Turquía

Turquía deporta a una española por «tuitear»

La periodista española Beatriz Yubero, colaboradora de LA RAZON, es detenida durante 36 horas por la Policía turca y expulsada del país sin orden de deportación. Se trata de la primera ciudadana europea represaliada por las autoridades turcas tras el fallido golpe de Estado del pasado 15 de julio

Beatriz Yubero, ayer en la entrada de la redacción de LA RAZÓN. «Entraron en mi casa sin orden de registro y me negaron la presencia de un abogado». «Me preguntaron si tenía contacto con el clérigo Gülen o con sus seguidores», dice Yubero
Beatriz Yubero, ayer en la entrada de la redacción de LA RAZÓN. «Entraron en mi casa sin orden de registro y me negaron la presencia de un abogado». «Me preguntaron si tenía contacto con el clérigo Gülen o con sus seguidores», dice Yuberolarazon

Beatriz Yubero, colaboradora de LA RAZÓN, fue expulsada del país sin explicaciones. Pasó 36 horas retenida y amenazada con ser trasladada a la frontera siria

Las purgas realizadas en todos los estratos de la sociedad turca (militares, profesores, funcionarios, ciudadanos de a pie, periodistas...) tras el fallido golpe de Estado del pasado 15 de julio por parte del régimen que lidera el presidente Recep Tayyip Erdogan han tomado un nuevo cariz al conocerse que la «limpieza» también toca a ciudadanos extranjeros afincados en el país. Según el Gobierno turco, todos ellos mantendrían relación con el clérigo Fetullah Gülen, a quien acusan de ser el cerebro de la asonada.

La primera europea en ser represaliada es la española Beatriz Yubero, colaboradora de LA RAZÓN y encargada de la cobertura del golpe de Estado para este diario. La joven de 26 años, licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, fue deportada este fin de semana a España de manera irregular tras haber sido detenida por la Policía turca el viernes 5 de agosto y pasar casi 48 horas privada de cualquier comunicación y representación legal. «El jueves 4 de agosto, dos policías se presentaron en mi domicilio, yo no estaba allí en ese momento y mis compañeros, pese a que los agentes no llevaban ninguna orden judicial de registro, los dejaron pasar. Les dijeron que yo volvería por la noche, pero no se presentaron. Al día siguiente, sobre las nueve de la mañana, dos policías se presentaron en casa y me sacaron sin ninguna orden de detención», explica Yubero, que todavía desconoce los motivos reales del arresto. Durante las 36 horas que duró la pesadilla vivida por la periodista, fue trasladada a un pabellón deportivo que ocupa ahora la unidad de Terrorismo. Allí le solicitaron información sobre los motivos de su estancia en el país y si mantenía alguna relación con el clérigo Gülen o alguno de sus seguidores. Más tarde, fue conducida al departamento de inmigración, de nuevo al pabellón y también a las dependencias de Extranjería. A primera hora del sábado, cuatro agentes la metieron en un coche y la trasladaron al aeropuerto internacional de Estambul, donde la embarcaron, a las 19:30, hora local, en un vuelo de Turkish Airlines. «En ningún momento me facilitaron ningún documento. Ni orden de arresto ni deportación. De hecho, mi pasaporte no tiene el sello de salida del país. Así que ‘‘oficialmente’’ sigo en Turquía», afirma Yubero.

«Hablé con los agentes durante horas, ellos mismos me dijeron que estaba limpia, que no me consideraban terrorista. También les dije que podían mirar todo lo que quisieran, no ocultaba nada. Les pregunté por qué me habían detenido, me dijeron que había sido por una llamada telefónica, una denuncia. Supuse que algún vecino me habría denunciado. También me dijeron que con una probabilidad del 90% me dejarían quedarme en Turquía, que ellos no tenían problemas conmigo; tenían claro que no era terrorista», relata.

«Los agentes de inmigración me obligaron a firmar un documento en el que declaraba que salía del país por voluntad propia y era un peligro para Turquía. Dije que no iba a firmarlo, pues no era verdad. Me dijeron, delante del embajador español en funciones, que si no lo hacía me enviarían por 15 días a un campamento en la frontera siria (Killis) o Erzurum. Y desde allí sería deportada igualmente. Finalmente y a causa de la presión firmé, contra mi voluntad. Pedí copia de los documentos y también de mi declaración, que firmé en la unidad de Terror. No se me facilitó ningún documento».

Y es que, a pesar de lo vivido, ella desea volver a Turquía y por ese motivo hará todo lo posible para que las autoridades turcas le faciliten de nuevo el ingreso en el país. «Llevo allí dos años. Estoy haciendo el doctorado y tan sólo me quedan dos asignaturas, por lo que me encantaría poder volver», subraya. Beatriz está realizando una tesis sobre la propaganda del Estado Islámico en la Universidad de Ankara. De hecho, hasta el día 20 de julio contaba con una beca del programa Turkiye Burslari, dependiente del Ministerio para la Diáspora Turca, que a su vez depende de la Oficina del Primer Ministro. Ante su asombro por el repentino corte de la subvención para su doctorado, Beatriz, que habla turco a la perfección, se puso en contacto con el Ministerio, que le reclamó una serie de documentos. «Presenté todo lo que me pidieron, pero me dijeron rápidamente que mi beca había sido cancelada definitivamente. De hecho, me enviaron algunos emails en los que me decían que todo alumno sospechoso de estar vinculado a grupos ‘‘gülenistas’’ sería apartado de cualquier programa de becas», asevera, tras insistir en que ella nunca ha mantenido contacto alguno con activistas o seguidores del clérigo exiliado en EE UU.

En relación a su tesis sobre el Estado Islámico, durante los interrogatorios, uno de los agentes se interesó especialmente. «Me preguntó dónde había estudiado anteriormente, cuál era mi tesis anterior y me pidieron ayuda. Me dijeron: ¿Cuando salgas de aquí vas a ayudarnos?», confiesa.

El caso de esta ciudadana española ha sido seguido desde el primer momento por los responsables diplomáticos de España. «Se han realizado las gestiones consulares y políticas oportunas y se han enviado notas verbales para que nos expliquen lo que ha ocurrido», apuntaron fuentes diplomáticas a LA RAZÓN. «Desde el primer momento desde el Ministerio de Exteriores se ha seguido el asunto y se han mantenido conversaciones con la embajada de Turquía en Madrid para arreglar la situación», añaden.

En algunas redes sociales se apuntó ayer que Yubero habría escrito a través de Twitter comentarios en contra del presidente Erdogan, lo cual «es completamente falso y se puede comprobar leyendo mi perfil de esta red», apunta la periodista. Cuatro días después del arresto, los motivos del mismo siguen siendo desconocidos. Según fuentes diplomáticas turcas consultadas por este diario, Yubero «no ha sido deportada por ejercer el periodismo en Turquía».

Los periodistas, en la diana

Desde que la purga de Erdogan comenzara a extender sus tentáculos tras el fallido golpe de Estado, han sido muchas las profesiones que se han visto afectadas por destituciones, persecuciones y abusos. Los cálculos estiman que 18.700 personas han sido detenidas. Una de las profesiones más golpeadas ha sido la del periodismo, ya muy debilitada desde hace años en el país por las presiones ejercidas contra los informadores y por las políticas de intimidación hacia ellos. En el último mes, las autoridades turcas han cerrado un total de 131 medios de comunicación, eliminando así las voces contrarias al discurso gubernamental, y han emitido órdenes de captura contra al menos 89 periodistas. Unas acciones que están poniendo en punto muerto a la libertad de expresión. Según informó ayer un oficial turco a la agencia Ap, el país ha detenido, además, recientemente a diez extranjeros –de quienes no detalla su nacionalidad–, tras considerarlos sospechosos de tener vínculos con el clérigo Gülen, actualmente en Estados Unidos, y visto como el principal instigador del golpe. Cuatro de ellos han sido formalmente arrestados y están pendientes de juicio y uno de ellos (quizá Beatriz) ha sido liberado. Lejos de anunciar un cese de estas acciones, el vicepresidente Numan Kurtumulus advirtió de que esta cifra podría aumentar a medida que se avance en las negociaciones.