Política

Macron da un giro social a su estrategia de cara a las europeas

La pérdida de popularidad en los sondeos y el auge de Le Pen obligan a actuar al presidente

Macron responde a los periodistas ayer en el Elíseo, donde compareció junto al presidente de Burkina Faso, Marc Kabore / Reuters
Macron responde a los periodistas ayer en el Elíseo, donde compareció junto al presidente de Burkina Faso, Marc Kabore / Reuters

La pérdida de popularidad en los sondeos y el auge de Le Pen obligan a actuar al presidente.

Emmanuel Macron ha cedido frente a la presión de los «chalecos amarillos», y ahora se afana en hacer realidad las promesas que anunció la semana pasada: subida en cien euros al mes del salario mínimo interprofesional, supresión de impuestos y cargas sociales sobre las horas extras, o anulación de la subida de la contribución social de los pensionistas que ganen menos de 2.000 euros al mes, entre otras, sin olvidar la anulación de la ecotasa.

El presidente francés no puede permitirse el lujo de que su palabra quede en agua de borrajas, y que los escoldos todavía vivos de esta revolución otoñal prendan fuego también durante el invierno, pero a día de hoy reina el escepticismo. Según un sondeo de Opinion Way para «Les Echos», sólo el 27% de los franceses piensa que las medidas son «buenas para la economía», y menos aún, el 25% piensa que son justas. Este revés supone un serio obstáculo que algunos consideran insuperable para mantener el ritmo de las reformas que Francia necesita y que Macron ha puesto en marcha: reforma fiscal, el código del trabajo, la moralización de la vida política, la empresa de ferrocarriles, la lucha contra las violencias sexuales...

Ahora debían llegar las reformas de la función pública, de las pensiones, del seguro del desempleo o la constitucional. Pero en un mes se han acabado las iniciativas que pudo aprobar gracias a la aplastante mayoría de La República en Marcha en la Asamblea Nacional. El sistema utilizado cambia: las reformas deben pasar ahora por la gran «consulta nacional» que ha prometido Macron a los «chalecos amarillos» para convencerles de que su palabra cuenta. Aunque el Gobierno asegura que mantiene intacta la hoja de ruta y que se trata solo de una cuestión de tiempo para «ir más allá en el diálogo, sobre el terreno (...), en la forma va a ser más participativo que antes», según la ministra de Trabajo, Muriel Pénicaud.

Una consulta que debe «abordar todas las cuestiones esenciales de la nación», según el presidente francés, incluida la ley electoral, la fiscalidad, la transición ecológica o la inmigración. Y en este maremágnum de temas, una cuestión esencial será no dar alas al euroescepticismo.

Pierre Person, delegado general adjunto de La República en Marcha, asegura a «Le Monde» que el objetivo que tienen ahora es «mostrar a los franceses que Europa puede ser una muralla de contención frente a los excesos del capitalismo, y no un monstruo tecnocrático». Sin embargo, lo que esta crisis de los «chalecos amarillos» ha dejado claro es que los euroescépticos son los que han salido ganando.

Ésa es también la razón por la cual el gran debate sobre la inmigración prometido por Macron para «tomar el pulso de nuestro país» ha quedado enmarcado y diluido en el epígrafe sobre democracia y ciudadanía. Según Afp, que cita fuentes gubernamentales, «este tema no hay que evitarlo» porque los «chalecos amarillos» lo reclaman, «pero no hay que tratarlo aparte. Si no, haremos de este tema un tótem», y se dará alas a la extrema derecha.

Las elecciones europeas del próximo 26 de mayo serán también un examen personal para Macron. Su primer ministro, Édouard Philippe, admitió ayer en «Les Echos» que el Gobierno «no ha escuchado suficientemente» a los franceses, y que ha cometido «errores» en la gestión de las protestas. Y le queda poco tiempo para corregir el tiro.

Aunque las manifestaciones de los «chalecos amarillos» en París han ido perdiendo intensidad, las protestas no se concentran exclusivamente en la capital, y son miles los que siguen exigiendo más concesiones en otras ciudades como Burdeos, Toulouse, Nantes o Lyon. Gente que está decidida a pasar las Navidades en las rotondas para mantener la presión contra el Gobierno.

Los sondeos reflejan el deterioro de la popularidad del presidente, que pierde terreno ante su principal contrincante, la líder de Agrupación Nacional, Marine Le Pen. Según el último de IFOP para «Journal du Dimanche», si se celebraran ahora unas elecciones presidenciales, Macron obtendría el 25% y Le Pen el 27%. En la primera vuelta de las presidenciales de 2017, Macron tuvo el 24% y Le Pen el 21,3%.

El presidente quería presentarse en Europa como el muro de contención contra nacionalismos y populismos, pero los resultados electorales en otros países como Italia, Hungría o Suecia han ido recortando su capacidad de entusiasmo. La idea de oponer «una alianza de progresistas» al «eje de nacionalistas» queda en entredicho con este viraje, reflejado en la promesa incumplida de contener el déficit público por debajo del 3% del PIB. En 2019 se colocará en el 3,2%.