar pasos difíciles para asegurar que no sólo sea justa, sino duradera», admitió Santos a este respecto.

Otro de los retos es que las FARC acepten reparar en conjunto con el Estado a más de seis millones de víctimas, en su mayoría personas afectadas por el desplazamiento forzoso. El comunicado de la narcoguerrilla reconociendo a las víctimas por primera vez, en plena campaña, supuso un empujón importante para la candidatura de Santos. Sin embargo, que la guerrilla mueva ficha para aupar a un candidato no ha sido visto con buenos ojos por buena parte de la sociedad.

Una vez más el más crítico ha sido el ex presidente Álvaro Uribe. Mucho menos calmado que su «delfín», Zuluaga, el senador se refirió a la victoria de Santos como «la trampa vencedora». Uribe acusó al presidente de «impulsar en nombre de la paz la mayor corrupción de la historia, caracterizada por abuso de poder, entrega de sumas de dinero a parlamentarios para compra de votos» y otros delitos.

Santos aseguró al país que en un año firmaría un acuerdo con las FARC. Sin embargo, los colombianos soportaron los cerca de dos años que han pasado desde ese anuncio y lo reeligieron pese a que sólo llevan pactados tres acuerdos parciales de una agenda de cinco puntos. Si bien dos tercios de la población sigue apoyando una salida negociada al conflicto, la mayoría rechaza que los autores de crímenes de lesa humanidad no pasen por la cárcel y puedan participar en política. Las FARC y ahora el ELN no aceptan que sus miembros terminen en prisión ni renuncian a participar en el sistema político tras dejar las armas.

Entre los grandes retos del Gobierno está también la solución a la crisis de la sanidad, la reforma de la Justicia y la educación, entre otros.