Un candidato fuera de control

Las provocaciones de Trump y los ataques a su propio partido encienden las alarmas de los republicanos. Sus dirigentes se plantean la posibilidad de que renuncie para elegir a un sustituto

Trump está generando frustración entre los  dirigentes de su partido. Ha sentado muy mal que el magnate se haya negado a apoyar al presidente de los republicanos  en la Cámara de Representantes, Paul Ryan
Trump está generando frustración entre los dirigentes de su partido. Ha sentado muy mal que el magnate se haya negado a apoyar al presidente de los republicanos en la Cámara de Representantes, Paul Ryan

Las provocaciones de Trump y los ataques a su propio partido encienden las alarmas de los republicanos. Sus dirigentes se plantean la posibilidad de que renuncie para elegir a un sustituto

No sólo es Donald Trump el que está rompiendo ciertas reglas no escritas en política. Una de ellas es que los mandatarios de terceros países no se meten en la política interna de otro Estado. François Hollande, el presidente de Francia, se saltó a la torera esta norma al afirmar ayer que algunos comentarios de Trump son «nauseabundos». Pero los ataques más acerados contra el candidato republicano vienen de su propio partido, impotente ante la deriva que está tomando la campaña de su nominado. Tanto es así que dirigentes de la formación conservadora están explorando la posibilidad de reemplazarle si éste renunciara a la candidatura presidencial, algo que no está previsto pero sí contemplado en la normativa del partido, según ha publicado la cadena AbcNews. Si algo así llegara a suceder, el Comité Nacional Republicano (RNC, en sus siglas en inglés), formado por 168 miembros, tendría que buscar otra figura para las elecciones del 8 de noviembre.

De momento, la estrategia de los suyos consiste en frenarle los pies. Reince Priebus, presidente del RNC, llamó al magnate para expresarle su frustración con el desarrollo de la campaña. Según la NBC , el ex alcalde de Nueva York Rudy Giuliani y el ex presidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, estarían tratando de convencer a Trump para que «reinicie» y modere su campaña. Sobre todo después de haber menospreciado a la familia de un soldado muerto en Irak. La admiración a los caídos en guerra constituye una regla sagrada para la sociedad estadounidense, y Trump la ha roto. También el respeto al sistema electoral, que ha puesto en duda al decir que el resultado de las elecciones puede estar amañado. En cuanto al juego limpio con el rival, otro presupuesto indiscutible en EE UU, tampoco ha sido ponderado por el candidato republicano al definir a Hillary Clinton como el «diablo».

Mientras Trump se ha cebado con la familia musulmana que perdió a un hijo en acto de servicio en Irak, ha trascendido que el político pudo mentir en el expediente médico que le exoneró de ser llamado para luchar en la guerra de Vietnam en 1968. Trump eludió el servicio militar cuatro veces alegando que se encontraba estudiando. A la quinta llamada respondió que padecía una calcificación ósea en el talón, en una época en la que practicaba el atletismo.

Según la CNN, un asesor muy cercano al candidato, Paul Manafort, se muestra incómodo con la estrategia de su jefe: «Estamos perdiendo el tiempo», ha asegurado sobre las diatribas en las que se ha metido su mentor en los últimos días. Mientras, los grandes prebostes del partido siguen dándole la espalda. Ayer, el ex presidente George W. Bush criticó –sin citarle por su nombre– las políticas de Trump sobre el aislacionismo y el proteccionismo que preconiza como vacunas para fortalecer la economía de EE UU. Una de las donantes republicanas más importantes, Meg Whitman, anunció que apoyará a la demócrata Hillary Clinton y calificó al aspirante a la Casa Blanca de «autoritario».

Jason Miller, portavoz de Trump, dijo que las cosas se ven de otra manera dentro de su equipo: «Nuestra campaña acaba de finalizar nuestro mes más fuerte en recaudación de fondos hasta la fecha», unos 80 millones de dólares en julio. Sin embargo, para muchos dirigentes, el magnate está fuera de control, sobre todo después de que pidiera a Rusia que espiara y publicara los «e-mails» perdidos de Clinton. Desde entonces casi no ha pasado día en el que no haya sacado los pies del tiesto. En una entrevista a «The Washington Post», sorprendió ayer al afirmar que no apoyará al jefe de los republicanos en la Cámara de Representantes, Paul Ryan, en las primarias del partido, un gesto insólito para un candidato presidencial. Tampoco apoyará al senador John McCain. Para Barack Obama también tuvo ayer unas palabras; le definió como «francamente incompetente» y culpable de que países como Irán «humillen» a EE UU. En su última salida de tono, Trump mandó a una madre sacar de la sala a su bebé, que no paraba de llorar durante uno de sus discursos.

- Conspiraciones.

Trump instó a investigar una foto del asesino de Kennedy con alguien que se parecía al padre de su rival Ted Cruz.

- «Espíen a Hillary».

El candidato republicano urgió a Rusia a encontrar los emails eliminados por Hillary Clinton, la candidata demócrata.

- Ofensa a la familia de un soldado.

El millonario criticó a los padres de un militar musulmán caído en Irak en 2004 por salvar a sus compañeros.

- «Clinton, el diablo».

Describió a la candidata demócrata como «el diablo» e insinuó que las elecciones de noviembre están amañadas.

- Insulto a la mujer.

Indicó que si alguien acosara a su hija en el trabajo, ella solucionaría el problema buscándose otra ocupación.

- Usar las bombas atómicas.

Trump llegó a preguntar hasta tres veces a un asesor militar: «Si las tenemos, ¿por qué no las usamos?».