Trump aplaza ante el G7 la lucha de EEUU contra el cambio climático

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump

Un G7 ambiguo. Por un lado ha servido para acercar determinadas posturas, sobre todo en materia de terrorismo, migraciones y economía global. Por el otro para confirmar las divergencias entre los siete países más industrializados del mundo –Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Alemania, Italia, Japón y Canadá– a la hora de afrontar determinados temas, como el de las migraciones. Pero sobre todo, el de la lucha contra el cambio climático, donde el único que se opone, de momento, es el presidente de los Estados Unidos. Al menos durante unos días. «Esperemos que todo esto acabe pronto y bien», aseguró ayer en rueda de prensa el anfitrión del G7, el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni.

Trump asegura, a través de su cuenta de la red social «Twitter», que la «semana que viene» tomará su «decisión final» acerca de los Acuerdos de París relativos a la lucha contra el cambio climático. Lo cual tiene una doble lectura. Por un lado, es que ya tiene pensado el «no» pero prefiere no hacerlo en su estreno en el G7. Por el otro, es que deberá preparar la Opinión Pública de su país en lo que sería uno de sus mayores cambios de rumbo programáticos del presidente americano, en cuanto gran «negacionista» climático.

Una de las grandes sorpresas, sin embargo, ha sido cómo el G7, en la Declaración final, más escueta de lo habitual –6 páginas frente a varias decenas–; «confirma el esfuerzo hacia la apertura de nuestros mercados y la lucha contra el proteccionismo», tumbando definitivamente la visión económica mundial de Donald Trump en su campaña presidencial del «America First». Lo cual pone en evidencia que un solo político no puede oponerse a la configuración de un mundo que los propios Estados Unidos han impulsado desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Cabeceras italianas como «La Repubblica» han destacado la «discreción» del primer ministro del país, Paolo Gentiloni –interino, hasta nuevas elecciones–; en un G7 con luces y sombras y que la prensa mundial ha resaltado por la creación de un nuevo eje Merkel-Macron para amortiguar el efecto Trump. Así pues, el G7, nació en su momento como G5 a mediados de los años ’70 para frenar la crisis del petróleo. Este formato «importante» para Gentiloni, podría quedarse obsoleto ante unas relaciones internacionales multipolares y caóticas, donde no están países como España o aquellos denominados «emergentes», sobre todo China e India.

En lo que se refiere a las migraciones, por otro lado, se afirma una voluntad común de llevar a cabo «esfuerzos coordinados a nivel nacional e internacional» en materia de protección tanto de los derechos de los refugiados, como de proteger las fronteras de los Estados receptores. Ideas propias de manuales de Derecho Internacional, pero que tendrán que ser ejecutadas en plena crisis migratoria, sobre todo en el Mediterráneo. Según los líderes del G7, «las herramientas esenciales para reducir las migraciones irregulares y el tráfico de personas» es establecer colaboraciones con «los países de origen» como la «mejor solución a largo plazo». Y añaden: «Gestionar los flujos de forma apropiada puede comportar beneficios políticos y económicos tanto a los países de origen como de destino, tanto a los migrantes como a los refugiados».