Política

Los republicanos califican de «bomba partidista» la reforma migratoria de Obama

El congresista republicano Paul Ryan ha advertido este miércoles al presidente estadounidense, Barack Obama, de que su intención de promulgar una orden ejecutiva para reformar la ley migratoria es una "bomba partidista"que podría dañar sus relaciones con el Congreso.

Ryan ha explicado en una entrevista a Reuters que podría ser interpretado como un intento de Obama de combatir al nuevo Congreso que tomará posesión el próximo mes de enero para favorecer los intereses demócratas de cara a las elecciones presidenciales de 2016.

"Si finalmente lo hace, lo veremos como una jugada política para 2016, para intentar ayudar a su partido frente al nuestro, en lugar de trabajar sobre intereses comunes con los republicanos en 2015 para conseguir (la reforma migratoria)", ha dicho.

Ryan ha adelantado que esto "dañará sus relaciones con el Congreso", pero ha recalcado que los republicanos no responderán paralizando la aprobación de las cuentas públicas. "No vamos a tener un cierre de Gobierno", ha asegurado.

Obama ha confirmado este miércoles que dará a conocer los detalles de su reforma sobre inmigración el jueves en la Casa Blanca, y ha reiterado que llevará adelante esta polémica medida sin el apoyo del Congreso.

"Creo que todos estamos de acuerdo en que debemos reformar nuestro sistema de inmigración, que hoy está empobrecido", ha dicho el jefe de Estado en un vídeo de menos de un minuto difundido en la red social Facebook.

Tras las elecciones legislativas del 4 de noviembre, Obama ya adelantó que recurriría a las acciones ejecutivas para resucitar la reforma migratoria antes de que los republicanos se hagan con el control de todo el Congreso.

La reforma migratoria es una de las promesas electorales con las que ganó las elecciones primarias y las presidenciales de 2008 y que después retomó en 2012 para renovar su mandato, achacando a la inmovilidad del Congreso no haberla aprobado en su primer mandato.

La reforma migratoria propuesta entonces por Obama permitiría regularizar la situación de 11 millones de inmigrantes, en su mayoría hispanos, que ya han echado raíces en Estados Unidos. Los republicanos y algunos demócratas advierten de que podría provocar un efecto llamada.