Shinzo Abe, el «halcón» paciente

Comenzó su carrera política a los 28 años y pronto despuntó por su habilidad negociadora y para esquivar la corrupción

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Comenzó su carrera política a los 28 años y pronto despuntó por su habilidad negociadora y para esquivar la corrupción.

La política estuvo presente en su vida desde pequeño. Hijo de Shintaro Abe, ex ministro de Exteriores, y nieto del autoritario ex primer ministro Nobusuke Kishi –que fue detenido como criminal de guerra aunque más tarde fue exculpado–, Shinzo Abe (Tokio, 1954) supo rápido que él seguiría el mismo camino que sus ancestros. Licenciado en Ciencias Política por la Universidad de Sikei de Tokio, trabajó durante poco más de tres años en la empresa siderúrgica Kobe Steel, con la mirada puesta siempre en la política. En 1982 comenzó su meteórica carrera como asesor de su padre antes de que ocupara la cartera de Exteriores y más tarde fue secretario personal del presidente del Consejo General del Partido Liberal Demócrata (PLD) hasta que en 1993 consiguió su primer escaño de diputado por la provincia de Yamaguchi. Sus dosis de ambición bien administradas con una buena oratoria y la calma necesaria para la negociación le llevaron a ocupar la secretaría general del PDL diez años después de su desembarco en el Parlamento. Su aterrizaje en Kantei, como se conoce a la residencia oficial del primer ministro nipón, tuvo lugar once años después.

En 2006, sucedió en la jefatura de Gobierno a Janichiro Koizumi y, de hecho, muchos vieron en Abe un digno sucesor con ciertos paralelismos. Pero Abe pronto se desmarcaría de su predecesor. Su primer mandato duró sólo un año, él mismo anunció su dimisión por la falta de confianza entre sus votantes, que dieron la espalda al partido en las elecciones al Senado. Esto, sumado a varios casos de corrupción por parte de algunos de sus ministros, así como la pérdida por parte de la Administración de los registros laborales de 50 millones de empleados, que de un día para otro se vieron sin los documentos para poder justificar el pago de sus pensiones, le obligaron a abandonar su cargo.

Pero su incombustible carácter y su capacidad de aguante (se le conoce como «Teflón Abe») le llevaron a la primera línea política de nuevo en 2012 y regresó al poder con una contundente mayoría parlamentaria. Fue entonces cuando comenzó su conocido como «Abenomics», un programa económico basado en un masivo estímulo estatal, monetario y una reforma estructural.

«Halcón» de la seguridad nacional y firme nacionalista, Abe está casado y sin hijos. Su esposa, Akie, protagonizó recientemente una incómoda situación con el presidente de EE UU, con quien Abe mantiene una estrecha relación. Akie evitó conversar con el mandatario argumentando que no habla inglés, pero más tarde se hicieron públicos varios vídeos donde muestra su fluidez en esta lengua. Al igual que con Trump, el primer ministro japonés también mantiene buena relación con Vladimir Putin, a diferencia de sus desavenencias con el presidente chino, Xi Jinping, con el que ha protagonizado varios choques por las continuas pugnas territoriales.

Tras un declive en sus tasas de aprobación, que le situaban en la campaña por debajo del 30% –especialmente por el escándalo de corrupción conocido como el «caso Kake»–, espera ahora poder recuperar el favor de los japoneses y afianzar la «dinastía Abe».