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Julio Ligorría: «La corrupción en Guatemala nos lleva a una tormenta perfecta»

El ex embajador de Guatemala en EE UU pide un consenso nacional en su país para acabar con la corrupción y las carencias sociales.

  • Julio Ligorría: «La corrupción en Guatemala nos lleva a una tormenta perfecta»

Tiempo de lectura 5 min.

18 de septiembre de 2016. 02:27h

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Goyo G. Maestro 18/9/2016

Julio Ligorría ha trabajado como consultor internacional durante más de 30 años y hasta 2015 fue el embajador de Guatemala en Estados Unidos. Sus clientes han sido grandes empresas y bancos, pero también nueve Gobiernos de América Latina. Acaba de publicar el libro «Crisis. La administración de lo inesperado» (Planeta).

–Su papel ha sido clave en la resolución de algunas crisis en América Latina. ¿Saben escuchar los gobernantes a los asesores?

–El mejor gobernante es aquel que puede vencer sus propias ataduras, que normalmente devienen de grandes egos o de compromisos con ideas que no les permiten escuchar y resolver su problema. Yo he tenido todo tipo de clientes, desde políticos que no han querido escuchar pero también aquellos que a pesar de sus fuertes personalidades han sido lo suficientemente pragmáticos para caminar sobre sus ideas y resolver los problemas. El caso de Alejandro Toledo es emblemático. Toledo tenía un 8% en las encuestas y cuando dejó el poder llegaba casi al 70%.

–Hablando de crisis. Guatemala vivió en 2015 una sacudida que acabó con el Gobierno de Pérez Molina y llevó al cómico Jimmy Morales a la presidencia. ¿Ha habido regeneración política?

–En estos meses se ha generado un vacío de Gobierno en Guatemala, un desplome absoluto de la credibilidad institucional. Y a esto se ha sumado el lastre de la corrupción generalizada y las carencias sociales que históricamente acusa el país. Hay una tormenta perfecta que está por venir. En el futuro, la fecha de abril de 2015 se verá como un momento muy doloroso, porque fue el momento en que la sociedad guatemalteca confrontó una de sus principales debilidades, la corrupción generalizada. ¿Que llevó a altos funcionarios a cometer barbaridades como comprar mansiones, yates y jets privados estando en el ejercicio del poder? En el caso de la vicepresidenta hubo una soberbia y una arrogancia muy grandes que el pueblo no va a perdonar jamás.

–¿En qué ha fallado Morales?

–El Gobierno de Morales ha tenido el apoyo de todo el mundo. Todos conocían la situación tan compleja en la que gobernaba el país. El problema es que cuando una persona no entiende cómo se gestiona el Estado, ni tiene programa ni un proyecto, y además no es receptivo, sino inseguro, no hay poder humano que le convenza de que hay que escuchar. Lo que está sucediendo hoy en Guatemala con el hermano y el hijo del presidente, involucrados en un escándalo de corrupción pública, los convierte en víctimas de ese sistema, pero también en protagonistas. Uno de los principales periodistas del país, Juan Luis Font, habla de un caso que vincula al vicepresidente del país con dinero del narcotráfico. Es la tormenta perfecta, y es el momento de que los guatemaltecos demos un paso al frente.

–¿Cumplió Morales con la agenda social de su programa?

–Con Jimmy Morales ha sucedido lo que ya es común: los políticos se desconectan del elector cuando llegan al poder y no hacen nada de lo que prometieron. Morales prometió meter todo el esfuerzo en la salud y la educación, y vemos que en estos ocho meses de lo que menos se ha ocupado es de la salud y la educación.

–Con la llegada de Pérez Molina también hubo esperanzas.

–De Otto Pérez Molina se pueden decir muchas cosas. Y una de ellas es que siempre fue un hombre de Estado. Ahora bien, el problema es que en su gobierno se dieron a conocer una serie de operaciones presuntamente corruptas, contestadas por la sociedad con hastío e indignación. Y con razón. Ahora, si me pregunta si ha sido el único gobierno corrupto, tengo que decir que no.

–Guatemala cuenta con un organismo como la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), que ha permitido sacar a la luz casos de corrupción.

–La CICIG es un producto de los acuerdos de paz (1996) para luchar contra la impunidad y la existencia de estructuras paralelas al Estado que tanto daño hacían y que distorsionaban la construcción de un Estado democrático y funcional. Sin el auxilio de la CICIG no habría pasado lo que ha vivido Guatemala en los últimos meses. Además, en sus investigaciones ha contado con la ayuda del Ministerio Público, una entidad que le da esperanza al pueblo de que haya justicia, porque sin justicia jamás se podrá alcanzar la paz. Dicho esto, el reto es que la justicia en Guatemala sea rápida y dé respuesta a los casos pendientes para saber si son verdad o no.

–¿Qué lección debe sacar Guatemala de todo esto?

–Una muy clara: lo primero pasa por la convocatoria de un consenso de los principales actores del país para resolver la agenda pendiente. Y eso requiere una reforma impositiva integral. Debemos encontrar el equilibrio entre el Estado y el mercado. Tengo la convicción de que en Guatemala se requiere más Estado, pero en términos de subsidiariedad. Por otro lado, requiere una reestructuración del aparato estatal macrocefálico actual. Es duro decirlo, pero hay mucho personal que no tiene utilidad. Tenemos un aparato estatal del primer mundo, un lujo que aún no podemos darnos.

–¿Cree que las élites están dispuestas a alcanzar ese consenso?

–Guatemala está sufriendo una especie de paranoia colectiva en las élites. Hay un sentimiento muy grande de culpabilidad porque nos estamos dando cuenta de que no hemos sido capaces de crear un Estado funcional democrático, moderno. Éste es el momento de sentarnos y dejar de lado los intereses personales y anteponer los intereses nacionales. A los que tienen mucho porque lo tienen, y a los que no tienen nada porque tienen que ver que deben superar su propia vida. Y esto me lleva a un tema que considerar, Guatemala también sufre con lo que está pasando en otras naciones, con la globalización. La globalización ha hecho que las clases medias en China y en la India tengan estabilidad y prosperidad a costa de los trabajadores de EE UU, Europa y América Latina. Necesitamos ideas con un alto contenido social, sobre todo en países como Guatemala.

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