Política

Obama anuncia un lavado de cara al espionaje masivo

Reformará el sistema de escuchas para hacerlo más transparente. Admite que la actitud de Putin obliga a «una pausa» diplomática

Barak Obama durante la rueda de prensa
Barak Obama durante la rueda de prensa

Era su primera conferencia de prensa desde abril y tenía muchas explicaciones que dar. En los últimos meses Estados Unidos ha estado en el punto de mira por una serie de decisiones que han enturbiado sus relaciones diplomáticas. Desde el enfado global por el supuesto espionaje masivo en varios países, a la cancelación de su encuentro bilateral con el presidente ruso, Vladimir Putin, a causa de la concesión de asilo al espía Edward Snowden, hasta la alerta provocada por su decisión de armar a los rebeldes sirios. Por eso, ayer quiso dejar claro su punto de vista y posibles reformas antes de poner rumbo a Martha's Vineyard, una paradisíaca isla en la costa este de EE UU, donde pasará unos días de vacaciones con su familia.

El espionaje estadounidense marcó su discurso. «Dado el historial de abusos del Gobierno, creo que es legítimo cuestionar los programas de vigilancia», comenzó diciendo el presidente, quien, a través de cuatro puntos definió la nueva hoja de ruta de su Administración para mejorar y hacer más transparentes los sistemas de vigilancia. Su comparecencia podría resumirse con un: seguiremos espiando, aunque intentaremos hacerlo con el mayor respeto posible a los derechos civiles. Entre las medidas que planteó se encuentra la revisión en el Congreso de la Patriot Act (que da vía libre para interceptar teléfonos y ordenadores particulares invocando la seguridad nacional), así con una reforma del Tribunal de Vigilancia de Inteligencia Exterior, el organismo que da autorización para recabar esos datos. De igual modo anunció que la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) se mostrará más próximas a los ciudadanos y dará buena fe de todos sus movimientos a través de su web «siempre que no se trate de información clasificada», dijo. «No estamos interesados en espiar a nuestros ciudadanos, sino en protegerlos». Por eso, añadió, también se formará una comisión independiente encargada de supervisar los métodos que emplean las agencias de inteligencia norteamericanas.

El presidente reconoció que las filtraciones de Snowden han precipitado el debate sobre los límites entre la privacidad y la seguridad nacional. «Si Snowden hubiese querido expresar su inquietud, podría haber utilizado otros canales que facilita nuestro sistema», explicó Obama, que insistió en que el ex analista de la CIA «no es un patriota» y al que invitó a regresar a EE UU para defender sus convicciones.

Otro de los temas destacados de su intervención fue la situación de las relaciones bilaterales con Rusia. «Putin ha devuelto a la mesa de negociación una retórica antiamericana propia de la Guerra Fría. No tengo una mala relación con Putin, eso son invenciones de la Prensa. Había cuestiones en las que creíamos que podíamos hacer progresos, pero Rusia no se ha movido, por eso hemos considerado que es necesario hacer una pausa para reevaluar todo y ver a dónde quiere ir el Gobierno ruso y sus ciudadanos». A pesar de las tensiones, confesó que no considera «apropiado boicotear los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, aunque nadie está más ofendido que yo por algunas de las leyes antihomosexuales en Rusia».

Hubo también una breve referencia al estado de alarma global sobre posibles atentados de Al Qaeda contra los estadounidenses. Un temor que ha obligado al cierre de más de 20 embajadas y consulados norteamericanos. «Al Qaeda tiene capacidad de ir a por nuestras embajadas. Está claro que no vamos a eliminar por completo el terrorismo, pero podemos debilitarlo», aseguró.