Entrevista

Perdió a su hijo y vivió el asalto al Capitolio la misma semana; ahora lucha contra el cáncer

El congresista demócrata Jamie Raskin cree que "las autocracias harán lo que haga falta para que Trump gane en 2024"

Rep. Jamie Raskin (D-MD) makes a phone call after speaking at the Congressional Progressive Caucus’ press conference on the Inflation Reduction Act. The House will vote on the bill later in the day, and it is expected to pass, after passing in the Senate August 6th. The legislation includes historic measures to address climate change, as well as reduce Medicare drug prices, create an estimated 9 million jobs, and expand the Internal Revenue Service.
Jamie B.Raskin frente al Capitolio en una imagen de archivoALLISON BAILEYAFP

En poco más de una semana, el congresista demócrata Jamie B. Raskin (Washington D.C., 1962) vivió el suicidio de su hijo y fue testigo clave de la toma del Capitolio el seis de enero de 2021. El último golpe de esta "época oscura" que inauguró la llegada de Trump al poder y de la pandemia al mundo entero, le ha venido en forma de linfoma grave. A medio camino de su tratamiento de quimioterapia, Raskin atiende a LA RAZÓN por Zoom ataviado con una bandana regalo de Steve Van Zandt. Se le escucha fino en el análisis pero aún muy tocado por la muerte de su hijo, al que echa de menos "cada día". Lo cuenta todo en "Lo impensable" (editorial Berg Institute), un libro apasionante que relata en paralelo los dos traumas, el personal y el político, con un tono optimista pese a todo.

-En el libro repasa la toma del Congreso y la muerte de su hijo hasta el mínimo detalle. ¿Hubo señales que no supo ver?

-Estuve muchísimo tiempo autoexaminándome, repasando todo en mi cabeza. Hubo cosas que Tommy dijo, que Tommy hizo. Se suponía que tenía que dar una clase durante un semestre en la Universidad que, de pronto, canceló. Escribió cartas a todos sus estudiantes e hizo donaciones en su nombre. Gestos que luego resultaron más que eso. Es como si lo hubiera estado preparando desde hacía tiempo. Siento los mismos sentimientos de culpabilidad sobre lo que pasó en el ataque al Congreso.

-¿En qué sentido?

-Con la perspectiva que da el tiempo, se ve claramente que iba a producirse un asalto violento al Capitolio y no solo una manifestación. Llevaba tiempo preparándome desde el punto de vista parlamentario pero aquello iba a ser otra cosa.

-¿Qué es lo que más recuerda de aquel día?

-Tengo muchísimas imágenes en mi cabeza de esa jornada. Recuerdo conducir hacia el Capitolio aquel 6 de enero y ver a los seguidores de Trump alrededor mostrando una actitud súper agresiva. En una pegatina ponía: “Si se prohíben las armas, ¿cómo voy a disparar a los liberales?”. Una vez en el Hemiciclo, mientras preparaba mi intervención de respuesta a la objeción republicana, representantes de ambos partidos me dieron una cálida bienvenida por lo que acababa de pasar en mi familia y, por un segundo, pensé que había posibilidades de reconciliación. Un pensamiento surrealista, claro. Trump no aceptaba el resultado pese a que Biden había ganado por siete millones de votos.

-¿Temió por su vida en algún momento?

-No. Yo venía de enterrar a mi hijo el día anterior después de que se quitara la vida una semana antes, el 31 de diciembre de 2020. Sentía que ya lo había perdido todo. Mi preocupación estaba puesta en mi hija Tabitha y su novio que se escondían debajo de una mesa en un despacho cercano. Nadie sabía qué podía pasar. En EE UU estamos hartos de ver tiroteos en colegios, en centros comerciales, y allí estaban algunos cientos de los extremistas más fanáticos de mi país e iban armados. Muchos pensaron que era el final.

-¿Podría pasar de nuevo o hay algo que ha cambiado?

-La violencia continúa. No hay más que ver el intento de asesinato de Nancy Pelosi y su marido. La propaganda sigue activa, como la teoría de la conspiración de “El gran reemplazo”. En futuras elecciones presidenciales estaremos más preparados para ataques de este tipo, pero el atentado será diferente. Quizá la lucha será en el Tribunal Supremo o en los juzgados estatales.

-¿Se sigue considerando un optimista constitucional?

-Sí. Creo que la libertad y la democracia forman parte del instinto de supervivencia de la civilización. Eso nos va a permitir superar el autoritarismo, el fascismo. Anoche escuché a una iraní que viven en EE UU, Masih Alinejad, a la que el régimen quiere matar, decir que “o los opresores nos convierten en miserables o lo hacemos nosotros”. Es un buen leitmotiv para los movimientos que luchan por las libertades en todo el mundo.

-¿Cuál fue el papel de Twitter aquel 6 de enero?

-Todas las redes sociales fueron usadas como medio de propaganda contra las elecciones, se dedicaron a extender el mensaje de Trump de que había ganado. Más de 60 tribunales estatales y federales rechazaron todas sus demandas y no había duda. Pero Twitter, entre otras, le sirvió de plataforma para que los movimientos pro Trump se organizaran.

-¿Cómo mantener entonces la libertad de expresión si se intervienen las redes?

-Soy un gran defensor de esa libertad, pero nuestra primera enmienda nunca ha protegido el hecho de que ese discurso incite a la violencia contra las personas o el Gobierno. Es lo que llamamos el principio de Brandenburgo y que fue una resolución del Supremo. Mis colegas republicanos no dejan de lloriquear por el hecho de que Trump fuera expulsado de Twitter después del ataque. Pero lo importante es qué hacemos cuando el mensaje incita a la insurrección.

-Ahora que Biden parece que va a anunciar su candidatura para 2024, ¿no les preocupan sus lagunas y su aparente falta de forma?

-Bueno, los republicanos no dejan de hablar de ello medio en broma. De lo que nunca hablan es de los lapsus mentales de Trump, de su megalomanía, su narcisismo extremo, su peligrosa paranoia... He tratado de hablar con ellos de esto y de apelar a la 25 enmienda de la Constitución que permite temporalmente que un presidente sea apartado del cargo si no está capacitado para seguir pero no mostraron interés. Dicen que Biden es demasiado viejo cuando la verdad es que ha demostrado una gran lucidez más allá de que creciera con cierta tartamudez.

-El hecho de atribuir la muerte de su hijo a la guerra de Irak en lugar de a un tumor cerebral parece mucho más grave que una dificultad oratoria, ¿no?

-El problema es que estas cosas se convierten en un arma arrojadiza en la lucha partisana. Por eso creo que debemos encontrar una solución en nuestra Constitución para poner en marcha una comisión que esté siempre al quite para determinar si alguien es o no capaz. Todo el mundo puede tener un mal día.

-¿No existe banquillo en el lado demócrata?

-La verdad es que en mi partido todos están contentos con Biden. Ha logrado aprobar una masiva legislación de Infraestructuras y Sanidad y ha hecho grandes progresos en la batalla contra el cambio climático. Si le mides por los resultados, lo está haciendo genial. No creo que haya nadie que quiera competir contra él.

-¿Por qué es tan poco popular la vicepresidenta, Kamala Harris?

-Esa es una pregunta fascinante. No he estudiado el tema muy fondo y me gustaría leer un análisis bueno al respecto, aunque es verdad que la posición de vicepresidente es muy difícil. A Biden le costó mucho deshacerse de esa etiqueta de secundario. Y otros nunca ganan, como Al Gore.

-¿Cuál es la mayor amenaza para las democracias hoy?

-Todos los monstruos y fantasmas del siglo XX han vuelto para atraparnos. El imperialismo, el fascismo, el racismo, el genocidio... Pocos se libran de ellos en el mundo entero. Y el problema es que cuentan con unas posibilidades de comunicación que ni en sueños habrían imaginado hace 100 años. En medio de todo tenemos a Vladimir Putin. Por eso estamos poniendo tantas esperanzas en los ucranianos, están en el centro de todo este esfuerzo y dan la cara por los derechos humanos, por la democracia y la soberanía de los pueblos.

-Usted lideró el segundo proceso de destitución contra Trump, ¿cree que podría ganar en 2024?

-Biden le ganó por siete millones de votantes y Trump no deja de perder apoyos entre los republicanos y los independientes. Pero sigue siendo un maestro de la propaganda y está dispuesto a hacer lo que haga falta con tal de ganar; mentir, hacer trampas, robar... Ha reunido miles de millones de dólares de los tiranos del mundo, de Arabia Saudí a Turquía pasando por Rusia. Cualquier autocracia hará lo que sea con tal de que gane.

-¿Es De Santos una versión suavizada?

-En esencia, es lo mismo. Tiene el mensaje político calcado. Lo que ocurre es que Trump tomó su carrera como una manera de hacer dinero y rápidamente derivó en autoritarismo. En ese sentido, no sé si son iguales. Lo que está claro es que recortará impuestos para los ricos si tiene la ocasión, que es lo que siempre hacen los republicanos.