«Industrialización de la vida», por José Antonio Marina

En principio, la clonación humana no resuelve ningún problema sin crear problemas mayores. Siempre que hablo de ética, a mis alumnos y a mis compañeros, lo que les insisto es que de la ética tenemos siempre que hablar dramáticamente; no es un lujo que se nos haya ocurrido. Tenemos conflictos muy serios y estamos siempre en precario. La única forma que tenemos de intentar respetarnos no es, como se hace ahora, diciendo «es que la dignidad humana nos permite unas cosas y nos prohíbe otras». No, el hombre no tiene ningún tipo de dignidad de nada. El hombre es una especie de animal listo que está intentando crear un nuevo tipo de vida en el mundo, que es: vamos a constituirnos en unos seres dotados de dignidad.

Somos muy bestias, somos muy crueles, somos también muy altruistas, somos inteligentes, pero, en el plano de la naturaleza, no hay derechos, ni hay dignidad, o todos tienen la misma. ¿Por qué va a tener más dignidad la secuoya que el ciervo y el ciervo que el león? El león se come al ciervo, porque en la naturaleza no hay más que la ley del más fuerte. Nosotros estamos intentando hacer una forma de vida muy nueva, muy precaria, que se expresa así: vamos a ver si nos separamos de la selva e inventamos un modo distinto de relacionarnos entre nosotros.

¿Hay algo en la naturaleza que prohíba la clonación? No, la Naturaleza nos deja todo lo que se te ocurra, como cargarte dos millones de personas en Camboya... El problema de la clonación es que no veo por ahora cómo mantener la clonación de seres humanos sin, de alguna manera, industrializar el ser humano, y eso me parece terrible. Pero no sería partidario de prohibir las clonaciones, sería partidario de que pensáramos una ley muy meditada de la infancia y de la familia, porque es ahí donde se tienen que resolver los problemas.

El problema es decir que ningún niño pueda nacer fuera del recinto donde se va a desarrollar, que es el recinto de una familia. Que, una vez hecho eso, que la reproducción sea articial o no artificial, eso es secundario. Lo importante es dónde vamos a recibir al niño. La historia de los seres humanos con el niño ha sido totalmente despiadada. Que en 1815, en un país muy desarrollado como Inglaterra, raptar a un niño fuera delito si el niño estaba vestido, porque era robo de ropa, significa que no tenemos sensibilidad de la infancia. No me hablen de clonación: háblenme de los derechos del niño, de cómo un niño debe ser recibido cuando viene a este mundo, y ahí está la tarea legislativa grande.Se debería responder a una pregunta: ¿Y usted por qué tiene hijos? Porque si se tienen para satisfacer las frustraciones de cada cual, mejor no los tenga.