Clara Lago: “La fama tiene una cara muy amable. Te permite involucrarte en causas bonitas”

La actriz española es la protagonista de nuestro suplemento de octubre.

Es una de las actrices más populares de nuestro país, por méritos propios. Clara Lago Grau (Madrid, 1990), de 30 años, lleva más de dos décadas dedicada a la interpretación. A los 10 debutó en el cine con ‘Terca vida’ y, dos años después, protagonizó ‘El viaje de Carol’, cinta que le valió la nominación a un Goya como mejor actriz revelación. Clara también participó, junto con Mario Casas y María Valverde, en la taquillera ‘Tengo ganas de ti’, además de en una larga lista de series de televisión de éxito, como ‘Compañeros’, ‘Hospital central’ y ‘Los hombres de Paco’. Sin duda, su papel de Amaia en ‘Ocho apellidos vascos’ y en su secuela, ‘Ocho apellidos catalanes’, la catapultó definitivamente a la fama. Una popularidad que siempre ha intentado relativizar y llevar con discreción fuera de las cámaras. Tras el confinamiento, la madrileña ha retomado sus compromisos profesionales: ha grabado la segunda temporada de la serie ‘El vecino’ (Netflix) y estrena filme el próximo 23 de octubre. En ‘Crónica de una tormenta’, como así se llama la cinta, Lago interpreta a una periodista que compite por un puesto en un importante diario. Sencilla, divertida y espontánea, la actriz me cuenta con gran entusiasmo sus interesantes e inminentes proyectos. La escucho atenta.

Clara, estrenas nuevo filme y tienes varios proyectos a la vista. ¿Cómo está siendo la vuelta al trabajo?

La verdad es que muy bien. Con ‘El vecino’, hemos sido de los primeros en volver a los rodajes, contra todo pronóstico, y hemos podido grabar toda la temporada. También tengo un proyecto en Argentina y a finales de octubre estreno ‘Crónica de una tormenta’, así que no me puedo quejar, ja, ja, ja.

El Festival de Málaga dio el pistoletazo de salida a una nueva etapa en el mundo del cine. ¿Cómo lo viviste?

Ha sido una edición rara, porque el Festival de Málaga suele contar con el calor del público y hay mucho bullicio, gente y alegría, y este año apenas te cruzabas con alguien. Aun así, me parece muy valiente y necesario que se siga apostando por el cine y la cultura. Hay que ir haciéndose a esta situación, porque ha llegado para quedarse y hay que intentar convivir con ella de la mejor manera.

En ‘Crónica de una tormenta’ das vida a Maca, una periodista con principios que se enfrenta a otro compañero menos honesto para conseguir un trabajo. ¿Qué tienes tú de Maca?

Mmm... me gustaría pensar que tengo esa parte idealista de confiar en que se pueden cambiar las cosas. Ella está en un mundo en el que, si tienes cierto poder, este te corrompe. Maca se niega a creer que las cosas tienen que ser así, a mí esa parte me gusta, y quiero pensar que yo también tengo esa filosofía.

La cinta plantea la rivalidad en el mundo de la comunicación. Una situación que puede extrapolarse a otros ámbitos, como la interpretación.

Yo creo que depende de cómo lo vive cada uno. Si no entras en el juego, como en mi caso, no participas. Una cosa es que tengas claros tus objetivos y con esfuerzo, constancia y determinación, luches por conseguirlos, pero la competitividad y la rivalidad siempre restan y más en el mundo de la interpretación, que suele ser un trabajo de equipo.

La directora es argentina y Ernesto Alterio, tu compañero de reparto, también. Anteriormente habías trabajado con Campanella y Sbaraglia. ¿Qué te seduce de los argentinos?

Ja, ja, ja. Me encanta Argentina, le tengo mucho cariño y siento a los argentinos como primos hermanos. Madrid y Buenos Aires son como ciudades hermanas. Hay algo del país que me seduce bastante, y el acento argentino es mi favorito del mundo.

Un acento que pronuncias de forma impecable. ¿Es fácil imitarlo con precisión?

Todos hemos bromeado con este acento, pero eso es solo el estereotipo o el cliché. Cuando te pones a interpretar a un personaje, con eso no basta. Es bastante más complicado. En mi caso, tuve la suerte de poder trabajar con una coach que me iba controlando para evitar que me quedara enfrascada con el acento argentino y descuidara la interpretación.

He escuchado que en breve tienes un nuevo proyecto en ese país. ¿Qué me puedes adelantar de él?

Es una serie para Disney en Argentina, adonde viajaré en breve, pero no puedo decir nada más.

También has grabado la segunda temporada de la serie ‘El vecino’ (Netflix), tu primer rodaje posconfinamiento.

Sí. A nivel humano, el cuarteto principal, formado por Quim Gutiérrez, Adrián Pino, Catalina Sopelana y yo, hemos hecho una gran piña y solo por eso rodaría 20 temporadas de ‘El vecino’, ja, ja, ja. A nivel profesional, he vuelto a hacer comedia y, en este caso, desde un lugar mucho más libre y disfrutón a lo que estaba acostumbrada. Hasta ahora yo había sido muy insegura, sobre todo en la comedia, un género que siempre me ha dado mucho respeto y, a veces, sufría.

Nadie diría que sufrías interpretando comedia. En ‘Ocho apellidos vascos’, lo bordaste.

¡Muchas gracias! Fíjate, al final, cómo somos. He sido tremendamente insegura, sobre todo en la comedia. El rodaje fue maravilloso, pero teniendo de compañeros a Dani Rovira, Carmen Machi y Karra Elejalde, yo me sentía una pulga, minúscula.

La cinta se convirtió en todo un fenómeno. ¿Cómo se digiere o se sobrelleva la fama a ese nivel?

Fue superloco, pero muy bonito a la vez. Esto no había pasado nunca. En su momento lo viví desde fuera, como si no me estuviera sucediendo a mí y, con el tiempo, cuando miro atrás, pienso que fue un honor haber formado parte de ese momento. Fue un fenómeno social, la gente adoró la película e incluso muchos se reconciliaron con el cine por eso y fueron a verla para evadirse y pasar un buen rato.

La popularidad es un arma de doble filo. ¿Ha habido algún momento en el que te haya hecho replantearte tu profesión?

No, la verdad es que no. Siempre ha sido algo que, en la balanza, no ha tenido tanto peso. He convivido con cierto grado de popularidad desde muy pequeña y es algo a lo que relativamente estoy acostumbrada. En mi caso, ha sido algo paulatino. Adoro mi profesión y la fama tiene una cara muy amable, que es tener un altavoz que te permite involucrarte en causas bonitas.

En “Ocho apellidos vascos” coincidiste con Dani Rovira, quien se ha convertido en un compañero de vida. Aunque no te guste poner etiquetas, defínemelo con 3 adjetivos.

Buf... ¡qué difícil! Bondad, generosidad, talento sublime y diversión, Mira, te he dado uno más, 4, ja, ja, ja.

¿Cómo has vivido su recuperación?

Ha ido el notición del 2020, que venía siendo un año fastidiado. Puedes añadir a la lista de adjetivos que Dani es un espartano y está hecho de otra pasta.

Con él creaste hace unos años la fundación Ochotumbao para apoyar proyectos solidarios, de medio ambiente y en defensa de los animales. ¿Cuál es el mayor logro conseguido hasta ahora?

Puedo destacar desde campañas tan grandes como la que hicimos con ‘Save the Children’ hasta la obra de teatro que hacemos cada año, ‘Improviciados’, o los mensajes que nos llegan de gente que ha adoptado un perrito. Casos concretos de personas a quienes les llega todo lo que hacemos en la fundación, y esas pequeñas cosas me parecen muy gratificantes.

Con él también compartes escenarios en la obra “Improviciados”. ¿Qué lugar ocupa el teatro en tu trayectoria profesional?

Ha sido lo que menos he hecho. Esta es mi tercera obra. La primera fue a los 23, ‘Shopping and fucking’, y luego vino ‘La Venus de las pieles’, en Madrid, que fue una experiencia alucinante. En mi recorrido profesional, el teatro no ha tenido mucho peso, aunque el personaje que más he disfrutado de mi carrera ha sido el de ‘La Venus de las pieles’. Como formato, el cine es más dinámico y lo siento como mi medio. Me siento como pez en el agua, quizás porque he crecido con él, y también con la televisión. Creo que para hacer teatro soy un poco más exigente, me tiene que fascinar el proyecto, tiene que ser un enamoramiento absoluto.

Llevas más de dos décadas delante de la cámara. ¿Qué ha sido lo mejor y lo peor de ellas?

Siempre me quedo con las experiencias humanas y emocionales de toda la gente a la que voy conociendo en los rodajes, una especie de campamento-burbuja en el que conviertes a tus compañeros en familia y eso es superbonito. ¿Lo peor? Me considero una absoluta privilegiada, nunca he sentido la sensación de no tener nada que hacer. Las temporadas que no he trabajado las he aprovechado para hacer cosas que me gustan. Además de mi trabajo, me encanta vivir, divertirme, ver a mi gente, hacer spinning, dedicar más tiempo a la fundación... Me siento muy privilegiada por dedicarme a esto y encima poder elegir los proyectos. Hablar de algo negativo sería para darme dos bofetadas.

Te nominaron a un Goya por ‘El viaje de Carol’. ¿Qué queda de aquella niña entusiasta de 12 años que empezaba a hacerse un hueco en la gran pantalla?

Sigo con esa misma ilusión, aunque desde hace poco he conseguido vivirlo con menos ansiedad. He aprendido a relativizar, algo que he conseguido a base de trabajo. Me ilusiona mucho cada vez que empiezo un proyecto. Ah! Y la noche que me nominaron a un Goya conocí a Penélope Cruz, mi mayor ídolo en el mundo. Ella era mi religión. Me la volví a encontrar en la última edición de los Goya y me lancé a su cuello como una fan loca, ja, ja, ja. Ella es maravillosa. Siempre que me ve me saluda y me tiemblan hasta las pestañas.

También te has atrevido con el doblaje. Has puesto voz a Cleopatra en el videojuego ‘Assassin’s Creed: Origins’ y anteriormente lo hiciste en ‘Hotel Transilvania’. ¿Te apetecería centrarte en esta faceta?

El doblaje es algo complementario, no me planteo centrarme en esto. Acabo de locutar mi primera serie en formato podcast, llamada ‘Silencio en Bhopal’. Son 6 capítulos que narran la desgracia que ocurrió en esa ciudad India en 1984 y cuyos ingresos serán para mi fundación, Ochotumbao. Ha sido una experiencia bastante sorprendente e interesante y me he encontrado muy cómoda, incluso más que doblando un personaje.

Volviendo a la sobreexposición mediática, en Instagram te siguen casi 900.000 personas. ¿Cómo llevas las críticas?

Honestamente, prefiero no leerlas. No somos de piedra y, si empiezas a leer a gente que te insulta, es muy difícil que no te afecte nada. Ante esto, hubo un momento en el que decidí que era mejor no leer demasiado. En las redes sociales todo es muy exponencial. La gente se quiere muchísimo y se odia a partes iguales y creo que, al final, no es tanto ni de una cosa ni de la otra. La sobredosis de piropos se agradece, pero también puede inflarte el ego y, por el contrario, que me lapiden por cualquier cosa, no resulta agradable.

Cómo te imaginas de aquí a 10 años, tanto en lo profesional como en lo personal.

No lo sé. Ahora mismo estoy en un momento vital de hacer no planificar. Tiendo a organizar todo y a vivir más en el futuro o en el pasado, algo que le pasa a mucha gente, y al final, te pierdes el momento presente. Mi nueva filosofía del 2020 es aquí y ahora, disfrutar del momento presente. Aunque parezca sencillo, creo que es una de las cosas más difíciles que hay.

Créditos:

Fotografía: Juanjo Molina

Estilismo: Ana Capel

Maquillaje y peluquería: Paula Soroa

Asistente: Óscar García Junco