Marine Le Pen, el «lifting» de la extrema derecha

La líder del Frente Nacional ha sabido ganar el corazón de millones de franceses con un discurso menos agresivo que el de su padre

La líder del Frente Nacional ha sabido ganar el corazón de millones de franceses con un discurso menos agresivo que el de su padre

Marine Le Pen ha tenido que conformarse con un segundo puesto en la primera vuelta de las elecciones, aunque los sondeos auguraban con frecuencia un primer puesto por delante de Emmanuel Macron.

Desde que sucedió a su padre a la cabeza del Frente Nacional, no ha tenido otro objetivo que alcanzar el poder frente a las grandes familias políticas de conservadores y socialistas, pero el surgimiento de la nada del candidato de En Marcha! podría poner fin a ese sueño el próximo 7 de mayo.

Durante todos estos años ha logrado una gran atención mediática al mismo tiempo que cosechaba las primeras victorias del Frente Nacional en la Asamblea, en los ayuntamientos y en las regiones. Ahora intentará una imposible victoria en la segunda vuelta de las presidenciales, a la espera de que las legislativas de junio le permita transformar los dos diputados actuales en un grupo parlamentario en la Asamblea Nacional.

La vida de Marine Le Pen se ha desarrollado a la sombra de su padre, Jean-Marie Le Pen, ex paracaidista y fundador del partido de extrema derecha. «No ha sido siempre fácil ser la hija de Jean-Marie Le Pen», confesaba recientemente la líder del FN. Ella misma ha contado también que el atentado que sufrió el apartamento en el que vivía su familia en París y del que salieron todos ilesos es uno de los eventos que más han marcado su infancia.

El divorcio de sus padres fue otro evento clave en su existencia. «Fue de forma brutal y público, y eso marca». De hecho, durante años rompió completamente los lazos con su madre, a la que ahora se siente muy unida.

En 1983, con 15 años, vivió su primera campaña electoral para las municipales siguiendo los pasos de su padre; tres años después se alistó a las filas del Frente Nacional, y en 1993 se presentó por primera vez a unas elecciones legislativas, pero quedó eliminada con un 11% de votos.

Su primer objetivo en el seno del partido ha sido renovar su imagen para desacomplejar a los electores y atraer nuevos votos. Pero su presencia no fue retenida por el gran público hasta que en 2002 su padre, para sorpresa de todo el mundo, pasó a la segunda vuelta de las presidenciales. Esa noche, defendió la candidatura de Le Pen en todos los platós de televisión.

Dentro de su propio partido ha encontrado quienes querían parar su ascensión por sus posiciones sobre el aborto o la religión, consideras como demasiado «modernas », entre ellos su propio padre que a pesar de ello no dudó en nombrarla vicepresidenta del Frente Nacional.

En 2004 obtuvo un escaño como eurodiputada, y en 2011 se hizo con la presidencia del Frente Nacional al superar a la línea más conservadora del partido. Con Marine Le Pen han desaparecido los «skinheads» de los desfiles tradicionales del 1 de mayo, pero sigue defendiendo con el mismo ardor los temas gordianos del partido: la lucha contra la inmigración, la recuperación de las fronteras y la salida del euro.

La gran avenida que le abrían los sondeos para estas presidenciales se ha visto cortada por una campaña electoral mediocre en la que no ha sabido imponer sus temas. Y su imagen ha quedado dañada por los casos sobre supuestos empleos ficticios en el Parlamento Europeo, su relación con Vladimir Putin o la polémica surgida en torno a la responsabilidad o no de Francia en la deportación de más de 13.000 judíos durante la ocupación alemana.