¿Quiere aún Georgia ser miembro de la UE?

Calle de la ciudad de Tiflis
Calle de la ciudad de Tiflis

En estos tiempos convulsos de Salvinis y Brexits, en los que los ciudadanos europeos se olvidan de las bondades de la Unión Europea y la critican por cualquier mal o asunto doméstico, caminar por las calles de la capital georgiana es un completo choque ante tal nivel de eurofobia reinante en territorio europeo. Banderas azules con estrellas ondeando, placas recordando los fondos prestados por la UE y una respuesta siempre positiva sobre las instituciones europeas es la tónica general en la ciudad de Tiflis. Y es que a casi 4.000 kilómetros de la capital comunitaria, los georgianos son de facto más pro europeos que en Bruselas. En estas latitudes, el sentimiento pro UE es ilustrativo. Según la última encuesta del National Democratic Institute (NDI), el 75% de los georgianos, a nivel nacional, aprobaría que el Gobierno cumpliera el objetivo de unirse a la UE. ¿Por qué? Sencillamente porque mejorará la situación económica de Georgia (según contestó el 63% de los que lo veían como algo positivo).

Georgia, ese país que formaba parte de la ruta de la Seda y que sin duda cumple con la manida descripción de puente entre Europa y Asia, ve en la Unión Europea su gran socio económico, sobre todo después de la ruptura de relaciones con Rusia por el conflicto bélico en Osetia del Sur, en 2008. Tras el contencioso, la ex República soviética firmó un Acuerdo de Asociación con la UE en 2014, un acuerdo que entró en vigor durante el verano de 2016. Pero desde las instituciones europeas en Georgia recuerdan que el sentimiento proEuropa está muy ligado al miedo y la animadversión a Rusia, que no se puede dar todo por sentado en Bruselas.

Pese a todos los vínculos y el pasado histórico común, muchos aquí describen a LA RAZÓN a sus vecinos como “invasores”. Es más, el mismo estudio del NDI refleja que las principales amenazas a la seguridad de Georgia se reducen en su mayoría a Rusia. El 33% cree que es el riesgo fundamental para los georgianos es directamente una agresión de Rusia; el 11% la ocupación de Abjasia y Osetia del Sur y el 7% la propaganda rusa. “Los abuelos y la gente mayor son más pro rusos, la gente joven no lo somos, ellos viven más en el pasado, en la época soviética”, explica Papuna, de 24 años y natural de Tiflis. En la capital georgiana el sentimiento proeuropa alcanza el 81%, algo que contrasta con algunas zonas remotas y cercanas a Rusia en las que la UE no cuenta con tantos defensores.

La liberación de las visas, que se materializó el año pasado, no ha tenido el resultado 100% esperado en la opinión pública georgiana. Algunos como Papuna quieren que el progreso se quede en casa, en Georgia, que surjan oportunidades para los jóvenes aquí. Le encanta la idea de estudiar fuera y mejorar su inglés en la UE, pero quiere echar raíces en su tierra. No sabe la nomenclatura exacta, pero sí que le sienta mal la “fuga de cerebros”. Otros como Shmagi, de 21 años, son directamente muy realistas. “Me encanta la UE, sobre todo España. Pero me da igual la visa porque no tengo dinero para viajar ni para nada”.