EE UU también tenía a los hermanos El Bakraoui como potenciales terroristas

Además, Jalid El Bakraoui estaba en busca y captura por una euroorden por los atentados del 13-N de París

La alianza sangrienta que comenzó en Saint-Denis: la mayoría de los terroristas implicados en los atentados de París y de Bruselas se conocieron en Siria antes de volver a Europa y crearon cinco comandos: tres atentaron en la capital francesa, un cuarto se quedó en la reserva para un atentado frustrado y el quinto es el que ha atentado ahora en la capital belga.

► Salah Abdeslam no colaborará en la investigación y pide ser extraditado a Francia ► Turquía deportó a uno de los yihadistas y Bélgica lo liberó ► La yihad familiar: hermanos hasta la muerte ► García-Margallo: «Hay que sacar al EI de sus bastiones para que dejen de exportar terrorismo»

Los atentados en París el 13-N y los de Bruselas el 22-M han dejado constancia de lo enraizadas que están ambas redes terroristas. La mayoría de yihadistas francófonos se han conocido en Siria y han vuelto a sus países de origen con la misión de atentar. Tienen en común lugares como Molenbeek, personas como Abdelhamid Abaaoud o Salah Abdeslam, el recurso al explosivo TATP, pero sobre todo el haber sobrevivido al «erasmus yihadista» en Oriente Medio.

Pero si algo se ha puesto también de manifiesto tras ambos atentados, los de las capitales francesas y belga, es que los miembros de las células terroristas no eran desconocidos para los servicios de seguridad de varios países. Así, esta tarde se ha sabido que los hermanos Jalid e Ibrahim el Bakraui, dos de los atacantes suicidas de Bruselas, figuraban como potenciales terroristas en una lista de los servicios de Inteligencia de Estados Unidos, según han informado fuentes oficiales norteamericanas a la cadena NBC.

Estas fuentes, no obstante, han declinado precisar en cuál de las múltiples listas de seguridad exactamente se encontraban ambos hermanos, que se encuentran en el centro de una polémica sobre el supuesto desconocimiento de las autoridades belgas sobre la amenaza que representaban.

Ayer, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, anunció que uno de los hermanos, Ibrahim, fue deportado en dos ocasiones a Países Bajos, acompañado de una advertencia a Bélgica: se trataba de un sujeto a vigilar por su elevado nivel de peligro. Bélgica rechazó tomar medidas, según el presidente turco, cuyas declaraciones han provocado confusión entre los oficiales europeos.

De hecho, este jueves el ministro de Justicia holandés, Ard van der Steur, asegura que este aviso, si lo hubo, nunca quedó registrado. "Hemos llamado a nuestros colegas belgas, alemanes y turcos. En ningún caso estaba registrado en nuestros sistemas", declaró en rueda de prensa.

Por si fuera poco, hoy también trascendía que la Fiscalía federal belga ha confirmado hoy los vínculos de los terroristas suicidas del pasado martes en Bruselas con los atentados de París de noviembre, al revelar que Jalid El Bakraoui, quien se hizo saltar por los aires en el interior del metro en una parada próxima a las instituciones europeas de Bruselas había alquilado una habitación en la calle del Fort, en la ciudad de Charleroi (sur de Bélgica) que sirvió para preparar los ataques en la capital francesa, tal y como informaba hoy LA RAZÓN.

Ese cuarto, según los investigadores, sirvió de escondite al grupo terrorista que cometió los atentados de noviembre en París, en los que murieron 130 personas y centenares resultaron heridas, y que fue registrado el 9 de diciembre.

Las sospechas del Ministerio Público contra Jalid El Bakraoui, que utilizó un carné de identidad belga falso a nombre de Ibrahim Maaroufi, llevaron dos días después, el 11 de diciembre, a emitir una euroorden y un mandato de detención internacional contra él.

De hecho, todavía hoy se podía ver en la página de internet de Interpol la "ficha roja"contra este hombre de 27 años y nacionalidad belga, buscado por Bruselas por "terrorismo".

Su hermano, Ibrahim El Bakraoui, fue uno de los dos terroristas suicidas que actuaron el martes en el aeropuerto internacional de Bruselas-Zaventem.

Por otro lado, la Fiscalía federal belga salió al paso del retrato robot filtrado a la prensa, "sin ninguna verificación oficial", de un posible segundo terrorista en la explosión de la estación de metro de Maelbeek, junto a las instituciones europeas.

El Ministerio Público señaló que ese supuesto retrato robot no es pertinente para la investigación.

Añadió que "entiende la necesidad de información", pero insistió en "la necesidad de no divulgar más que informaciones verificadas y que no perjudiquen a la investigación en marcha".

Por otra parte, la Fiscalía federal indicó que una persona que había sido arrestada el mismo día de los atentados en el barrio bruselense de Schaerbeek en relación con los hechos ha quedado finalmente en libertad tras ser interrogada en profundidad.

Los investigadores realizaron el miércoles registros en los domicilios de los hermanos El Bakraoui en Bruselas, pero no aportaron elementos a la investigación.

«Sonia», alias por el que prefiere llamarse, pues teme por su vida, ya alertó a las Fuerzas de Seguridad francesas de que los del 13-N no iban a ser los únicos atentado en suelo europeo. Ella conoció a Abdelhamid Abaaoud, el carismático y sanguinario belga, de 28 años, en el barrio de Saint-Denis.

Fue Sonia quien dio el chivatazo a las autoridades galas de que el «cerebro» de los ataques de París estaba alojado en un apartamento en la tercera planta del número 48 de la Calle de la Republique. «Abaaoud nos contó que él era uno de los 90 miembros del Estado Islámico –incluidos belgas, franceses, alemanes y británicos– que habían entrado en la UE con documentación falsa o sin ella desde Siria». Es más, dos días después del 13-N, Abaaoud les confesó que tenían otros ataques simultáneos preparados contra una guardería, un bloque de oficinas y una comisaría en el barrio de La Défense.

Gracias a Sonia, las fuerzas del orden llevaron a cabo una operación que terminó con la vida de Abaaoud, su prima y un tercer joven que se detonó. Sin ellos, los atentados nunca tuvieron lugar, pero si se escucha la grabación en la que el EI reconoció la autoría, los yihadistas incluyen la reivindicación de dichos ataques.

Lo cierto es que la mayoría de los terroristas del 13-N se habían desplazado o habían intentado llegar hasta Siria. El mayor de los Abdeslam, Ibrahim, y el mayor de los El Bakraoui, Ibrahim, fueron rechazados por las autoridades turcas y deportados. Algunos aprendieron a disparar armas automáticas, como es el caso de los terroristas de la sala Bataclan, los tres franceses «retornados» que mataron a 90 personas. Otros apenas tuvieron tiempo de entrenamiento para que no les temblara el pulso a la hora de detonarse como el joven Bilal Hadfi, vecino de Molenbeek.

Supervisados por Abaaoud, se organizaron en tres comandos. Un cuarto se reservó para un frustrado atentado y un quinto atentó en Bruselas.

Salah Abdeslam no se explotó en el Estadio de Francia, pero desde que huyó de París no ha dejado de ser ayudado en Bélgica o por sus amigos de la infancia del barrio de Molenbeek o por miembros directamente del Estado Islámico.

Los hermanos El Bakraoui, Khalid e Ibrahim eran conocidos por las autoridades belgas. Llegaron a ser condenados en 2010 a penas de cárcel por delitos como robos, tenencia de armas o enfrentamiento con la Policía.

En un nuevo fallo de la seguridad belga, Khalid e Ibrahim alquilaron un domicilio al sur de Bélgica, en Charleroi, tal y como ha confirmado hoy la Fiscalía belga, donde una vez registrado tras el 13-N se encontraron las huellas tanto de Abaaoud como de Hadfi. Es decir, a la vuelta de los vecinos de Molenbeek de Siria en 2015, los El Bakraoui los escondieron en su casa antes del 13-N. Es más, en el penúltimo domicilio en el que Salah Abdeslam estuvo guarecido, en el barrio de Forest, el piso estaba a nombre de los El Bakraoui. Llevaban un tiempo sin pagar luz, agua y gas, de ahí que las autoridades esperasen encontrar el inmueble vacío. Tres hombres, fuertemente armados, los recibieron a tiros. Mohamed Belkaid murió durante el operativo. El resto logró escapar.

En el piso franco de Forest, las autoridades hallaron detonadores y restos de explosivos. No era la primera vez que en una casa en la que había estado el escurridizo Salah existían rastros de TATP.

Al darse cuenta de que Belkaid estaba ayudando y planeando con Abdeslam un ataque inminente, las autoridades recordaron que ambos nombres ya habían estado relacionados junto a un tercero: Najim Laachroui, de 25 años. Los tres emprendieron un viaje en coche por Europa en septiembre. En un paso fronterizo entre Austria y Hungría se les pidió la documentación. A las dos semanas, volvieron a realizar el mismo trayecto. Los expertos en reclutamiento explican que podrían haber trasladado a milicianos desde el este hasta el corazón europeo. Extraña que Laachraoui, siendo un retornado de Siria –estuvo allí en 2013–, pudiera campar a sus anchas por la UE.

En las filas del EI, Laachroui se convirtió en un experto artificiero. Su ADN se encontró en los cinturones explosivos utilizados en los atentados contra la capital francesa, pero también en los de Bruselas del martes. Al verse asediados por la Policía, y causándoles bajas importantes en su comando, él mismo se desplazó hasta el aeropuerto para inmolarse.