La mala marcha de la economía arrastra la popularidad Bolsonaro

El pacto comercial entre Mercosur y la UE, ahora en el aire, podría subir el PIB del país un 1,5%

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro/Ep
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro/Ep

El pacto comercial entre Mercosur y la UE, ahora en el aire, podría subir el PIB del país un 1,5%

La baja popularidad del presidente Jair Bolsonaro en Brasil y de su gobierno se ha disparado en los últimos seis meses, según las encuestas. Estos datos salen a luz en momentos en que el mandatario es blanco de críticas no solo en su país sino también en la comunidad internacional por su política ambiental, vinculada con un aumento de la deforestación de la Amazonía y un salto en el número de incendios que destruyen la mayor selva tropical del mundo.

Esa percepción negativa se acrecienta por el mal desempeó económico. En el segundo trimestre, el PIB brasileño retrocedió 0,13% y acumula ya dos períodos en negativo, lo que de acuerdo con los expertos es una «recesión técnica».

En febrero, un mes después de tomar posesión, Bolsonaro tenía un índice de aprobación del 57,5%. En agosto ha caído al 41%. Por otro lado, la desaprobación subió del 28,2% al 53,7% en el mismo periodo de tiempo, según el sondeo del instituto MDA, realizado del 22 al 25 de agosto, en plena polémica sobre la política ambiental.

Bolsonaro, apodado «el Trump brasileño» por su discurso misógino y racista, ha enfrentado varias manifestaciones desde que asumió el poder el 1 de enero. De hecho, el pasado miércoles tuvo lugar una masiva protesta organizada por mujeres brasileñas, en su gran mayoría campesinas e indígenas, para denunciar las medidas conservadoras impulsadas por el Gobierno en el campo, que favorecen a los grandes productores y relegan a la agricultura familiar, y los planes de promover la explotación de minerales en la Amazonía, donde se asienta la mayoría de reservas indígenas.

Además ha impulsado «la ley del gatillo fácil» para reducir las penas a los policías implicados en altercados y ha facilitado el porte de armas. Asimismo, ha abierto un plan de privatizaciones de servicios públicos y ha negado las atrocidades cometidas durante la dictadura e incluso intentó, sin éxito, retirar de los libros escolares este oscuro episodio de la historia brasileña.

También hay consecuencias económicas. El gran interrogante ahora es si después del violento intercambio entre Bolsonaro y el presidente francés Emmanuel Macron –que llevó al brasileño a despreciar a la esposa del líder galo– el acuerdo Mercosur-UE sobrevive o está políticamente muerto tras ser aprobado el pasado mes de junio después de 20 años de negociación. Según un estudio de la Universidad de Manchester, realizado en 2008 a petición de la UE, dicho pacto incrementaría el PIB de Brasil en un 1,5%. Pero su aplicación está en el aire.

Nadie sabe qué puede pasar. El acuerdo necesita la unanimidad de la Comisión Europea, del Parlamento Europeo y de los parlamentos nacionales del Mercosur para ponerse en marcha provisionalmente. No lo tiene aún y se encuentra en una etapa administrativa. A su vez, debe ser aprobado por la Eurocámara por una mayoría simple y son los liberales, como Macron, quienes tienen la mayoría parlamentaria. ¿Pueden frenarlo Francia, Luxemburgo e Irlanda allí? Irlanda criticó abiertamente el pacto con Mercosur porque teme que su mercado de carne se inundará de producción más barata procedente de América del Sur.

Parece que Macron no va a firmarlo de momento. Los franceses lo apoyan y lo aplauden. Nunca los agricultores galos defendieron el acuerdo con Mercosur y menos aún los ecologistas. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, dijo que es «inimaginable firmarlo con la Amazonía ardiendo», pero no puede ser abandonado. Alemania lo defiende junto a España.