Política

Oriente Medio

Los complejos problemas de Turquía

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, en una imagen de archivo
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, en una imagen de archivolarazon

Ankara detuvo el pasado 16 de enero a un ciudadano egipcio proveniente Mogadiscio en el aeropuerto de Estambul y lo entregó a las autoridades egipcias. El hombre había sido condenado a muerte en rebeldía por el asesinato del Fiscal General Hicham Barakat y se consideraba que era un miembro de los Hermanos Musulmanes. Este hecho sin precedentes ha servido para plantear preguntas sobre un posible cambio de rumbo en las relaciones entre Erdogan y la Hermandad Musulmana.

Como siempre en esta región, la realidad es mucho más compleja. Las relaciones entre el AKP y la Hermandad Musulmana no se remontan solamente a la victoria de Morsi, al golpe de Estado de 2013 ni a la represión consiguiente. Ankara, como Teherán, ha apoyado durante mucho tiempo a los Hermanos Musulmanes para contrarrestar el wahabismo, que es un enemigo común de ambas naciones, y en expansión no solo en Egipto sino en todos los países de la región.

Esta visión estratégica fue especialmente exitosa después de la llegada de Sissi, ya que Turquía había acogido a muchos Hermanos Musulmanes exiliados, ofreciéndoles los medios para que su actividad fuera visible, incluidos canales por satélite. Entonces, ¿estamos frente a un cambio radical?

Es una visión reductora creer que la extradición de un convicto es suficiente para acreditar esta tesis. Turquía tiene múltiples intereses en la región, no siempre consecuentes los unos con los otros.

Turquía, no solo por su intento de resucitar el Imperio Otomano, es un jugador clave en la región. Interviene, en diversos grados, en todos los conflictos. En Siria, quiere evitar la autonomía kurda, en Yemen reclama el papel de mediador político entre Teherán y Ryad. El eje Rusia-Irán-Turquía es una verdadera alianza de intereses. Pero que cambia cíclicamente.

En este contexto, el movimiento islamista considera que el fin del califato otomano es la causa de la decadencia del mundo musulmán. Cualquiera que sea el país de origen, los Hermanos Musulmanes van más allá del nacionalismo y se proyectan en un conjunto más grande. El poder militar de Turquía, su historia, el discurso de Erdogan actúan como un imán.

En varios países árabes, incluido Marruecos, los representantes de los Hermanos Musulmanes consideran que Turquía es prioritariamente favorable a sus intereses. Esta es un arma que Erdogan no soltará, a pesar de la presión occidental, porque es estratégica para su modelo político.

Turquía definitivamente ha dado la espalda a la membresía de la Unión Europea. Esta nación ve su futuro convirtiéndose en el poder regional de Medio Oriente. Para conseguir este objetivo tiene que lidiar con las superpotencias, pero también con Irán y su media luna chií, y las monarquías del Golfo y el Islam wahabí. En esta configuración, el fundamento cultural e ideológico es decisivo.

El movimiento de la Hermandad Musulmana es transnacional y su ideología es consecuente, o al menos no contradice, las ambiciones turcas. Por lo tanto, es muy difícil imaginar que Ankara abandone un movimiento influyente en la región durante 70 años y que se ponga en su contra. El nacional extraditado es, por lo tanto, solo la víctima colateral de la presión estadounidense y el deseo de no romper con Egipto, que sigue siendo un jugador importante en la región.

Esta relación ya consolidada es peligrosa para la estabilidad de los países de la región. Los Hermanos Musulmanes solo son democráticos cuando pueden usar las instituciones para obtener poder. Los valores universales, la tolerancia, la igualdad, no forman parte de su repositorio. Son una amenaza real para los países que buscan acceder a la modernidad: su deseo de hegemonía puede estar en contradicción con las ambiciones turcas. Terminará sucediendo, pero no hoy.