Ana Rodríguez: El truco del ajo matutino

Socióloga y empresaria. Recuerda estar entre fogones desde pequeña y disfruta con las cocinas india y marroquí

Socióloga y empresaria. Recuerda estar entre fogones desde pequeña y disfruta con las cocinas india y marroquí.

Su Selfierreceta: Ensalada de judías

Ingredientes:

-Un bote grande de judías blancas

-Un pimiento verde

-Un pimiento rojo

-12 huevos de codorniz

-Aceite de oliva extra

-Sal

Elaboración:

En una ensaladera grande se ponen las judías bien lavadas y se añade el resto de ingredientes, el pimiento verde y el rojo bien picados en cuadraditos pequeños, los huevos de codorniz cocidos y troceados. Se adereza con un generoso chorro de aceite de oliva extra y sal al gusto y, como otra opción, también se pueden poner trocitos de cebolla bien picada y vinagre.

Según las estadísticas, después del verano aumentan las separaciones, así que el libro de Ana Rodríguez «El club de las perfectas divorciadas» es de obligada lectura en esta época, aunque sea sin querer. Ella se divorció del político socialista José Bono, y no precisamente por culpa de los guisos, porque Ana es buena cocinera y, además, disfruta y le gusta.

«Mi abuela paterna tuvo doce hijos y se pasaba toda la mañana cocinando. Y, como era normal en aquella época, a las niñas nos enseñaba, pues ‘‘una mujer tenía que saber de todo lo relacionado a la intendencia doméstica”, y eso incluía saber cocinar». De ahí le viene su gusto por compartir viandas y sobremesas: «Disfruto con la comida y soy un poco exigente a la hora de valorar un plato, también de una mesa bien puesta, creo que es importante todo lo que rodea a la comida, la vajilla, el mantel... Pruebo de todo, pero si tengo que elegir, además de la española, me quedo con la gastronomía de la India y de Marruecos. Tienen platos muy elaborados y con una gran cantidad de especias». Una mezcla que se explica bien con los gustos de Ana: cocido, cuscús, los sabores agridulces y ensaladas. «Procuro comprar en el mercado la fruta, la verdura... en general, los alimentos frescos, todo lo demás en una gran superficie. En mi despensa nunca faltan latas de atún, anchoas, aceite, un buen vino y muchas especias,y si abres mi frigorífico se puede encontrar desde fruta, verdura y leche de soja y de arroz a alguna botella de vino», cuenta. Ana nació en Guatemala y todavía guarda en la memoria los sabores de su infancia, aquel mundo infinito de colores: «Muchos picantes, los chuchitos, los tamales hechos con harina de maíz y envueltos en hoja de palma, las frutas tropicales». Éstas y otras recetas son las que intercambia con amigas y, cómo no, con sus hijas: «Les paso muchas y me llaman cuando quieren preparar algún plato. Y cuando vienen a casa a comer y les pregunto qué quieren que les prepare, la respuesta es siempre “almejas a la marinera”, especialmente mi hijo y mi yerno».

También es partidaria de la comida de fusión «porque conlleva mucha creatividad a la hora de elaborarla, pero sólo de vez en cuando», explica. Aunque eso de los hidrógenos y las espumas científicas le «aburre».

De su cocina, sus amigos adoran el marmitako, el lomo agridulce y el arroz con leche, con esto sí que les conquista por el estómago. Le gusta cuidarse con «poca sal, pan integral y pocas grasas, y algunos alimentos que compro son macrobióticos. Además de tomar complementos alimenticios como Omega 3,6 y 9 , equinácea, espirulina, enzimas...». La nota excéntrica viene por las mañanas con un ajo. Otra de sus costumbres es viajar y empaparse de cada país a través de su gastronomía. «En Bennin, estando con el padre Ángel, nunca sabíamos qué estábamos comiendo, pero volvimos todos bien. También recuerdo que estando en África comíamos lo que se mataba en el día, y allí probé la carne de antílope y la de cocodrilo, entre otras. Creo que eso forma parte de la cultura y me gusta conocerlo todo lo que pueda del lugar que visito».

Mi restaurante favorito

«El Tao de Nueva York. La cocina es impresionante y el restaurante resulta precioso y bastante diferente».