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¿La moda es de izquierdas o de derechas?

¿La moda es de izquierdas o de derechas?
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El hábito no hace al voto y, si hace un par de décadas nos hubiera bastado con observar el atuendo de un político o el modelito de una política para determinar su ideología, ahora la moda también parece haber llamado –eso sí, con cierto desatino en algunos casos– a sus puertas. Y, como era de esperar, en nuestra visita al hemiciclo hemos descubierto que vestir como dictan las leyes del buen gusto no obtiene, ni por asomo, la mayoría entre los miembros del Congreso de los Diputados.

Ellos, a priori, lo tienen más fácil, por aquello de que un traje de chaqueta tiene poco de fantasía. Sin embargo, a muchos de nuestros políticos parece habérseles olvidado que hay más colores que el gris y que un traje no tiene por qué ser aburrido, estar anticuado y, perdonen sus señorías, presentan aspecto gastado ¡Qué les costará cambiar de chaqueta! No hablamos de ser chaqueteros, que es bien diferente, y darse un paseo, por darles algunas ideas de «shopping», por Las Rozas Village de Madrid, donde la moda de firmas de lujo tiene descuentos más que interesantes durante todo el año o... por Zara o por El Corte Inglés. En fin, que hay trajes preciosos por poco más de 100 euros.

También a incluir en la orden del día de los representantes del Parlamento encontramos el siguiente asunto: ¿Podemos o debemos llevar corbata? A este respecto comprobamos que no existe imperativo modal; sin embargo, querer es poder y aunque la moda es libre, donde esté un diputado con la camisa bien planchada, los zapatos limpios y una corbata «ad hoc», que se quite el que se presenta en la Carrera de San Jerónimo como si viniera del aserradero, o sea, con la camisa de cuadros, una cazadora de cuero y sus zapatillas de deporte... ¡que también los hay! El gusto por los zapatos de corte clásico es unánime entre los diputados y son los mocasines de toda la vida, los acordonados o con borlas y punta redondeada, los que priman en el hemiciclo.

Congreso «fashion»

En la pasarela de las políticas, la conclusión a la que llegamos es que, salvo casos aislados que claman a gritos los servicios de un estilista o de una buena amiga que les diga la verdad, ellas se esfuerzan cada mañana en dar su mejor imagen. Pero lo curioso del caso es que si no las conoces, es decir, si no sabes en qué partido trabajan, puedes llevarte un auténtica sorpresa. Vamos que ahora ya no es lo de antes. El par de pendientes de perlas, el perfecto «brushing» de melena con mechas rubias y el sastre de chaqueta de tejido adamascado desde primera hora de la mañana ya no es cosa de la derecha como tampoco lo es de la izquierda, el «total look» negro acompañado de zapatos de punta cuadrada con ese característico corte de pelo rompedor, es decir, de puntas disparadas y tintado al rojo vivo versión «progre». Ahora adivinar cuál es la vertiente política de las diputadas resulta cuando menos un divertido ejercicio para pasar el rato en los descansos de la Cámara Baja. Por lo general, todas ellas optan por ropa y complementos de aire moderno, unas más atrevidas que otras y siempre con un denominador común: la practicidad.

En cuanto a colorido, el rojo y los pasteles priman sobre los tonos apagados que, quizás, veamos más adelante, cuando lleguen los rigores del invierno. En cuanto al calzado, se oyen tacones lejanos por los impolutos pasillos de mármol del edificio pero las bailarinas y los zapatos «Oxford», es decir, acordonados y de puntera troquelada parecen ganar terreno a la insoportable dictadura del tacón de aguja. El blanco, dicho sea de paso, le sienta bien a todo el mundo y si acabas de llegar de vacaciones y aún conservas el bronceado, infinitamente mejor, pero a algunos políticos habría que comentarles que esa sensación de transparencia y pulcritud se demuestra después de muchos lavados, o sea, que al colegio todos llegamos con el uniforme limpio pero lo difícil es llegar a casa como un pincel. Y no lo decimos con acritud sino como un aviso a navegantes.