Estados Unidos

EE UU e Irán abren un «nuevo capítulo» plagado de obstáculos

Obama se felicita por «evitar otra guerra en Oriente Medio» pero aplica nuevas sanciones al programa balístico ante las críticas republicanas. Rohani celebra una «victoria gloriosa» para los iraníes por el fin del embargo y anuncia reformas. Sale reforzado de cara a las legislativas de febrero

Obama defiende al acuerdo nuclear con Irán
Obama defiende al acuerdo nuclear con Iránlarazon

Obama se felicita por «evitar otra guerra en Oriente Medio» pero aplica nuevas sanciones al programa balístico ante las críticas republicanas. Rohani celebra una «victoria gloriosa» para los iraníes por el fin del embargo y anuncia reformas. Sale reforzado de cara a las legislativas de febrero

Con un atisbo de sonrisa en su rostro y un semblante de contenida satisfacción, el presidente de Irán, Hasan Rohani, compareció ayer ante el Parlamento para valorar la implementación del Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA) que marca el fin de las sanciones económicas y financieras impuestas desde 2006 a la República Islámica por EE UU, la UE y la ONU. El acuerdo sobre su programa nuclear con las grandes potencias «abre un nuevo capítulo» en la historia del país y supone una «victoria gloriosa», según el mandatario, «después de una década de resistencia por parte de la gran nación iraní para proteger sus derechos y tras dos años y medio de difíciles negociaciones». Rohani subrayó el impacto positivo que el pacto tendrá sobre la vida de los ciudadanos, dado el colosal impulso previsto en la economía del país: «El levantamiento de las sanciones reducirá los costes de las transacciones en el extranjero y del comercio internacional e incrementará la posibilidad de emplear los sistemas de banca internacional, la utilización de fondos extranjeros, la atracción de inversión directa, el acceso a nuevas tecnologías y el desarrollo de las exportaciones no relacionadas con el petróleo», predijo el mandatario, alabando la entereza de sus conciudadanos ante el efecto de las «crueles sanciones» que han constituido una pesada losa sobre la economía.

En su discurso ante los legisladores, Rohani reiteró que el JCPOA «supone el reconocimiento de los derechos de Irán en materia atómica», precisando que su programa cuenta con un carácter eminentemente pacífico y no debe percibirse como «una amenaza para ningún país» en referencia al escepticismo de Israel y Arabia Saudí sobre las intenciones del plan atómico de la potencia regional chií. Consciente del resquemor que el acuerdo ha provocado entre sus enemigos internos, muchos de los cuales estuvieron siguiendo el discurso desde su escaño en la Parlamento, Rohani agradeció las «críticas constructivas» de aquellos que expresaron su descontento en el dilatado proceso negociador. «El JCPOA, no ha sido la victoria de ninguna tendencia, nadie ha salido perdiendo, ni dentro del país ni en los países que estuvieron negociando con nosotros», insistió.

Aunque Rohani no aprovechó la oportunidad para hacer leña del árbol caído, se espera que el éxito cosechado acarree al ala reformista que lidera un importante rédito político en los comicios legislativos fijados de febrero. Es por eso que «los integrantes de la línea dura están tratando de restar valor al acuerdo nuclear», afirmó el analista político Saeed Hosseini a Middle East Eye. Las intrigas de los conservadores no van a cesar, según los expertos, aunque podrían estar viéndose obstaculizadas por el pragmatismo adoptado por el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei.

El embargo ha lastrado las aspiraciones de Teherán de afianzarse como primera potencia regional y, le pese a quien le pese, la aproximación a Washington, el texto rubricado en julio y su inminente implementación vienen acompañados de grandes beneficios. Más de 30.000 millones de dólares en activos saldrán de sus cámaras frigoríficas para pasar a manos persas en primer término, aunque se calcula que la cantidad total de fondos congelados asciende a 100.000 millones de dólares. El levantamiento de las sanciones al crudo iraní permitirá aumentar sus exportaciones de crudo en 500.000 barriles diarios y el titular de Transportes, Abas Akhondi, reveló la firma de un acuerdo con Airbus para la adquisición de 114 aviones con los que comenzará a renovar la obsoleta flota iraní.

Por su parte, el presidente Barack Obama valoró también el fin del embargo iraní desde la Casa Blanca. «Se ha producido un hito para prevenir que Irán obtenga un arma nuclear y, lo más importante, logramos este histórico resultado gracias a la diplomacia, sin arriesgarnos a otra guerra en Oriente Medio», aseguró el mandatario. «Hablar por primera vez con Irán en décadas ha creado una oportunidad única», insistió. Además, «hemos cerrado todos los caminos para que Irán se haga con la bomba nuclear, y sabremos si lo vuelven a intentar. Seguiremos vigilantes», aseveró con un claro guiño hacia las voces críticas que ayer rechazaron de pleno el acuerdo. Especialmente duros fueron los republicanos, cuyo portavoz de la Cámara de Representantes, Paul Ryan –una de las voces más moderadas del partido–, aseguró que las consecuencias de este acuerdo serán un «fortalecimiento a un país que patrocina el terrorismo». «Además, se produce días después de que Irán haya llevado a cabo una prueba de misiles y detenido a diez marineros estadounidenses», apunto Ryan. Obama trató de esquivar las críticas anunciando un nuevo paquete de sanciones contra once individuos y empresas iraníes en relación con el programa de misiles balísticos. Una medida que no calmó los ánimos en Washington, ya que varios demócratas también rechazaron el pacto iraní. «Sabemos muy poco de las intenciones reales de Irán y encima les abrimos la puerta de sus activos congelados», protestó el senador Bob Menendez. «Una mayoría de consenso votó rechazar este acuerdo y seguiremos haciéndolo», insistió Ryan en relación votación que se celebrará a finales de mes contra el levantamiento de sanciones. De ser aprobada, Obama la vetaría.

Al margen de las críticas, John Kerry anunció que de manera inmediata EE UU abonará a Irán 1.700 millones de dólares por una deuda y sus intereses arrastrada desde 1979 antes de la Revolución Islámica por concepto de una compra de armamento militar que nunca se suministró.