Matrimonio de conveniencia

La figura de la ex primer mandataria aún conserva un peso político de alto impacto
La figura de la ex primer mandataria aún conserva un peso político de alto impacto

Una vez más... fue la economía. Los resultados del nuevo proceso electoral argentino determinan el comienzo de una nueva etapa pero también son claves para entender que, mas allá de cualquier estrategia de campaña, comunicación o posicionamiento, el devenir económico de la sociedad siempre constituye un factor decisivo. Alberto Fernández siempre tuvo claro que debía construir un frente en el cual no faltara ningún actor de la oposición. «Ellos van a estar unidos. Nosotros también tenemos que estarlo», repetía ante su propia tropa. Desde el mismo momento en que Cristina Fernández de Kirchner lo ungió como su candidato a presidente, el propio Alberto trabajó en esa construcción de unidad.

Por si algún lector distraído pasó de largo el dato, el de Argentina constituyó el primer caso en el mundo donde el vicepresidente –en este caso Fernández de Kirchner– eligió a dedo a su candidato a presidente. La figura de la ex primer mandataria aún conserva un peso político de alto impacto. «Sólo con ella no nos alcanza, pero sin ella no podemos lograrlo», repetían los militantes que imploraban por su candidatura.

Ella les concedió el deseo: se involucró, cedió protagonismo y resultó clave para inclinar la balanza a favor del candidato opositor. A través de su irrupción, jaqueó todo el escenario con un nuevo perfil mucho mas constructivo y evolucionado, que rompió su propio molde.

Una de las principales incógnitas ahora es si podrá sostenerse la armonía en la convivencia de Cristina y Alberto, quien tan sólo meses atrás criticaba a la ex presidenta en forma pública. Experiencias como la de Ecuador, donde Lenín Moreno y Rafael Correa se juraron odio eterno después de haber sido eventuales socios políticos, prenden las alarmas. En principio, el blindaje mediático de la campaña disimuló cualquier tipo de fisura. Ahora, uno de los grandes desafíos que deberá enfrentar el binomio Fernández-Fernández de Kirchner es precisamente ese: consolidar y lograr sustentabilidad de gobierno a través de una relación de poderes armoniosa, sin focos de tensión. En otras palabras, resta averiguar si esta suma de factores –por supuesto, muy importantes– altera o no el producto.

Queda claro: la gran razón de la derrota de Macri, un oficialismo de apenas cuatro años en el poder, fue la economía. Su desempeño en esta materia resultó clave para que la gente –sobre todo los estratos medios y bajos de la sociedad– viera sumamente deteriorada su capacidad de consumo. En este sentido, Alberto Fernández iniciará en diciembre su gobierno con cierto hándicap, ya que no apeló a promesas estridentes ni a falsas expectativas. Apenas insistió en la necesidad de comenzar a ordenar las variables económicas, recuperar el empleo y poner el acento en los sectores mas castigados.

Su experiencia y trayectoria en diferentes espacios políticos seguramente le otorgue una certeza: hace tiempo que el electorado no firma cheques en blanco. El tiempo de espera será el prudencial, pero mucho mas temprano que tarde comenzará la exigencia de resultados. Entonces, ya no habrá espacios para especulación, discursos ni atajos: será nuevamente la economía, la que muestre rumbos claros, brinde respuestas y aporte previsibilidad.