La crisis de refugiados y el «Brexit» centran la agenda europea de 2016

Banderas del Reino Unido (dcha) y la Unión Europea (izda) ondean a las puertas de la Casa de Europa en Londres (Reino Unido)
Banderas del Reino Unido (dcha) y la Unión Europea (izda) ondean a las puertas de la Casa de Europa en Londres (Reino Unido)

La Unión Europea afronta este 2016 con los mismos retos y desafíos a los que no ha sabido dar respuesta el año anterior. Combatir el yihadismo, la crisis de los refugiados y las negociaciones con el primer ministro británico marcarán la agenda de la Presidencia rotatoria del Consejo Europeo que este ejercicio recae en Holanda. Si 2014 cerraba con una UE pendiente de Grecia, un año más tarde la preocupación es Reino Unido.

David Cameron ha conseguido introducir sus demandas para mejorar la relación con Europa entre las tareas que tendrá que afrontar la UE, de cara a un referéndum que prevé celebrar este año. Sobre el papel la nueva Presidencia tendrá que proponer planteamientos concretos sobre crecimiento económico, protección ciudadana, unión energética, seguridad y justicia. Pero los encuentros más esperados versarán sobre cuestiones como el Brexit o el refuerzo de las fronteras intentando salvar las bases de Schengen.

El fantasma del Brexit aparece para poner en aprietos una vez más el proyecto europeo. A semejanza pero con sus diferencias Grecia era la pesadilla de la UE el año pasado, precisamente por el peligro que hubiera supuesto la consumación de un Grexit. El Ejecutivo de Alexis Tsipras negoció hasta donde pudo nuevas condiciones financieras para su país, aunque sin éxito. Bruselas logró imponerse y hacer que el nuevo Gobierno aceptase incluso lo que previamente había rechazado. Grecia tuvo que repetir elecciones para que el pueblo fuera consciente de que «se negociaba con una pistola en la cabeza», como bien recordaba el equipo de Tsipras.

Aunque la situación de Reino Unido poco tiene que ver con la griega, la Unión Europea volverá a verse en la tesitura de entenderse con un Gobierno nacional para mantener a otro país dentro del club de los Veintiocho. A Bruselas no le hace gracia hablar de separaciones porque quedaría en entredicho la viabilidad del proyecto europeo. Con Reino Unido, las negociaciones también serán duras y los Veintiocho ya tienen claro que no cederán en sus líneas rojas. No habrá concesiones si Reino Unido pretende restringir los derechos de los europeos o la libre circulación de personas.

Aunque las mayores preocupaciones son sociales, la economía también hace sus apuestas en Londres y surgen campañas a favor de la pertenencia o no a la UE. El primer ministro británico prevé tener cerrados acuerdos con el conjunto europeo para que los ciudadanos puedan decidir si quieren seguir dentro o marcharse. En la City de Londres, las divergencias entre los bancos de inversión y los gestores de fondos sobre las consecuencias de un resultado u otro van en aumento.

En favor de que Reino Unido se mantenga en la UE se han posicionado Goldman Sachs o Citigroup, asegurando que la salida de Europa haría mucho daño al sector financiero británico. Ambas compañías podrían incluso mover a su personal a otro país europeo si ocurriera. Pero no todas las opiniones son negativas sobre un Brexit. El presidente del banco UBS, Axel Weber, cree que una salida de Reino Unido no minaría al país como centro financiero sino que sería posible la negociación para que la City pueda seguir teniendo un acceso favorable a los mercados europeos. Otros fondos son más partidarios de un Brexit porque consideran que las regulaciones europeas están asfixiando a Londres, que según Eurostat es con diferencia la región más rica de toda la UE. En febrero estarán todas las cartas encima de la mesa.

Al margen de la cuestión británica, el proyecto estrella europeo, el código Schengen, podría verse alterado después de que la afluencia masiva de refugiados haya desbordado a países como Grecia, y obligado a otros a elevar muros en las fronteras para evitar la entrada descontrolada de demandantes de asilo. El control de los límites europeos se ha visto reforzado no sólo por la llegada de refugiados, que en 2015 alcanzó el millón sino también por cuestiones como el terrorismo, marcado por los atentados de París.

Tras el decreto de Estado de emergencia en Francia, la reacción de muchos países ha sido precisamente cerrar aún más las puertas al sistema de reparto de refugiados. De los 22.000 refugiados que la UE se comprometió a acoger en agosto sólo se ha reubicado a 600; y del compromiso de reubicar a 160.000, apenas 184 han llegado a otro destino. Los países europeos que aseguraban tener disposición total a la acogida han llegado incluso a la saturación, como ha ocurrido en Suecia, que ha pasado de ser el segundo destino para los refugiados a pedir ayuda a sus socios, en la misma línea que la reciben Italia o Grecia. Sin embargo, no hay consenso entre los Veintiocho para aceptar la petición sueca porque no es un país de entrada sino de destino.

Antes de julio todos los países tendrán que haber tomado una decisión sobre el refuerzo de las fronteras exteriores, ya sea a través de una guardia europea de guardias fronterizos u otra solución que se le aproxime. Sobre la solidaridad con los refugiados se siguen esperando actuaciones en la acogida de demandantes de asilo y en la lucha contra el yihadismo, que lleva pareja la actuación tanto en Siria como en Europa, donde ha quedado patente que los terroristas la recorren sin muchos obstáculos.

Una cifra récord

En 2015 se han celebrado en Bruselas doce cumbres de jefes de Estado y de Gobierno, todas las programadas, más las que el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, convocó con carácter de urgencia para dar una imagen de respuesta inmediata desde el más alto nivel. El polaco ha impulsado estos encuentros principalmente motivado por encontrar soluciones a temas como el terrorismo, la inmigración o la crisis económica griega.

Un número de encuentros de líderes europeos que ha marcado todo un récord desde el año 2011. Bruselas ha visto desfilar a presidentes y primeros ministros casi cada mes, aunque en la mayoría de ocasiones apenas sus encuentros han servido para dar una respuesta que no se ha traducido en resultados. A pesar de las cumbres extraordinarias, los desafíos siguen ahí.