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«Open Arms»: Una angustiosa espera en 180 metros cuadrados

El barco cuenta con solo dos lavabos y muchos de los rescatados ya padecen infecciones

  • Uno de los 27 menores que desembarcó ayer en el puerto de Lampedusa tras 16 días hacinado en la cubierta del buque español «Open Arms» / Efe
    Uno de los 27 menores que desembarcó ayer en el puerto de Lampedusa tras 16 días hacinado en la cubierta del buque español «Open Arms» / Efe

Tiempo de lectura 2 min.

18 de agosto de 2019. 05:23h

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Susana Campo 18/8/2019

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Llevan 17 días con sus 17 noches hacinados en la cubierta del barco «Open Arms». En un espacio aproximado de 180 metros cuadrados en el que no hay sombra para todos y donde las discusiones por la comida y el espacio para dormir se suceden cada día. Tras la evacuación de los 27 menores no acompañados por orden del primer ministro, Giuseppe Conte, permanecen a bordo un total de 107 personas. Ahora quedan solo adultos, varios aquejados de enfermedades diversas, muchas de ellas las cicatrices mal curadas de las torturas que sufrieron en Libia.

La atmósfera a bordo de la embarcación es cada día más irrespirable. Solo hay dos lavabos. El hedor empieza a ser insostenible y las condiciones de vida insalubres. Los médicos de la Asociación Emergency que subieron al barco observaron que las condiciones sanitarias en el interior son «pésimas». También los de la Orden de Malta constataron las «críticas condiciones higiénicosanitarias», subrayando que por la masificación en el barco los rescatados hacían «sus necesidades donde comen», con riesgo de infecciones. De hecho, detectaron 20 casos de sarna.

Las imágenes grabadas a bordo del buque muestran cómo tratan de soportar la espera los inmigrantes. Algunos juegan a las damas, otros al parchís en su teléfono móvil y alguno, como Abderrahmán, de 24 años, lee un libro. Tras cada evacuación urgente, se repite el mismo episodio: el estallido de la tensión de los que se quedan a bordo y no entienden por qué ellos no pueden pisar tierra, la isla de Lampedusa, que ven con sus propios ojos y se encuentra a menos de 800 metros de distancia.

Crisis de llanto y de tensión, intentos de suicidio, escenas de agresividad por la desesperación, intensificación de problemas psicológicos entre personas objeto de abusos sexuales en Libia, es el cuadro que se vive en el barco «Open Arms» tras más de dos semanas esperando un puerto seguro en el que desembarcar.

La mayoría de los rescatados son de Eritrea, Somalia, Nigeria y Camerún, cuatro países africanos donde la esclavitud, la guerra o el terrorimo yihadista les empuja a subirse a una lancha neumática y lanzarse al mar. Todos ellos terminaron en Libia, un Estado fallido en el que los grupos armados y traficantes campan a sus anchas. De hecho, todos coinciden en subrayar que prefieren tirarse al mar antes que volver a ese país.

Además, a bordo de barco –que tiene una dimensión de 37 metros de largo por 9,5 metros de ancho– viajan los 19 voluntarios que forman parte de la tripulación. También ellos sufren las consecuencias físicas y mentales de la tortuosa espera. Pero, además, son ellos los encargados de mantener la tensa calma a bordo del buque. También en ellos, el cansancio empieza a hacer mella.

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