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La desolada senda del Hobbit

Llega la segunda parte del mítico libro de Tolkien, que Peter Jackson ha dividido en una trilogía, con el subtítulo de «La desolación de Smaug»

Los que se sintieron decepcionados por la primera película que Peter Jackson hizo a partir de «El Hobbit», quizá en esta segunda no tengan razones tan potentes como en aquella. Al menos, los seguidores más fervientes de Tolkien en EE UU, donde se estrenó a principios de este mes, así han comenzado a expresarse sobre la película. En esta segunda parte de la trilogía proyectada para adaptar cinematográficamente la novela fantástica (tras «El Hobbit: un viaje inesperado»), los enanos, tras cruzar las Montañas Nubladas y lograr escapar del malvado Azog, emprenden un viaje hacia Erebor, liderado por Bilbo Bolsón (Martin Freeman) y Thorin (Richard Armitage), con el objetivo de vencer al dragón Smaug y recuperar su hogar y el tesoro que custodia. «Es una historia lineal en la que la evolución de la trama se produce por los contratiempos con los que se van encontrando los enanos. En ese sentido, es una especie de "road movie". La búsqueda constituye una vez más la columna vertebral. La transformación más importante en mi personaje es su cambio de actitud con Bilbo», asegura Richard Armitage, que encarna a Thorin.

Una historia muy política

Pero antes de llegar a la montaña donde el dragón tiene el tesoro, los enanos deberán enfrentarse a numerosos enemigos, como orcos y elfos, entre otras de las muchas criaturas salidas de la imaginación de Tolkien y la mitología. Mientras, el mago Gandalf (Ian McKellen) descubrirá con terror que el enemigo de los pueblos libres de la Tierra Media ha regresado. Como en toda la literatura de Tolkien, el relato fantástico sirve muchas veces como una metáfora de la sociedad que al escritor le tocó vivir y no esquivó las analogías con la política de su tiempo. «No estoy de acuerdo cuando la gente afirma que Tolkien escribía fantasía o alegoría; creó su propia leyenda, su propia mitología. Los temas tenían que ver con el hecho de que el autor fue llamado a filas durante la I Guerra Mundial. Él se hizo una pregunta que Bilbo también se hace en esta entrega: "¿Qué puedo hacer yo?". Nobleza, honor, la vida después de la muerte... Son sus temas», añade el actor.

Armitage estuvo acompañado en su visita a Madrid por Luke Evans, que encarna a Bardo el Arquero. Aunque se trate de una superproducción, en principio, con una vocación comercial, los dos actores ingleses defienden la trilogía: «El impacto global es enorme; no creo que haya otra película que consiga alcanzar un público tan amplio. Además, me encanta el hecho de que proceda de un personaje literario», dice Armitage, mientras que para Evans, que ya había trabajado en otra superproducción, los motivos no son muy diferentes: «Cuando las películas son vistas por tanta gente tu perfil sube, es inevitable. Para mí, desde que comencé a trabajar como actor, fue un proceso muy lento. "Fast and Furious 6"significó mucho en ese sentido y seguro que "El Hobbit"también lo hará», añade.