Unión Europea

La Unión Europea, ante el fantasma de la disolución

Aunque la crisis del euro y las llegadas masivas de inmigrantes remiten, el pesimismo reina en la UE. Fuentes comunitarias confiesan que el proyecto se encuentra en su momento más crítico

Una súbita ráfaga de viento derribó la bandera de la Unión Europea durante la cumbre de ministros de Economía del G7
Una súbita ráfaga de viento derribó la bandera de la Unión Europea durante la cumbre de ministros de Economía del G7larazon

Aunque la crisis del euro y las llegadas masivas de inmigrantes remiten, el pesimismo reina en la UE. Fuentes comunitarias confiesan que el proyecto se encuentra en su momento más crítico

Los peores momentos de la doble depresión económica que ha sacudido a la UE la última década han quedado atrás; el número de llegadas de migrantes ha caído de manera drástica en el último año, los Veintisiete parecen unidos sin fisuras en las negociaciones del Brexit y los populismos han sido derrotados en Francia y Holanda. Pese a estos signos positivos, el proyecto de integración europeo se despide de este curso político sumido en una sensación de melancolía, cuando no de alerta. «Estamos atravesando un momento peor que el de la crisis del euro», reconoce un alto diplomático fuera de micrófono. «La crisis migratoria puede disolver la UE», aseguró el ministro de Asuntos Exteriores Josep Borrell, en una reciente entrevista. ¿Por qué tanto pesimismo?

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, no es capaz de sacar adelante su reforma de la zona euro, la canciller alemana Ángela Merkel se encuentra en un momento de máxima debilidad atrapada en una difícil coalición, Bruselas se muestra impotente a la hora atemperar las derivas autoritarias de Polonia y Hungría, la presidencia rotatoria de la UE la ocupa el Ejecutivo austriaco, que gobierna gracias a una alianza con la extrema derecha y en Italia un Ejecutivo populista ha incendiado el debate migratorio. El propio presidente permanente del Consejo, Donald Tusk, ha reconocido que los «chicos duros» pueden acabar ganando la batalla y el modelo iliberal propugnado por el primer ministro húngaro, Viktor Orban, tiene visos de convertirse en una alternativa mientras crece su influencia dentro del Partido Popular Europeo. «Las fuerzas socialistas europeas se han visto castigadas por la gestión de la crisis y ahora los partidos conservadores están viviendo lo mismo por los flujos migratorios. Los dos aspectos tienen que ver con la globalización», resumen fuentes diplomáticas. A ambos lados del espectro político surgen alternativas percibidas como letales por las instituciones europeas. Las próximas elecciones europeas del mes de mayo serán la prueba de fuego.

Los enemigos no sólo están dentro, la UE empieza también a sentirse sola. Pese a la tregua en la guerra comercial firmada con Donald Trump tras la visita del presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, la última gira europea del mandatario estadounidense ha dejado en las cancillerías europeas una acusada sensación de orfandad ante un mundo en el que encontrar alianzas fiables y duraderas parece cada vez más difícil, cuando no prácticamente imposible.

La UE empieza a percibirse a sí misma como una reserva o una especie en vía de extinción ante un mundo en el que los regímenes autoritarios ganan terreno, y lo que es todavía más preocupante, también dentro de las propias fronteras europeas. Según señaló ya en 2016 el Libro Blanco sobre el futuro de la UE, «la posición de Europa se está debilitando a medida que crecen otras partes del mundo. En 1900, Europa representaba alrededor del 25% de la población mundial. En 2060, representará menos del 5%». A esto se une el envejecimiento de la población. En 2030, la edad media de la población europea será de 45 años, en Estados Unidos esta cifra será de 40, 35 en Asia y Oceanía, 34 en Latinoamérica y el Caribe y tan sólo 21 en África.

Ante esta catarata de datos incontrovertibles, la UE empieza a cuestionarse su capacidad de mantener su modelo de estado de bienestar y también su influencia para imponer sus normas en un tablero internacional cada vez más incierto en todos los ámbitos: desde las reglas del libre comercio a la Defensa. Las capitales europeas se debaten entre la necesidad de independizarse de la sombra del Tío Sam y estrechar lazos con potencias como China y Japón mientras no quiere renunciar al buen entendimiento con su habitual aliado desde la II Guerra Mundial. «Estados Unidos es nuestro amigo y el cambio de Administración no cambia las relaciones de amistad con los países y la gente», aseguró la alta representante Federica Mogherini hace dos semanas, en un deseo de que la que presidencia de Trump sea tan sólo un mal sueño destinado a terminar tarde o temprano y que la UE resurja algún de sus cenizas.