Mueller evita declarar inocente a Trump

Asegura que «si estuviera convencido de que el presidente no ha cometido un delito, lo habría dicho» y alega limitaciones jurídicas para poder acusarle de obstrucción.

El fiscal especial Robert Mueller en el Departamento de Justicia/ Reuters
El fiscal especial Robert Mueller en el Departamento de Justicia/ Reuters

Asegura que «si estuviera convencido de que el presidente no ha cometido un delito, lo habría dicho» y alega limitaciones jurídicas para poder acusarle de obstrucción.

En una comparecencia pública, aparentemente nervioso y sin opción a preguntas, el fiscal especial Robert Mueller sorprendía hablando por primera vez (y aparentemente también última) sobre su investigación de la trama rusa y la interferencia de Rusia con la campaña del presidente Donald Trump en las elecciones de 2016.

Y es que, al mismo tiempo que anunciaba la renuncia a su cargo como fiscal general y su salida del Departamento de Justicia, Mueller daba a conocer también sus conclusiones sobre el controvertido informe y de los lazos con Rusia, publicado recientemente y del que hasta ahora no había pronunciado una sola palabra.

Desde el Departamento de Justicia, el fiscal especial dejaba en evidencia que no poder acusar a Trump de un delito no significa que crea en su inocencia. «Si estuviera convencido de que el presidente no ha comentado un delito, lo habría dicho. Y no lo dijimos», añadía Mueller, como comentario destacado a su conclusión final del informe.

Unas significativas declaraciones que, lejos de poner fin a dos años de investigación sobre la trama rusa, dejan en manos de otros lo que pueda pasar en los próximos meses. Porque esta inesperada acusación de Mueller se produce en un momento clave en el que se ha solicitado con gran insistencia que el fiscal especial testifique ante el Congreso para aclarar de primera mano las ambiguas conclusiones de las pesquisas sobre el contenido del informe final.

Pero Mueller lo ha dejado bien claro en su despedida: no tiene ninguna intención de testificar ante el Congreso y, si se viera obligado a hacerlo, no ofrecerá ninguna información adicional que no esté publicada ya en el informe de 400 páginas, ya que éste recoge su testimonio completo. Mueller se va, pero su investigación permanece. Y todo apunta a que los dos años de pesquisas se prolongarán tanto tiempo como sea necesario. El informe final concluyó que, si bien no hubo un esfuerzo coordinado entre la campaña de Trump y Rusia para interferir en el resultado electoral, tampoco descartó que el presidente cometiera obstrucción a la justicia.

«Un presidente no puede ser acusado de un delito mientras sea presidente. Es anticonstitucional. Imputarle esos cargos no era una opción que podíamos considerar», aclaró Mueller, dejando a la imaginación de muchos unas discretas pero duras acusaciones sobre la posible culpabilidad de Trump si su inmunidad como presidente de Estados Unidos no le protegiera.

Mueller también quiso recordar, en su última comparecencia, que los rusos atacaron el sistema político estadounidense en la campaña presidencial con técnicas sofisticadas, «hackeando» cuentas privadas en internet, falsificando identidades y utilizando la plataforma Wikileaks.

«Hubo muchos esfuerzos sistemáticos por interferir en las elecciones», repitió Mueller, cuya investigación detectó una operación rusa en redes sociales, donde ciudadanos rusos se hacían pasar por estadounidenses para interferir en las elecciones, demostrando que los resultados electorales perjudicaron a la demócrata Clinton en favor de Trump.

Conclusiones que, de hecho, dieron lugar a diversas tensiones entre Mueller y el secretario de Justicia, William Barr, quien decidió en primer lugar no hacer público el informe completo y dejar en manos del Congreso una versión editada del mismo. «Barr fue quien decidió que no se compartiera con el Congreso ni con el público», recordó Muller en su comparecencia.

El fiscal especial anunciaba su retirada de la vida pública y el fin de su carrera profesional en el Departamento de Justicia, agradeciendo a todos los que formaron parte durante los 22 meses de investigación y defendiendo haberla llevado a cabo de manera «independiente». Una retirada, por cierto, anunciada en su única comparecencia sobre la trama rusa y coincidiendo precisamente con la ausencia de Barr, quien se encontraba de viaje oficial en Alaska.

En su mediática despedida, también presentó un mapa de ruta del desarrollo de la investigación y el posible papel que desempeñaría el Congreso para culpar a Trump por posible obstrucción a la justicia. «La Constitución requiere un proceso distinto al sistema de justicia penal para acusar a los funcionarios», declaró Mueller, como traspasando al Congreso la responsabilidad de dar seguimiento a su investigación.

«Espero que ésta sea la última vez que hable sobre este tema», concluía Mueller, aunque pocos creen que su deseo se haga realidad. Si bien él se desentendía para siempre de la investigación como fiscal especial, ahora es el Congreso el que podría tomarle el relevo si sus declaraciones se toman en serio, e incluso llamarle a testificar.

De hecho, las reacciones a su comparecencia no se hicieron esperar. Diversos legisladores demócratas comenzaron a hablar, de nuevo, sobre la necesidad de abrir un proceso de juicio político contra el presidente. «Necesitamos empezar el proceso de 'impeachment', es nuestra obligación constitucional», escribió en Twitter la senadora demócrata y candidata a las presidenciales Kamala Harris. La también candidata a las primarias Elizabeth Warren empujó a todos los congresistas «a cumplir con su deber constitucional» y abrir un juicio político contra el presidente. Trump, también en Twitter, insistía: «¡El caso está cerrado!». Pero la palabra «impeachment» se pronuncia cada vez más alta y más clara en Estados Unidos.

Si quiere leer la declaración completa de Mueller, el Departamento de Justicia de EE UU ya la ha publicado.