Política

Sao Paulo y Río ceden y rebajan el precio del transporte público

Un grupo de manifestantes intentó asaltar la sede del Ayuntamiento de Sao Paulo, donde se produjeron violentos choques con     la Policía
Un grupo de manifestantes intentó asaltar la sede del Ayuntamiento de Sao Paulo, donde se produjeron violentos choques con la Policía

Tras seis días de furia, el Gobierno brasileño ha decidido echar mano de la Fuerza Nacional (cuerpo de élite de la Policía) para proteger su bien más preciado: los estadios de fútbol de las ciudades de Río de Janeiro, Belo Horizonte, Salvador, Fortaleza y Brasilia. La presidenta del país, Dilma Rousseff, busca así garantizar la seguridad de la Copa Confederaciones, aunque los brasileños tienen otras preocupaciones.

Prueba de ello es que los jóvenes siguen en las calles manifestándose por el precio del transporte público, la corrupción o los costes del Mundial de Fútbol de 2014 y las Olimpiadas de 2016. Es la mayor ola de protestas que vive el país en los últimos veinte años y está apoyada por estrellas del fútbol brasileño como Dani Alves, Rivaldo o Neymar, que aseguró sentirse «triste» por lo que está sucediendo.

Ante el clamor popular Rousseff, que ha perdido ocho puntos de popularidad desde que comenzaron las protestas, viajó a Sao Paulo para reunirse con su padrino político, el ex presidente Lula da Silva. Ambos se encontraron con el alcalde de San Paulo para discutir una rebaja del billete del transporte público. Horas después, se anunció que Sao Paulo y Río de Janeiro, las dos mayores ciudades de Brasil, reducirán los billtes de autobús, aunque la medida podría ser insuficiente para calmar los ánimos

David Fleischer, profesor emérito de Ciencia Política en la Universidad de Brasilia, cree que cuando haya terminado el último partido de la Copa Confederaciones, la protesta se quedará en nada». Fleischer, añade que las manifestaciones «volverán en junio del año que viene con más fuerza, porque será la Copa del Mundo».

De poco sirvió que la Policía se atrincherara en los estadios. Unos 30.000 manifestantes lo consideraron un desafió e invadieron en acceso al estadio de Fortaleza, antes del partido entre Brasil y México de la Copa Confederaciones. Al cierre de esta edición, había al menos una decena de policías heridos. Los manifestantes cantaban el himno nacional y coreaban «¡Brasil, vamos a despertar, un profesor vale más que Neymar!». «Mientras usted ve televisión, yo cambio el país. Fútbol no, queremos educación», se podía leer en una pancarta, denunciando los 15.000 millones de dólares de dinero público que se invierten en el Mundial de Fútbol 2014. La Copa Confederaciones es sólo una advertencia de que las protestas podrían llegar a boicotear los futuros «megaeventos» que albergará el gigante sudamericano.