Un refugiado cada quince segundos

Con más de dos millones de refugiados sirios, según confirmó ayer el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), sólo se puede hablar de catástrofe humanitaria. Esta escalofriante cifra seguirá en aumento a medida que se aleja la posibilidad de una solución política al conflicto y, a corto plazo, se acerca la de una eventual intervención militar de EE UU y Francia.

A los países vecinos de Siria han llegado 1,8 millones de refugiados en el transcurso de los últimos 12 meses, subraya ACNUR. A fines de agosto, la población refugiada en Egipto ascendía a 110.000; a 168.000 en Irak, 515.000 en Jordania, 716.000 en Líbano y 460.000 en Turquía. El 52 por ciento de estos refugiados son jóvenes de 17 años o menos.

«Siria se ha vuelto la gran tragedia de este siglo, una calamidad humanitaria indigna con sufrimientos y desplazamientos de población sin equivalente en la Historia reciente», lamentó ayer el Alto Comisionado para Refugiados, Antonio Guterres.

De todos los países vecinos, Líbano es el que más está sufriendo las consecuencias sociales y económicas de los refugiados sirios. En la última semana miles de personas procedentes de Damasco han cruzado al país de los Cedros, huyendo del posible ataque occidental.

«Las personas llegan con muy pocas cosas materiales, pero con mucho miedo. Temen por sí mismos, por sus familias que se quedan atrás, tienen miedo de no poder volver a sus tierras, reencontrarse con sus animales... Creen que un ataque internacional podría empeorar aún más esta situación», explicó Paolo Lubrano, director de País de Acción contra el Hambre. Según fuentes gubernamentales, el número de sirios que se han refugiado en Líbano supera los 720.000.

«En estos momentos, se podría decir que uno de cada cuatro habitantes en Líbano es sirio», alerta a LA RAZÓN, Naila Muawa, ex ministra de Asuntos Sociales, de las Fuerzas del 14 de Marzo.

«La falta de un protocolo para los refugiados sirios, debido a la negativa de las autoridades libanesas de habilitar campos de refugiados en el país, ha descontrolado la situación», critica la ex ministra.

El Gobierno de Beirut es incapaz de absorber a más refugiados sirios en su territorio, por lo que ha tomado medidas preventivas para hacer descender el flujo de sirios. Estas nuevas políticas «están poniendo en riesgo a los sirios», denuncia Bessam, de la organización AVAAZ.

Las autoridades libanesas están cobrando una cuota de 200 dólares anuales a los nuevos sirios que están entrando en el país. Además, denuncia la activista que «muchos sirios han sido rechazados en el paso de Masnaa por el papeleo inadecuado o por tener los documentos dañados», denuncia la activista. «Estas políticas están obligando a los sirios a entrar en Líbano de forma ilegal, por lo que no pueden recibir la ayuda oficial», insiste Bessam.

Líbano es un país multiconfesional, donde cerca del 50 por ciento son cristianos y el resto se divide entre musulmanes suníes y chiíes. Debido a que la mayoría de los refugiados sirios son suníes, se están creando fricciones entre comunidades libanesas y sus invitados sirios. Esto ocurre, especialmente, entre los cristianos maronitas, que ven a los refugiados sirios como una amenaza para la seguridad nacional y la estabilidad.

«Al principio les dimos la bienvenida. Los sirios son nuestros vecinos, pero ahora sólo están creando problemas. Nos quitan el trabajo. Es muy difícil encontrar una casa para alquilar; los alquileres han subido mucho por culpa de los sirios», se queja Mariam, una cristiana de Ashrafiyeh.

La discriminación hacia los sirios se ha convertido en un fenómeno y en algunos municipios se ha puesto en marcha el toque de queda a los refugiados.