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Cuba: “Del subsidio soviético al subsidio del petróleo venezolano”

Yoani Sánchez reconoce que “el castrismo es experto en comprar tiempo y están comprando tiempo en Venezuela”. Según detalla la bloguera cubana, el oficialismo está muy preocupado por lo que acontece en Caracas

  • Yoani Sánchez, periodista y filóloga cubana
    Yoani Sánchez, periodista y filóloga cubana /

    Javier Fdez. - Largo

Tiempo de lectura más de 10 min.

10 de julio de 2019. 17:59h

Comentada
Esther S. Sieteiglesias Madrid. 9/7/2019

Aún recuerda su primera entrada en 2007 de su premiadísimo blog «Generación Y»: «Un texto naif» en el que hablaba sobre un campeonato nacional de béisbol. «Habían aparecido, por primera vez en Cuba, carteles en fachadas o balcones apoyando a un equipo u otro. Fue un pequeño atisbo de libertad. Estamos en un sistema donde la palabra escrita o hablada siempre ha sido muy complicada para el régimen». Yoani Sánchez reflexionó entonces sobre si en lugar de deportes, se mostraran letreros sobre cuestiones políticas o sociales. Hoy Sánchez está al frente del prestigioso y necesario digital 14ymedio.com. Eso sí, la bloguera cubana reconoce que «el periodismo no es una profesión para hacer amigos». Sobre periodismo y libertades, Yoani Sánchez se explaya con LA RAZÓN en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense.

-Durante su conferencia ayer en el Congreso Anual de la Asociación Internacional de Estudios en Comunicación Social (IAMCR) ha mencionado el doloroso informe de Michelle Bachelet sobre Derechos Humanos en Venezuela. ¿Cómo se ha informado de ello en Cuba? ¿Y cómo ha sentado en el oficialismo?

-La reacción oficial ha sido bastante virulenta. Han pasado de tener a Bachelet en el altar de los camaradas ideológicos a bajarla al abismo de los enemigos. Se le ha acusado de tener amnesia, de hacer un informe a pedido de EE UU, prácticamente ha faltado que le acusen de ser agente de la CIA. El informe no se ha publicado en los medios oficiales, lo cual es contradictorio: se critica y se habla mucho de un documento que no se muestra. Afortunadamente, gracias a las redes alternativas, ha circulado bastante entre el activismo. La sensación es por un lado de espanto, de dolor, pero por otro familiaridad, porque nosotros lo sabíamos, porque lo hemos vivido.

-¿Está el castrismo preocupado por las conversaciones entre la oposición y Maduro, ante la hipotética posibilidad de que den fruto y que haya un cambio en Venezuela?

-El castrismo está muy preocupado, ya se están notando algunas señales preocupantes porque Venezuela ha sido un soporte económico para Cuba en las últimas dos décadas. En Cuba hay un subsidio petrolero que ha apuntalado la precaria economía de la isla, porque lamentablemente Cuba es un país que produce muy poco, es una economía disfuncional. Hemos pasado del subsidio soviético a encontrar a este otro mecenas que fue Hugo Chávez. Yo en realidad no estoy tan preocupada, aunque, al igual que todos los cubanos, temo que puedan venir más cortes eléctricos, que pueda haber menos alimentos, ya se está notando la carestía, que haya menos medicamentos, también se nota el desabastecimiento de las farmacias... Pero creo que puede forzar al oficialismo cubano a hacer verdaderas reformas y apertura. No se trata de una fórmula directa, donde menos recursos es igual a más libertad, pero puede ponerlos contra las cuerdas de sí mismos: es decir, o abrimos, o no sobrevivimos.

-¿Ha notado cambios desde la muerte de Fidel Castro y desde el relevo de poder de Raúl Castro a Díaz-Canel?

-Ha habido cambios de estilo, pero los pilares del sistema, apenas se han movido. Es cierto que Fidel Castro gobernaba más desde el personalismo, desde prácticamente una especie de arrebato coreográfico en la tribuna, y su hermano rehuía más las cámaras, tenía quizá una proyección pública de trabajar de forma más colegiada. Pero la esencia del sistema, incluso con Miguel Díaz-Canel sigue siendo la misma: partido único –que no permite la existencia de otros partidos–; ausencia de autocrítica, una incapacidad de hacer una revisión crítica de su propia historia –ya que como son los mismos no pueden culpar a los que vinieron detrás de los errores–; la libertad de expresión y asociación siguen estando muy controladas para evitar que aparezcan nuevas fuerzas políticas, nuevos referentes, nuevos diarios independientes legales... Por otro lado, también se ha mantenido toda esta proyección internacional con una estrategia basada en que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, que nos hace estar en la foto de familia de regímenes impresentables como el de Corea del Norte. En eso apenas ha cambiado. Amén del maquillaje, que ahora podemos entrar en hoteles o tener una línea de teléfono móvil o que tres papas hayan visitado Cuba, la esencia del sistema sigue siendo profundamente autoritaria.

-¿Qué debería hacer la comunidad internacional?

-Lo primero que debería hacer es separar a Cuba de los cubanos oficialistas. Me gustó mucho un discurso que dio el entonces arzobispo de Santiago de Cuba, Pedro Meurice, cuando el papa Juan Pablo II fue a Cuba en enero de 1998. Parafraseándole, le dijo al Papa algo así como: “le presento a un pueblo que ha confundido la patria con un partido, la nación con un hombre”. Esa confusión está a nivel internacional. ¿Cómo vamos a actuar con Cuba? Con Cuba de una manera y con el oficialismo de otra. ¿Al oficialismo? Presión, denuncia... Hay que llevarlo contra las cuerdas para que haga aperturas, basta de lavados de cara. ¿Con la ciudadanía? Solidaridad, ayuda, micrófonos, altavoces, apoyos. Estamos hablando del secuestrador y los rehenes. No se puede actuar igual. Si la comunidad internacional interioriza bien ese dilema, esa dicotomía, ya empezamos avanzando algo.

-Procesos como el de negociación en Venezuela, con países como Noruega involucrados, ¿cómo los valora?

-Tengo un amplio escepticismo con estos procesos. Espero que en este caso mi escepticismo sea solo eso, escepticismo y se den resultados que favorezcan a los venezolanos. Pero soy pesimista porque percibo en todo esto la larga mano de la Plaza de la Revolución dilatando los plazos del cambio. Para generar cansancio, hastío, comprar tiempo. El castrismo es experto en comprar tiempo y están comprando tiempo en Venezuela.

-¿Qué noticia le gustaría dar?

-El «día D»: el día de la llegada de la democracia y la libertad a Cuba. He pensado mucho en eso. Al principio pensé que me iba a tocar una crónica de gente en la calle con banderas cubanas. Ya sé que no será así. Será un proceso más desteñido, menos heroico y épico, pero quizá más efectivo que una subida de adrenalina.

-Esta semana nosotros sí hemos celebrado con banderas, el orgullo LGTBI en Madrid, ¿por qué hay ese rechazo a este colectivo en Cuba?

-Basta revisar la historia de los últimos 60 años para darse cuenta de que el castrismo es profundamente homofóbico. La comunidad LGTBI no encajó en ese molde del hombre nuevo que se suponía que era un soldado, con las botas puestas todo el día, dispuesto a la batalla, muy masculinizado, también testosterónico... Toda la política y la diplomacia cubana es de pelo en pecho. Es un sistema muy macho en lo negativo. En los últimos años lograron un lavado de cara a partir de la presencia de Mariela Castro al frente de una entidad como el Cenesex, un centro de educación sexual nacional. Lo cierto es que el 11 de mayo todo se destiñó cuando una marcha de la comunidad LGTBI fue organizada de manera espontánea. La Policía política intervino y arrestó violentamente a algunos de ellos. Ese idilio ha durado poco y ha dejado a la vista del mundo que el sistema sigue siendo un sistema homofóbico en tanto que no quiere aceptar la diversidad de ningún tipo. Es contra la comunidad LGTBI, contra los activistas de derechos humanos, los activistas de derechos ambientales... Contra todo fenómeno que quiera tener su propia voz. Han intentado colocarle a voces como Mariela Castro al frente de una comunidad que puede hablar por sí misma, y cuando lo hace, la reprime.

-¿Es difícil hacer periodismo en Cuba? ¿Es más complicado acceder a las fuentes o después difundir el mensaje?

-Es difícil hacer periodismo incluso cuando se hace en el camino oficial. Tengo muchos amigos que trabajan en medios nacionales oficiales y tienen que apelar a la autocensura para poder mantener el puesto. Si eres independiente, entonces no solo tienes el peligro de los arrestos arbitrarios, la confiscación de material, sino también que intimiden a las fuentes. Por eso, muchos testimonios se dan bajo anonimato, o tiene que buscar una serie de mecanismos para encontrarse con el periodista, contarle la historia... Para el periodista es muy estresante porque siempre tiene la culpa, la responsabilidad si después le pasa algo a su fuente. Es un camino muy complicado también para las personas que testimonian.

-De todas formas y gracias a la era digital, usted y su medio habían disfrutado de cierta autonomía al publicar en internet, sin esa censura de imprenta que reina en Cuba. Con el conjunto de leyes “sobre la informatización de la sociedad en Cuba” que se aprobó la semana pasada, ¿teme por 14ymedio.com?

-Tengo mucho temor por mí, por mis colegas y también por los lectores. Hubo un momento en que estuvimos en la alegalidad, que no había una legislación clara en Cuba sobre los medios digitales, lo que estaba en internet, la información que era virtual. Ahora ya existe, y hemos pasado de la alegalidad, a la ilegalidad. ¿Cómo se va a aplicar esta ley? Nadie lo sabe. Si está sobre papel pero no se va a llevar del todo a la realidad.. Es una gran incógnita. Pero sí que es una ley, que cuando la leo, pienso que es una ley contra nosotros, contra 14ymedio, contra el trabajo del periodismo independiente y los reporteros no gubernamentales.

-Es que he leído que hasta los antivirus tienen que ser cubanos...

-Sí, es en el caso, fundamentalmente para empresas estatales y pequeños negocios. En el caso de la opinión, uno de los puntos más complicados, álgidos y que se presta a cualquier interpretación es cuando se penaliza o se ve como un delito difundir noticias o información, que atente contra el bien social, amoral... Eso puede aplicarse a que un periodista publique un artículo cuestionando la labor de un funcionario y ser penalizado.

-Su labor periodística digital le ha generado muchos enemigos que también le acusan de ser espía de EE UU, o en el espectro político más alejado, de blanquear el castrismo, ¿le afecta este ejército de odiadores? ¿Es el precio de la fama? ¿Es una buena señal?

-Cuando los extremos te critican eso significa que eres un moderado o al menos no un exaltado. Llevo ya 12 años en esto, esto ha sido como una universidad, con varios másters y un posgrado de aprender a ser ecuánime a los insultos. No ante las críticas, las críticas ayudan a mejorar. Pero el insulto, la palabra soez, denigrar por denigrar, el ataque personal, con ese sí no transijo, pero trato que no me hiera en lo personal. Es difícil, no estamos hablando solo del insulto, de la palabra que gritan o escriben contra ti. Estamos hablando de todo lo que eso desencadena. Primero, es un acto de matonismo político, porque cuando se hace desde un estado del poder es un abuso del poder contra un individuo que no tiene derecho a réplica y que está quedando señalado ante una sociedad donde puede haber alguien que se sienta con la impunidad de golpearte, matarte, dañar a tu familia porque a fin de cuentas, si el poder dice eso de ti, entonces eres aniquilable. Es muy peligroso. Por otro lado, porque también eso te pone en un contrapunteo de quién eres realmente. A veces tengo que empezar muy desde el ABC, mi origen, mi historia, porque todo está tan lleno de distorsiones y mentiras. Pero trato de que eso no me impida hacer mi trabajo. Porque por otro lado sé, que el periodismo no es una profesión para hacer amigos. Pocas veces se deja contento a todas las partes. Hay profesiones que te generan ciertas malformaciones, las mecanógrafas, los tenistas... Una de las deformaciones profesionales o de los efectos dañinos del periodismo es que terminas no cayéndole bien a mucha gente.

-En su medio he leído también noticias sobre la suciedad del agua, el número de cubanos que se han ido a México, usted que tiene más tomado el pulso a la calle, ¿cuáles son los principales retos para el cubano medio?

-14ymedio trata de reflejar todo ese caleidoscopio de la vida, que no solamente es la política o los cuestionamientos al sistema, sino que tiene muchos pequeños detalles: es un país donde también se ama, se ríe, se baila, se juega al dominó, lo que pasa es que muchas veces, la publicidad oficial sobredimensiona estos aspectos y por eso nosotros vamos a arrojar luz sobre la otra parte también. Si tú haces esa pregunta, a cubanos en la calle, muy probablemente lo primero que señalarán es la cuestión económica. Los salarios muy bajos. Los cubanos nos pasamos el día en cola para comprar comida, en cola para transportarnos. Esa realidad no mejora, es así desde yo era niña, desde que mi madre era adolescente, y desde que mi hijo nació (que ya tiene 24 años). Hay una desesperanza con el tema de la prosperidad o cierta holgura material que no acaba de llegar. La dualidad monetaria que afecta a muchísima gente, una esquizofrenia financiera, entre el tipo de dinero con el que pagan los salarios y el que se usa para la vida. También, una de las obsesiones nacionales es la migración. Somos un país donde no hay muchas esperanzas de crecimiento profesional y personal. La mayoría de jóvenes que yo conozco están pensando en partir, arriesgándose a un montón de peligros por el camino. Después te seguirán contestando con otras cuestiones, pero al final, tú destilas todas esas demandas populares como el mal suministro del agua o la transportación que no funciona, y todo el destilado termina en falta de las libertades. Porque es la falta de libertades la que lleva a que no pueda haber un emprendimiento privado para el transporte, a que los cubanos no podamos intervenir en nuestra propia economía, a que los emigrados no puedan utilizar sus derechos nacionales en toda la integridad de la palabra derecho, a que no podamos elegir un presidente... El oficialismo a veces alardea de que los cubanos emigran por problemas económicos y no políticos, pero es que en Cuba, todas las decisiones económicas han partido de un monopolio político, por tanto política es.

-Es que a veces los periodistas nos preocupamos de los derechos civiles y nos olvidamos de otros temas, pero en este caso están completamente relacionados...

-Claro, es que sí me preguntas a mí, creo que la clave es despenalizar la discrepancia y despenalizar la libertad de expresión. Cuando tú despenalizas eso, todas las otras demandas brotan. Y pueden expresarse y debatirse y encontrarse soluciones públicas ya sea sobre el transporte de pasajeros o la calidad de las pizzas en La Habana. Pero ahora, sin libertad de expresión, son fenómenos enquistados.

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