La Gran Coalición se la juega en el este de Alemania

El ascenso de la ultraderecha marca hoy los comicios en Sajonia y Brandeburgo y aumenta la presión sobre el Gobierno entre Merkel y los socialdemócratas.

Los simpatizantes del partido ultraderechista Alternativa para Alemania celebran ayer un mitin en Könings Wusterhausen (Brandeburgo)
Los simpatizantes del partido ultraderechista Alternativa para Alemania celebran ayer un mitin en Könings Wusterhausen (Brandeburgo)

El ascenso de la ultraderecha marca hoy los comicios en Sajonia y Brandeburgo y aumenta la presión sobre el Gobierno entre Merkel y los socialdemócratas.

Los estados orientales alemanes de Sajonia y Brandeburgo votan hoy un nuevo Parlamento y todas las encuestas apuntan a un inusitado aumento del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD). Estas elecciones suponen una clara llamada de atención a la política nacional, explica a LA RAZÓN Stephan Bröchler, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Humboldt, ya que, aunque «la Gran Coalición no termina el lunes tras las elecciones», la importancia de los comicios «se encuentra en el hecho de que la correlación de fuerzas en Alemania se destabilizan un poco más».

Sajonia es dirigida desde 2014 por una coalición similar a la que gobierna a nivel estatal entre el partido de la canciller Angela Merkel, la Unión Cristianodemócrata (CDU) y el Partido Socialdemócrata (SPD), con mayor influencia del partido de Merkel. En dicho Estado, las últimas encuestas dan una victoria muy ajustada a la CDU con alrededor de un 30% de los votos, seguida de la AfD con un 25%, que es en estos momentos la tercera fuerza en el Parlamento alemán. «Unos malos resultados en Sajonia debilitan la posición de la presidenta del partido de Merkel, Annegret Kramp-Karrenbauer», explica Bröchler, que cree que se la culpará de la pérdida de votos.

A la propia caída de la CDU, que bajaría un 10% desde las últimas elecciones, se une la crisis del SPD, con una bajada drástica de la intención de voto a nivel nacional, que aún no tiene un presidente desde la dimisión de Andrea Nahles y que baja en Sajonia unos tres puntos, por lo que no daría para repetir gobierno en la forma actual. La única coalición probable sería la negra-roja-verde, con la CDU, SPD y Los Verdes, que duplicarían su resultado hasta alrededor de un 10% siguiendo la tónica nacional gracias al cambio de percepción social en torno al cambio climático y en buena parte por el fuerte movimiento estudiantil «Fridays for future». «El fin de la Gran Coalición dentro de este mismo año se vuelve cada vez más probable», cree Bröchler. Lo cierto es que el Gobierno de Berlín ha atravesado por varias graves crisis desde su formación.

En el Estado de Brandeburgo gobierna el SPD en coalición con la extrema izquierda de Die Linke. Esta región es mucho menos relevante que Sajonia para la prensa nacional alemana. Aunque mayor en extensión, está menos poblada, hay menos industria, un PIB mucho más bajo y está más endeudado. Las últimas encuestas dan casi un empate entre socialdemócratas y ultras, con alrededor del 20% de los votos para ambos. Hasta hace tan solo unas semanas, al igual que en Sajonia, daban la victoria a la AfD. El socio del SPD, Die Linke, baja de cuatro a cinco puntos, por lo que tampoco da para una coalición sin los verdes.

Alternativa por Alemania «sale como vencedora de las elecciones, a pesar de que no llegue al Gobierno», explica el experto Bröchler. El veto a AfD como socio de Gobierno es generalizado. El actual presidente de Sajonia Kretschmer ha repetido durante toda la contienda electoral que un pacto como ése no se llevará a cabo, a pesar de que ambos partidos juntos tendrían la mayoría absoluta en el Parlamento regional. Cuestiones que han podido influir en la leve bajada en intención de voto de la ultraderecha han sido varios escándalos destapados en los últimos días.

En un intento desesperado por limpiar su imagen de partido radical y xenófobo, la dirección nacional expulsaba del partido a la jefa del mismo en Schleswig-Holstein, Doris von Sayn-Wittgenstein, por haber pertenecido a una asociación catalogada como de extrema derecha, aunque ella lo ha negado en los medios, la propia formación lo da por hecho.

En los llamados «nuevos Estados», lo que era la antigua RDA, el espectro político se mueve hacia a la derecha. Los motivos son conocidos: una economía más débil, menos contacto con extranjeros durante la época de la RDA, menos control de los movimientos neonazis tras la reunificación... pero Sebastian Friedrich, periodista especializado en extrema derecha, comenta a LA RAZÓN un aspecto que se menciona poco: la sensación de muchos ciudadanos de que su país fue vendido por la Agencia Fiduciaria, así como las protestas que tuvieron lugar en el este de Alemania de forma masiva en los 90 y los 2000. La sensación de que la así llamada «revolución» de 1989 no se completó. «De hecho, la AfD moviliza en Brandeburgo con carteles en los que alude a una segunda revolución». Lemas como «terminar la revolución» se escuchan una y otra vez.