Temor a una represión sangrienta

Tras reaccionar con cautela a la asonada militar, Bruselas resalta el papel aliado de Turquía. Hollande cree que la persecución crecerá y Merkel pide respeto a la ley al juzgar a los rebeldes

La canciller alemana, Angela Merkel, durante su viaje a Mongolia para el encuentro Europa y Asia
La canciller alemana, Angela Merkel, durante su viaje a Mongolia para el encuentro Europa y Asia

Tras reaccionar con cautela a la asonada militar, Bruselas resalta el papel aliado de Turquía. Hollande cree que la persecución crecerá y Merkel pide respeto a la ley al juzgar a los rebeldes

Los Veintiocho reaccionaron ayer con cautela y temor al mismo tiempo ante el intento de golpe de Estado en Turquía. El presidente francés, François Hollande, cree que el fracaso de la asonada propiciará «sin duda» un periodo de represión en el país, mientras que la canciller alemana, Angela Merkel, pidió al presidente Erdogan que juzgue a los golpistas respetando las reglas de un «Estado de derecho».

Ankara se ha convertido en los últimos meses en un socio clave para Bruselas debido la crisis de refugiados, la más grave desde la Segunda Guerra Mundial. Por eso, los socios europeos firmaron en marzo un controvertido acuerdo con el régimen de Erdogan que convierte de facto a este territorio en un «Estado-tapón». El propósito estriba en contener los flujos irregulares de personas pero, también, en poner en marcha la repatriación estandarizada de demandantes de asilo, la mayoría sirios que huyen de la guerra, con un modus operandi que esquiva la legislación internacional y que ha provocado críticas por parte de las organizaciones humanitarias. Las contraprestaciones para Turquía son claras: dinero, la exención de visados y la agilización en el proceso de adhesión.

Los ministros de Asuntos Exteriores siguieron reunidos en Mongolia el devenir de los acontecimientos en el marco de la cumbre con los países asiáticos. La primera reacción conjunta de la UE llegó pasadas las dos de la madrugada del sábado, cuando todo apuntaba a que el golpe había ya fracasado. «Turquía es un aliado clave para la Unión Europea. La UE apoya plenamente al gobierno democráticamente elegido, las instituciones del país y la supremacía de la Ley. Hacemos un llamamiento a un rápido retorno al orden constitucional. Continuamos siguiendo de cerca los acontecimientos y la coordinación con los Veintiocho Estados», reza el comunicado conjunto.

Las relaciones entre Bruselas y Ankara no son fáciles. El país lleva sumido desde hace décadas en un proceloso proceso de adhesión al club comunitario. El último informe de la Comisión Europea sobre estas negociaciones no deja lugar a dudas al denunciar una involución en el respeto a los derechos humanos, el deterioro de libertades fundamentales como la de prensa y sospechas sobre la independencia judicial. La publicación de este informe fue retrasada de manera deliberada por parte de la Comisión Europea para no interferir en las elecciones de noviembre de 2015.

A pesar de este preocupante diagnóstico sobre la deriva autoritaria del régimen de Erdogan, la UE no ha tenido problemas en considerar a Turquía como un tercer país seguro al que pueden ser devueltos los demandantes de asilo interceptados en las islas griegas. El acuerdo ya ha dado sus frutos. La promesa de exención de visados, inicialmente prevista para poder estar operativa en este mes de julio, también se enfrenta a numerosos escollos. La UE exige a Erdogan cambios en la ley antiterrorista, algo a lo que el mandatario turco se opone ante la amenaza de romper el acuerdo.

«Los retos de Turquía no pueden solucionarse con las armas. Los golpes militares ya no tienen lugar en una Turquía moderna», aseguró el presidente del Consejo Donald Tusk desde Mongolia. Las reacciones seguirán produciéndose. Mañana se celebra una reunión de los ministros de Exteriores de los Veintiocho en Bruselas que contará con John Kerry, secretario de Estado de EE UU. Washington también ha mostrado su apoyo a Erdogan. Turquía tiene el segundo Ejército más poderoso de la OTAN.